#you too

En aras de la libertad de expresión, la progresía ha consagrado la calumnia, sacrificando la verdad y olvidando el derecho a la presunción de inocencia

Ricardo Gómez de Olarte

Ante todo quiero dejar muy claro que cualquier situación de abuso de poder para la obtención de cualquier clase de favores, sean éstos de cualquier índole me producen un asco infinito. Especialmente, las que conducen al chantaje sexual. Si solo fuera denigrante, sería mucho.

Sentado lo anterior, se me ocurren una serie de cuestiones que, hasta donde sé, apenas han sido ventiladas.

Salvo con la excepción del actor Kevin Spacey, ¿alguien ha leído o tenido noticia pública de abusos de acoso sexual en el ámbito homosexual? Me consta, así me lo refirieron hace ya bastantes años una supuesta víctima y un verdugo confeso (por diferentes hechos), que en el ambiente teatral y cinematográfico español, este tipo de conductas se han venido prodigando con frecuencia e impunidad. ¿Por qué nadie las denuncia o las ha denunciado? De hecho, en los Estados Unidos de América solo es conocido el señalamiento por ese motivo hacia Kevin Spacey. ¿No es cool, moderno o progre denunciar a los acosadores gays?

Sigamos con mis dudas. ¿Qué sucede con aquellos periodistas o denunciantes que levantan falsos testimonios sobre personas, sean éstas consagrados en su ámbito?

Ya hace un tiempo que se demostró que Chloe Melas, periodista de la CNN, fabricó todo un bulo para acusar al actor Morgan Freeman de acoso sexual. Lo suscribió An Phung, subdirectora de la CNN para la que trabajaba Chloe Melas. Las únicas presuntas fuentes identificadas eran la propia Melas, que se incluía como “víctima”, y la productora de la WGNTV, Tyra Martin, quien se apresuró a aclarar que sus declaraciones habían sido distorsionadas. La compañía VISA canceló de inmediato el contrato con Morgan Freeman, contrato que no se ha retomado a pesar de haberse demostrado que las pruebas se fabricaron tan solo por capricho de Chloe Melas y sin un ápice de verdad.

¿Qué se ha hecho de Chloe Melas? Sigue trabajando en la CNN. ¿An Phung? Sigue siendo subdirectora de medios de la CNN. ¿Tyra Martin? Sigue siendo productora de televisión en la cadena WGN. Pero ¿y Morgan Freeman? Sigue intentando limpiar su nombre a pesar de haber quedado probado que todo fue un montaje contra él.

Pongamos otro caso: Woody Allen. Su ex, Mia Farrow no obtuvo todo lo que quiso del divorcio de Allen. La sentencia de divorcio es de hace más de 27 años. Durante el divorcio y en esos sucesivos 27 años, Farrow jamás se pronunció acerca de un posible acoso sexual de Allen sobre nadie. Sólo cuando estalla la bomba de Harvey Weisntein y algún otro como él, solo entonces, es cuando Mia Farrow se acuerda de que en el pasado, hace más de 27 años, parece que Woody Allen abusó sexualmente de Dylan, una de las hijas en común. Sin embargo, el informe de los psiquiatras y psicólogos descartan rotundamente que hubiese habido abuso sexual e incluso tachan a Dylan de fantasiosa. No aparece ni un testigo ni una persona –de cualquier género- que sostenga abusos contra ella o contra Dylan. Allen es absuelto con todos los pronunciamientos de la acusación de abusos sexuales. Pero el movimiento #Me too lo ha conseguido apartar de la industria cinematográfica de USA.

Lili Reinhart y Cole Sprouse, actores de la famosa serie Riverdale, fueron acusados de abuso sexual desde una cuenta falsa de Tweeter. Su caché como actores se ha visto reducido, sus contratos publicitarios se han cancelado y Tweeter no ha tomado acción ninguna para paliar el daño. Ni tan siquiera para averiguar quién estaba detrás de la cuenta falsa.

La modelo Carrie Stevens denunció a Oliver Stone de haberle tocado un pecho hace 20 años. ¿Por qué lo denuncia ahora y no hace 20 años?

En el año 2000, John Travolta fue acusado por un masajista de 21 años de haber recibido proposiciones sexuales por parte del actor. El masajista se negó y lo denunció. La policía investigó y archivó el caso porque “ninguno de los actos o declaraciones podían corroborarse”.

Recientemente, la revista “Radar Online” publicó el hecho, pero no el archivo de la investigación. Ahora bien, suponiendo que hubiera habido proposición sexual de John Travolta hacia el masajista y éste se negó sin mayor trascendencia, ¿dónde está el problema? ¿Quién castiga a la revista “Radar online” por hacerse eco de algo que nunca constituyó delito? Partiendo de esa base ¿a ver quién se atreve a decir nada a nadie para ligar?

La legislación española es floja al respecto. Es muy difícil conseguir algún tipo de satisfacción proporcional al daño causado. Como mucho, alguna multa sustancialmente inferior al volumen de ventas conseguido por el medio de comunicación. Éste, sabedor de ello, se somete gustoso al procedimiento legal, sabedor de que quien acabará pagando es la compañía de seguros y que aunque ésta le incremente la prima, siempre ganará más dinero con el share o los ejemplares vendidos.

Pero, ¿qué sucede con las supuestas víctimas de la denuncia en falso? En la práctica nada. A pesar de la existencia del artículo 456 del Código Penal que trata sobre la “acusación y denuncia falsa” en la práctica no sirve para nada: entre otros requisitos, se necesita que el denunciado en falso pruebe que el denunciante lo ha hecho a sabiendas de que perjudicaba. Lo mejor es que si, finalmente se consigue una condena por acusación y denuncia falsa, la pena no supera los dos años de prisión. Raramente se cumpla pena de prisión con una condena de dos años.

Por el contrario, la condena por un delito de abuso sexual varía entre 1 y 5 años. La reputación de cualquier persona que se ve investigada por un presunto delito de abuso sexual queda destrozada de por vida, aunque resulte inocente. La reputación de una persona que es investigada –incluso condenada- por un delito de acusación y denuncia falsa, siempre queda incólume.

¿Por qué no se crea una corriente que castigue a los calumniadores? Podríamos llamarla #You too. A ver si cunde el ejemplo y las productoras de cine, las empresas, las marcas, etc, boicotean con el mismo frenesí a quienes se demuestre que han mentido o faltado a la verdad. Por cierto, ¿por qué los de “maldita.es” o Newtral de la periodista Ana Pastor no persiguen también esa clase de bulos? ¿Miedo a las feministas? ¿Pánico a no ser moderniqui?

Es extraña la época en la que estamos viviendo. En nombre de la sacrosanta libertad de expresión, se premia y se prima al mentiroso sobre el inocente. En nombre de lo progre y del buen rollito, se castiga a la persona recta en favor del mainstream, aunque esa corriente mayoritaria sea una auténtica aberración.

“En aras de la libertad de expresión, la progresía ha consagrado la calumnia, sacrificando la verdad y olvidando el derecho a la presunción de inocencia”
RGdO

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