Yihadismo y extrema derecha: dos movimientos cortados por un mismo patrón

Aunque se autoperciben como movimientos antagónicos, la ultraderecha violenta y el salafismo yihadista responden al mismo patrón de radicalización y mantienen una relación de amor-odio necesaria para su supervivencia.

Yihadismo y extrema derecha: dos movimientos cortados por un mismo patrón
Aunque con sus particularidades, ambos procesos de radicalización pueden explicarse a través de los mismos patrones y modelos | Imagen propia

En los últimos años las formaciones de extrema derecha han subido como la espuma hasta abrazar con sus tentáculos, de diverso nombre y color, casi todos los países que conforman la Unión Europa. España no ha sido la excepción. Las fuertes crisis económicas y la derivada precarización de los empleos, la falta de oportunidades, el resentimiento con una clase política que parece haber desconectado del descontento mundano y la oleada de refugiados llegada desde el polvorín en el que se han convertido Oriente Medio y el Sahel han puesto en jaque a las democracias europeas. Aunque con sus particularidades, las profundas crisis políticas, económicas y sociales, presionan el cuello al viejo continente, que asfixiado, a duras penas logra ponerse en pie. Y por si todo ello fuese poco, en el último año la pandemia y el aislamiento social no han hecho más que agravar estos factores. 

Algunos ciudadanos han encontrado el balón de oxígeno en partidos, de izquierdas o derechas, eso da igual, que utilizando la herramienta del populismo, ofrecen respuestas sencillas a problemas complejos. Los partidos de extrema derecha han comenzado a despuntar y, en nuestro país, han pasado de ser un movimiento residual, tratado con recato por los que lo profesaban, a convertirse en la tercera fuerza política en el Congreso y sus votantes en honorables demócratas. La exaltación del nacionalismo más casposo, el señalamiento de los medios de comunicación, desacreditados, presentados como adversarios mientras se pide respeto por la libertad de expresión, y las proclamas xenófobas, racistas e antiinmigración han llegado para quedarse. El peligro de los partidos extremistas es que, con el beneplácito de la ciudadanía, la democracia se puede convertir en un sistema represivo y excluyente. 

Pero nos guste más o menos, y de eso van los sistemas democráticos, uno puede ser de extrema izquierda, de extrema derecha o un hooligan de los que se comportan como un gorila en un estadio de fútbol. La libertad y los derechos abarcan que uno pueda pensar y creer lo que quiera o sienta. Por lo tanto, por mucho que nos moleste, uno puede ser un radical de pensamiento, o lo que es lo mismo, puede haber sufrido una radicalización cognitiva. Tener un pensamiento radical no es un delito, no es punible y es, además, legítimo. Lo que uno no puede hacer es cruzar la línea roja hacia la radicalización violenta. Y aunque esta última pudiese parecer una consecución inmediata de la primera, la realidad es que no siempre sigue ese patrón. De hecho, tan solo una minoría de los radicales de pensamiento alcanzarán estos últimos estadios de violencia y, sólo un porcentaje ínfimo, llegará a cometer un atentado terrorista. 

La retroalimentación del odio

Sin embargo, algunas formas de “activismo” de la ultraderecha, con discursos xenófobos y carteles que recuerdan a la Europa del 39, cargados de bilis contra colectivos vulnerables a los que se señala y se criminaliza, pueden tener un impacto en otros grupos radicales y generar en ellos una respuesta. Aunque se presentan como movimientos antagónicos, lo cierto es que entre la ultraderecha y la extrema izquierda, y la ultraderecha y los movimientos salafistas yihadistas, existe un sistema de retroalimentación. Es decir, se comportan como una especie de seres simbióticos que se benefician y refuerzan del auge del otro. 

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La extrema derecha violenta y el salafismo yihadista comparten, en realidad, un mismo patrón de comportamiento. Mientras que los primeros se autoperciben como un ser a punto de extinguirse frente a la invasión de los extranjeros que pone en riesgo a un “pueblo” (excluyente, a lo Carl Schmitt) idílico y ficticio formado por ciudadanos homogéneos, los segundos recogen el guante y declaran la guerra a aquellos territorios en los que no impere el Islam. En definitiva, estas masas “monolíticas” que se han rebelado contra el avance y la modernidad, arremeten contra la sociedad multicultural que ya conforma el mundo y buscan refugio en el orden medieval.

Dos radicalismos, un único patrón

Las características comunes, marcadas por el aislamiento, el cierre cognitivo y la intransigencia, permite explicar ambos procesos de radicalización a través de los mismos patrones y modelos. La mayoría de estos modelos colocan en la base de este proceso al descontento individual y al sentimiento de victimización derivado de múltiples factores socioeconómicos y políticos. La unión de este individuo vulnerable, atrapado en una profunda crisis personal y receptivo a nuevos discursos, a un grupo radical le proporcionará un sentimiento de pertenencia. A través de la denominada “pendiente resbaladiza” este individuo intentará mantenerse en el grupo, de donde obtiene la satisfacción de sentirse parte de “algo”, ascendiendo un peldaño más hacia la violencia para pasar de simple simpatizante a activista radical. Este paso supone adquirir progresivamente un mayor compromiso con el grupo y un mayor sacrificio. Poco a poco, su individualidad quedará diluida en la del grupo. La cohesión grupal y la fusión identitaria le harán adquirir un grado de compromiso cada vez mayor hasta llegar, tras un factor desencadenante, hasta el último estadio de la violencia, que afortunadamente alcanza solo una pequeña minoría, y que no es otro que la perpetración de un atentado terrorista.

Además de los mismos patrones de radicalización y de la apología que ambos hacen del uso de la violencia, tanto los grupos de extrema derecha violenta como el salafismo yihadista, a pesar de renegar del mundo moderno, se han adaptado a las nuevas tecnologías. Ambos las han utilizado para captar y adoctrinar a jóvenes en todo el mundo y ganar adeptos a su causa. También se ha observado que, a través de la red, los unos se han inspirado en los otros. Se podría interpretar que estos grupos han llegado a sentir admiración por el otro en la intimidad. Por poner un ejemplo, un grupo supremacista de Reino Unido llegó a autodenominarse como “White Yihad”, la yihad blanca. Los protagonistas de esta historia de amor envenenado se siguen muy de cerca. Es más, en ocasiones puntuales el profundo odio que comparten los ha llevado a unirse para cometer ataques antisemitas. 

No obstante, ambos grupos también presentan notables diferencias, como es obvio, en lo que respecta a la reivindicación de la autoría de los atentados o las características de sus miembros. Aunque no exista un perfil concreto de individuo radical, lo cierto es que sus simpatizantes suelen enmarcarse en contextos socioeconómicos diferentes.

Ante el odio, más democracia

La herida del terrorismo representa el mayor fracaso social. La hemorragia que causa produce una sacudida para la paz y la seguridad internacional que amenaza la libertad y los derechos humanos. Cada ataque vulnera los principios fundamentales de la democracia, construida sobre la diversidad y el respeto al estado de derecho. Y aunque esta amenaza es profundamente desestabilizadora para cualquier sistema y deja al descubierto la vulnerabilidad, también, de las sociedades democráticas, lo cierto es que el mejor antídoto para combatirlo no es otro que la propia democracia, la educación, la tolerancia, la igualdad y el respeto. 

5 Comentarios

  1. Solo falta Largo Caballero y su discurso de 1936..

    En los colegios de España se debería enseñar de como la izquierda nos llevó a una guerra civil y la perdió, junto con comunistas

  2. Indalecio Prieto y largo Caballero los Fascistas de izquierda.

    La transformación total del país no se puede hacer hechando simplemente papeletas en las urnas, estamos hartos de ensayos de democracia que se implante en el país la nuestra..

    El gran largo Caballero.. 😂

  3. El 99% de lo que enseñan en las universidades y colegios es según con el cristal que se mire ,entiendo que se tenga que comer y se pase por el aro de la perversión del relato único.
    ¿Alerta ultraizquierdista global?

  4. ¿Esto es Fascismo de ultraizquierda?
    Interior ocultó las detenciones de los escoltas de Podemos mientras aireaba las amenazas

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