Y Podemos se convirtió en Pudimos

Luis Artigue escritor

Amé a Monedero, amé a Tania, amé a Errejón, amé a Descansa, amé hasta a Xavi Doménech, pero desamor, como todos los románticos demócratas bien sabemos, es una palabra que etimológicamente significa “estás fuera del partido”.

Y es que me declaro en contra de la pena de muerte pero no del amor eterno revisable… ¡Mirad la magia de mi coleta!

Pero bueno, el caso es que ahora, sí, justo ahora que todos ellos saben que no podrían pagar el recibo de la luz de mis ojos, eso, ahora que todos mis exs están tan lejos de mí como esos judíos de las películas de Woody Allen que, al no asignar una cantidad económica periódica como donativo a la sinagoga, al ir al culto ya no pueden sentarse en los primeros bancos (tienen que sentarse en los bancos de atrás, allá, alejados de Dios), ya en el partido nadie me hace sombra: me he quedado yo aquí arriba solo con mi tronca y mi retranca… ¡Mirad la magia de mi coleta!

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Sin embargo justo ahora va y me espeta Errejón a mí (a mí que le acabo de decir a la prensa con la voz en grito y el puño en alto como si fuera un falo que “los hombres feministas follamos mejor”), que le quiere dar una vuelta a la cosa del psicoanálisis y, por eso, va a matar al padre para liarse con la abuela… ¡Toma ya!

¿Pero es que no ha aprendido el peligro político que tiene no estar de acuerdo conmigo? ¿No he dejado bien patente que no estar políticamente de acuerdo conmigo, en lo referente a lo de salir en la foto o el cartel electoral, es más peligroso que un ciego con pistolas? ¿Qué futuro orgánico tiene alejado de mí? ¿Se cree que Carmena le puede dar la misma marcha y el mismo arroz a la zamorana que le he venido dando yo, o todo es un paso previo para acabar cayendo en brazos de ese otro izquierdista tan soso que no tiene ni coleta, sí, ése que con mi inestimable ayuda hoy preside el corazón hasta de los parlamentarios de Bildu? ¿Hacemos una porra con el año de ingreso de Íñigo en el PSOE? ¡Mirad la magia de mi coleta…

Sí, como entonces cuando el enfrentamiento entre felipistas y guerristas pero menos ochentero, y por tanto más sexy, una vez más y como siempre la izquierda, que es experta en desuniones, convierte lo que era un partido en un culebrón romántico de sobremesa…

Y, mientras, sin que nadie se dé cuenta a cabalidad, tiene lugar la invasión de los bárbaros.

-¿Te refieres a la llegada masiva e invasiva de los inmigrantes?
-No: a la llegada de Vox.
-Ah, eso…Vah… Oye, sólo una pregunta más: si la cosa al final se dirime a hostias, algo que viendo el curso de los acontecimientos no me parece nada descabellado: ¿tú ves a alguien en la izquierda, aparte de Cristina Almeida, capaz de plantarle cara a Smith, a Abascal y al juez con cara de bollo preñao?

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