[Video] Así quedó el ‹narcopiso› okupado en Montcada i Reixac

El edificio de la calle Sant Ignasi de Montcada i Reixac (Barcelona), protagonista de un tiroteo hace una semana, llegó a acoger hasta cuatro pisos dedicados exclusivamente al cultivo de marihuana.

Extractores industriales y lámparas de calor en el techo; docenas de interruptores diferenciales que, como si de cuadros se tratasen, colgaban de las paredes y cientos de maceteros —ahora vacíos— son la única decoración que viste hasta cuatro de los pisos okupados de la mancomunidad de la calle Sant Ignasi de Montcada i Reixac, escenario protagonista del tiroteo que el martes de la semana pasada se registró a plena luz del día y que se saldó con un herido, un detenido, cuatro pisos repletos de marihuana y una comunidad harta de convivir entre gritos y amenazas. 

Todo empezó por la droga. La comunidad de la calle Sant Ignasi, aquella que un día iluminó con esperanza la posibilidad de acoger a muchas familias, vive desde hace años dividida: por un lado, los que pagan y, por otro lado, los que okupan. Y dentro de este segundo grupo, existe una nueva división: por un lado, los que trafican y, por otro, los que no. De hecho, el tiroteo fue el episodio final de una constante lucha de amenazas entre la familia de okupas que no quería convivir con el negocio de la marihuana y la familia que se dedicaba a ello.

Plantación con todo tipo de lujos 

Como se puede ver en las imágenes a las que ha tenido acceso eltaquigrafo.com,tras el paso de la Policía por esos narcopisos dedicados al cultivo de la marihuana, solo quedan los restos de lo que hace menos de una semana era un auténtico laboratorio de droga. Maceteros que ocupan la longitud de varias camas de matrimonio, restos de extractores industriales y una potente instalación eléctrica que, por cierto, tenían pinchada, demuestran que se trata de una organización profesional y bien organizada. No eran plantaciones escondidas dentro de los armarios, eran pisos dedicados exclusivamente a su cultivo

Como aseguran varios de los vecinos, «habíamos podido ver a qué nivel ascendía la factura de la luz, porque tenían pinchado el suministro, y las cifras eras desorbitadas». Todo era beneficio para ellos. No pagaban luz ni agua; todo lo que vendían era para ellos. Hasta que llegaron los enfrentamientos con la otra familia de okupas. Hasta que se descubrió todo lo que en esos pisos se escondía, esta familia dedicada al tráfico de drogas no escatimaba en lujos para cultivar su marihuana: se aprecia con los restos, ahora destrozados, de lo que un día fue su plantación indoor. 

Llama especialmente la atención como construyeron maceteros bajos, anclados al suelo, así como la orquesta de cables que decoraba sus paredes. Además de ser un auténtico peligro —al mínimo cortocircuito todo eso saltaba por los aires—, sorprende la cantidad de material que destinaban al cultivo de su marihuana. En relación con el sistema de riego, los vecinos aseguraron a preguntas de este medio que tenían el parking inundado desde que esta familia llegó al edificio. Lo atribuyen al sistema de riego y más, ahora, tras observar las plantaciones a la altura del suelo. 

Tras el tiroteo, se desmanteló la plantación

Vecinos, de un lado y del otro, policías y ayuntamiento eran conscientes de que parte de los pisos okupados se dedicaban de forma exclusiva al cultivo de la marihuana. Y, por supuesto, a su posterior venta. En pocos años —siglos, si hablamos desde la perspectiva de los vecinos del edificio, los que pagan religiosamente su hipoteca o alquiler— los narcotraficantes instalados en la comunidad de la calle Sant Ignasi se habían adueñado del negocio en el barrio de Mas Rampinyo, de Montcada i Reixac. 

Tras el tiroteo, el agresor huyó y se escondió en uno de los pisos del inmueble. Fue entonces, cuando agentes de la ARRO de los Mossos d’Esquadra procedían a encontrar al individuo, que pudieron desmantelar las plantaciones. 

«Los Mosssos sabían de la existencia de estas plantaciones, pero estaban esperando a que el juez diese la orden de registro», nos contaba una vecina. Al parecer, según ha podido saber este medio, los agentes y la Justicia querían asegurarse de pillar a los inquilinos con las manos en la masa, para poder atribuir esas plantaciones a alguien en concreto. Tras el tiroteo, la detención del agresor y el descubrimiento de los pisos con la marihuana, han podido cerrar la investigación.

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