Viaje maldito al interior de los españoles

El extraño viaje es una travesía fantástica a una España no tan lejana que se adereza con el humor de Berlanga, el surrealismo fetichista de Buñuel o toques hitchcockianos. Absolutamente imprescindible para entender nuestro cine y nuestra España

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El extraño viaje

El gran Luis García Berlanga (1921-2010) merece más de cien homenajes en el año de su centenario, pues con Buñuel y Garci es lo más grande del cine español. Punto. Ahora bien, que el “año Berlanga” no eclipse otro centenario no menor como es el de Fernando Fernán Gómez (1921-2007). Ambos trabajaron en comedias, pero en eltaquigrafo.com debemos reivindicar y recordar su colaboración más insólita y… “criminal”.

En una tertulia cinéfila Berlanga comentó que del crimen de Mazarrón, que tanto juego dio al mítico El Caso (1956: dos hermanos fueron hallados muertos en una playa con tres copas vacías, maletas y dinero), se podía hacer una película. Con esa “idea” de Berlanga (así sale en los créditos), Fernán Gómez rueda El extraño viaje (1964) y nos regala una de las películas más memorables, únicas y malditas del cine español.

El arranque ya da para una tesis sociológica. En un pueblo español de los sesenta el único entretenimiento lo da la orquesta que viene de la capital los fines de semana para “el baile”. En ese baile, la joven Angelines (escultural Sara Lezana bailando twist rodeada de boinas: impresionante) ocupa el centro de la pista sin ningún rubor para escándalo de las mujeres del pueblo y recreo visual de los hombres. No es de extrañar que ella sueñe con ser artista y salir del pueblo para no volver. Lo moderno contra lo antiguo, sí, pero hay más.

En un caserón gótico, que Fernán Gómez rueda con largas y lentas panorámicas, viven tres peculiares hermanos. Ignacia Vidal (Tota Alba) es una figura dictatorial y terrorífica que tiene sometidos a sus dos inocentes y casi infantiles hermanos: Paquita (Rafaela Aparicio) y Venancio (Jesús Franco, el futuro director de serie B, Z y de lo que hiciera falta). La puesta en escena es casi expresionista y no faltan aves disecadas (Psicosis) o tormentas que cortan la luz y obligan a usar trémulas velas (la Hammer triunfaba entonces con su resurrección del terror).

Contraste total: Fernando (Carlos Larrañaga), el cantante de la orquesta, vive una tierna e inocente historia de amor con Beatriz (Lina Canalejas) y sueñan con casarse. Él, además, con dedicarse a la zarzuela, que es lo que de verdad le gusta. Folclore, romance y olé. O eso parece…

Otro ingrediente inesperado. A la insoportable mercera (María Luisa Ponte, que llega a llamar al cura, “socialista” ¡!) le han robado un corsé y no tarda en acusar y hasta denunciar a Angelines, claro. ¿Qué pintan esos hermanos góticos en un pintoresco pueblo español? ¿Qué tienen que ver los amantes novios que no pueden ni besarse en público (“estos no dejan nada para el matrimonio”, murmuran las insoportables de la corrección política de entonces)? Y, lo más difícil de entender, ¿Quién ha robado un corsé y qué tiene que ver eso con esta película?

Todo esto desemboca en un crimen inesperado y en el “extraño viaje” del título: otro misterio que no desvelamos hasta los veinte gloriosos minutos finales. Porque, aparte de la evidente crítica de aquella España que miraba, juzgaba y condenaba desde la silla del pueblo, añadamos ingredientes tan sorprendentes como, créanlo, el travestismo, el voyerismo, la infidelidad, el asesinato con violencia, ¿¡el incesto!?… En efecto, lo nunca visto en la España de la época. Ah, y una escena inolvidable con dos amantes furtivos que, para no hacer ruido, bailan con la radio colgada del hombro y un auricular cada uno: patético, pero hermosamente genial.

La película no encontró distribuidor y se estrenó en pocas salas, para enterrarse varios años. En 1969 se reestrenó y fue entonces cuando algunos críticos empezaron a ver el esperpento mezclado con el terror macabro y el Círculo de Escritores Cinematográficos le dio la medalla a la mejor película del año.

Como su nombre indica, El extraño viaje es una travesía fantástica a una España no tan lejana que se adereza con el humor de Berlanga, el surrealismo fetichista de Buñuel o toques hitchcockianos. Absolutamente imprescindible para entender nuestro cine y nuestra España. La de ayer, en efecto, pero también la no menos esperpéntica de hoy.

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