Vértigo es el cine

Amar Vértigo es amar el cine, a mí me apetece volver a Ernie’s, a ver si aparece esa rubia de verde y atisbo su perfil sobre el rojo pasión de la pared…

Vértigo es el cine
Kim Novak y James Stewart en Vértigo de Alfred Hitchcock

La semana pasada Kim Novak cumplía 88 gloriosos años y coincidía que mi «bondiano» amigo Rafael Álvarez, profesor de Derecho, me comentaba que le parecía que Vértigo/De entre los muertos (Alfred Hitchcock, 1958) estaba ligeramente sobrevalorada y que a ver si podía yo justificar mi veneración absoluta. Vamos allá.

Podríamos empezar por las referencias mitológicas (Pigmalión u Orfeo y Eurídice, mencionada en la novela pero que Hitchcock obvia, evitando el subrayado), literarias (Madeline Usher también salía de la tumba y no es la única referencia a Poe), pictóricas (la Ofelia de Millais, pero también la languidez de su Mariana o el beso-separación de Un hugonote), musicales (el Liebestod de Tristán e Isolda, como referencia wagneriana en el inconmensurable trabajo de Bernard Herrmann)… Todo esto está ahí, pero no es necesaria toda esta redundancia cultural para disfrutar de Vértigo.

Vértigo es el cine

También podríamos señalar los símbolos e iconografía que adornan la película y nos van administrando placer o predisposición consciente o inconsciente para el goce. El color (verdes y rojos, muerte y pasión), los personajes enmarcados (Madeleine en Ernie’s, en la floristería, en su literal reaparición de entre los muertos tras recogerse el pelo en el baño…), el uso del perfil (el más famoso de la historia del cine en Ernie’s, que luego volvemos a ver en sombras), los espejos y la dualidad que anuncian (el de la floristería sería el más memorable, pues Hitch consigue encuadrar a Scottie y a Madeleine a la vez: genial)… De nuevo, todo esto se capta o no, pero va dejando huella y poso en el espectador.

La película comienza con un prólogo de acción (mira, como las películas Bond) en el que el vértigo de Scottie Ferguson (perfecto James Stewart, mezclando su expresión concentrada para el romance y su oscuridad de wéstern en la tragedia) hace que un policía muera. Entonces la película se divide simétrica y magistralmente en dos partes.

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Vértigo es el cine

La primera parte es la historia de amor de Scottie que investiga y sigue (varios minutos de cine puro, sin diálogos y con identificación absoluta espectador-protagonista: otra vez genial) a Madeleine Elster (etérea y enigmática como nunca Kim Novak), porque parece poseída por un fantasma del pasado. El romanticismo culmina con un intento de suicidio, un mar embravecido, la naturaleza como reflejo de los personajes (secuoyas eternas… que han sido cortadas) y un campanario amenazador.

La segunda parte, tras la tragedia, es cuando Scottie trata de superar su pérdida y recorre los lugares del amor perdido. Hay ríos de tinta sobre la pérdida de la amada, pero Hitchcock no tarda en presentarnos el truco: Scottie se encuentra con la viva imagen de Madeleine, pero con otro peinado y estilo. Hitch nos revela que es la misma mujer, que engañó al protagonista de forma cruel e imperdonable, pero que ahora buscará la redención a través de su amor sincero. En la novela, esta “sorpresa” se guardaba para el final. El director prefirió revelarla antes y poner al espectador al filo del asiento el resto de película. Sí, genial.

Kim Novak en Vértigo
Kim Novak en Vértigo

La reconstrucción-resurrección de Madeleine es lo más enfermizo e insólito. Scottie quiere que vuelva su amante muerta y cambia y viste a la nueva mujer para que se parezca a la anterior. Esas lágrimas en los ojos cuando por fin asiste al milagro son puro cine. ¿Qué somos los cinéfilos sino amantes de lo imposible? ¿Acaso no buscamos la resurrección del pasado? ¿Acaso no ansiamos volver a ver a la Garbo, a Marilyn, a Audrey, a Hayworth… porque las amamos y buscamos su resurrección en nuestras pantallas? Scottie parece necrófilo, pero a lo mejor solo es cinéfilo.

Eso sí. El desolador plano final ante el vacío se torna terrible realismo. Lo siento, ellas no volverán. Solo nos queda el celuloide. Amar Vértigo es amar el cine.

No sé si habré convencido a Rafa, pero a mí me apetece volver a Ernie’s, a ver si aparece esa rubia de verde y atisbo su perfil sobre el rojo pasión de la pared…

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