Una célula hermética trenzada por lazos familiares

Los Mossos d'Esquadra atribuyen la autoría del atentado del 17-A a la célula formada por cuatro parejas de hermanos.

Una célula hermética trenzada por lazos familiares

El tiempo parece haberse detenido en la sala de la Audiencia Nacional ubicada en San Fernando de Henares (Madrid), donde se ha celebrado la segunda jornada del juicio por los atentados del 17-A. La imagen de los acusados, sentados detrás del cristal, es prácticamente la misma que la de ayer, a excepción de la indumentaria de Driss Oukabir y Said Ben Iazza. Aunque Houli Chemlal lleva, incluso, el mismo atuendo que eligió para el primer día del juicio, se muestra cabizbajo, con los codos apoyados sobre las piernas y la mirada fija en algún punto que se escapa al plano de la cámara. Sentado en el centro del banco y con una actitud que contrasta con la de los otros dos acusados, casi ausentes, Driss Oukabir se lleva las manos a la cabeza y se tapa la cara en señal de desaprobación. En la sala, los investigadores atribuyen la autoría del atentado a un grupúsculo de jóvenes aglutinados en torno a la figura del imán, Es Satty, y que describen como una célula formada por lazos familiares.

La sensación de tiempo pausado en la sala de la Audiencia estaba presente también en los hogares de estos jóvenes. Estamos hablando, precisamente, del ‘síndrome del reloj parado’, para referirnos a unos padres que mantienen su mente y su corazón muy lejos de Ripoll (Girona), y que continúan aferrándose a su país de origen. La escasa interacción de los padres con la sociedad de acogida produce una sensación de desvinculación que choca frontalmente con las costumbres y valores europeos que sus hijos han ido adquiriendo en detrimento de sus referencias culturales y religiosas. Este choque generacional desemboca, en algunos casos, en un sentimiento de desarraigo y de desheredación cultural por parte de las nuevas generaciones, que no se sienten parte ni del país de acogida ni del país de origen de sus progenitores.

En este ambiente, parece haberse gestado la pequeña célula de estructura piramidal, en cuya cúspide se sitúa Abdelbaki Es Satty, el guía espiritual. Un escalafón por debajo, los investigadores sitúan a los ejecutores del ataque, abatidos todos ellos por la policía. En la base, con una función de colaboradores necesarios, los tres acusados. Si hay algo que llame especialmente la atención de esta célula es que, entre los diez miembros que la forman, hay cuatro parejas de hermanos de las cuales dos de ellas son, además, primos.

El hecho de que un terrorista decida emprender un viaje sin retorno, acompañado de uno de sus hermanos, ha conmocionado a los medios de comunicación y a los expertos en la materia ya que, a priori, cualquier individuo buscaría mantener a sus seres queridos alejados del peligro. Sin embargo, los datos nos indican una tendencia al alza en la última década en la captación de familiares directos para unirse a la causa extremista violenta. En los casos de los que se tiene registro, y al igual que en la célula de Ripoll, todos los hermanos mayores parecen haber tenido una fuerte influencia sobre sus hermanos pequeños. Todos, menos en el caso de los Oukabir. En esta pareja de hermanos, es el pequeño, Moussa, el que parece haber actuado como dinamizador y Driss el que parece ir a rebufo. Da la sensación de que Driss hubiese pretendido, en un primer momento, desmarcarse de los planes de su hermano y permanecer ajeno a su deriva identitaria. Sin embargo, finalmente, queda atrapado en ella.

Si pensamos en los factores que estimulan la creación de estos tándems, podríamos extraer que, si la radicalización violenta se basa en procesos de socialización, los lazos afectivos entre hermanos son mucho más fuertes que los que se establecen con el resto del entorno. Además, la confianza familiar hace que los individuos sientan que pueden compartir abiertamente sus ideas y su sensación de agravio compartido, ya que sus vivencias son similares. A esto, se suma que, en grupos con relaciones muy sólidas, como son las familiares, cuando en su interior cuentan con un miembro que actúa como agente que radicaliza, es mucho más probable que se produzca el ‘reclutamiento en bloque’ que en otros grupos menos cohesionados. Esto implica que, debido a los lazos afectivos existentes, se produce un compromiso grupal reforzante. Una vez que algunos miembros del grupo familiar se han unido a la causa, es muy difícil que los que les rodean se queden atrás debido a mecanismos psicológicos como el pensamiento de grupo, la presión, la preocupación por la reputación de la unidad familiar y el deseo de conservar unas relaciones familiares y afectivas sólidas. El sentimiento de culpa, en estos casos, es doble. La disgregación de este tipo de alianzas fraternas no solo supone una traición a la causa, sino también una traición a la familia.

La imagen que ejemplifica esta relación fraternal fanática es la de Driss refiriéndose en su declaración a los planes de su hermano como un «lío, un marrón», del que finalmente no es capaz de desenmarañarse. También lo ilustra la hermana de los Oukabir, que recibe pocos días antes del atentado un vídeo de connotaciones yihadistas que le envía Moussa sobre cómo amortajar correctamente a un buen musulmán. Aunque podría haber augurado las intenciones de Moussa, al que posteriormente considerará un mártir, no será capaz de huir a tiempo de un fanatismo gestado en torno al calor del hogar.

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