Un señor elegante, de Suso de Toro

La mirada del narrador es aguda, amorosa y verdaderamente dotada para adentrarse en los misterios del otro, y para convertirlos en epítome de su época

Nos referimos a esas ocasiones en las que al novelista no le hace falta inventar. A esas ocasiones en las que, al documentarse para contar una historia (en este caso la Operación Termópilas, una emboscada a la comitiva de coches que llevaba a Franco por Galicia, la cual pretendía acabar con la vida del dictador por medio de un atentado, el 25 de julio de 1940), el novelista se encuentra con un personaje tan potente, y con una vida tan cargada de sentido, que desborda esa historia porque su vida dice más que su anécdota.

Suso de Toro (Santiago de Compostela, 1956) en su reciente novela UN SEÑOR ELEGANTE (Alianza Editorial) parece que estaba escribiendo una novela histórica, cuando, de pronto, se encontró con un personaje intrahistórico: el cirujano gallego y profesor de universidad Ramón Baltar. Y se fascinó con su vida (que es la vida de un convencido republicano obligado a trabajar para el régimen durante la guerra; un fiel defensor de la democracia que, desde la clandestinidad, va colaborando con las estructuras de la oposición, e incluso llega a participar en la elaboración esta poco conocida emboscada para matar a Franco que en el libro se explica con rigor y un excelente pulso narrativo).

El resultado es una novela de largo aliento sobre la memoria histórica, sobre que existe una dignidad que sólo conocen los vencidos, y que existe también una forma activa de combatir que consiste en fingir que te sabes vencido, y en cuidar de los tuyos y educar a los tuyos sin olvidar ni traicionarte, así, propagando la memoria histórica en tu reducto expansivo para ganar a la larga la guerra.

Hay en esta novela una muy interesante reivindicación de la ideología en la vida diaria. Una reivindicación de la ideología perseverante, contradictoria si se mira con mirada pequeña, pero muy meritoria y duradera si se sabe mirar con la mirada amplia de este narrador. Y esta reivindicación es pertinente, novedosa y rebosa de finura moral y psicológica.

Hay también un retrato de época desde la talaya, no de un país ni de un bando, sino de una persona y sus implicaciones familiares, vitales e ideológicas. Y ese retrato nos enseña que cabe toda la historia de una guerra en una vida.

Hay un sentido del respeto a las contradicciones y a lo sido.

Hay asimismo un ritmo como de novela rusa con ambición de eternidad. ¡’Y hay más alicientes aún en estas páginas!…

A medio camino entre una biografía de Stefan Zweig (la de María Antonieta o la de María Estuardo, por ejemplo), una novela de no ficción de Ignacio Martínez de Pisón documentada hasta la extenuación (por ejemplo Filek, el hombre que engañó a Franco), y una novela comprometida de Max Aub (La Gallina Ciega), he aquí una obra capital de un narrador que revisa con peso y poso lo que fuimos, lo que somos, para hacérnoslo ver desde otro ángulo, y como para que construyamos otro paradigma menos reduccionista de lo que fue la intrahistoria del franquismo.

La prosa es cristalina y está repleta de sutilezas. La segunda persona narrativa que el autor emplea es técnicamente brillante. La mirada del narrador es aguda, amorosa y verdaderamente dotada para adentrarse en los misterios del otro, y para convertirlos en epítome de su época. El proyecto narrativo es ambicioso, sólido, consigue lo que narrativamente se propone con naturalidad, convicción y emoción, y el ritmo se sostiene.

Pocas veces se leen textos de esta calidad. Un señor elegante de Suso de Toro es una obra mayor.

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