Un lobo con piel de cordero

El presunto autor de varios delitos de agresión y abuso sexual a menores, amenazas continuadas, intimidación y pornografía infantil, engañó a los adolescentes haciéndoles creer que él era el único que podía salvarlos de su agresor

Un lobo con piel de cordero
Los chicos comenzaron a recibir amenazas y coacciones a través de Instagram | Archivo

“Todo lo hicimos por miedo”. Es sorprendente cómo este sentimiento puede anular a alguien hasta el punto de empujarlo a hacer actos en contra de su voluntad, solo para garantizar su supervivencia o la de los suyos. El miedo, que todo lo invade, anula la capacidad de pensar con claridad. Si es difícil para los adultos actuar con racionalidad bajo esas circunstancias, cuanto más para unos menores. Así es como un grupo de adolescentes de entre 13 y 15 años, vecinos de la Roca del Vallès (Barcelona), acabaron siendo presas de las garras de un depredador sexual desde verano de 2018 hasta finales de enero de 2019. Engañados por un depravado, escondido tras el anonimato que ofrecen las redes sociales, estos jóvenes entraron sin darse cuenta en una espiral de amenazas, ciberacoso y abusos sexuales tanto físicos como virtuales de la que no pudieron salir. 

Según consta en la instrucción del caso, el único sospechoso, D.C.G., mucho mayor que las víctimas, empleó varios perfiles falsos de Instagram para contactar con todos y cada uno de los miembros de esta pandilla de amigos y, mediante amenazas y coacciones, les obligó a cumplir sus fantasías sexuales. “Si no me pasáis los contactos de vuestras amigas para que me envíen fotografías sexuales o realicen videollamadas conmigo, iré a por vosotros y os mataré”. 

Estas palabras calaron en lo más hondo de los pensamientos de estos jóvenes, que se vieron empujados a satisfacer todas las peticiones del personaje anónimo que comenzó a hostigarlos prácticamente a diario. En aquel entonces, nadie sospechó del acusado. No sabían que estaba entre ellos. De hecho, llegó a presentarse como su salvador. Era su confidente, la única persona externa al grupo con quien compartían este secreto y el presunto mediador entre el ciberacosador y el grupo de adolescentes. 

El agresor, en su propia casa

Su primera víctima fue A.B.V., cuñado del acusado por aquel entonces y el gancho para captar a todo el resto de su círculo de amigos. Amparándose bajo la falsa identidad de un peligroso miembro de una banda latina asentada en el barrio de La Mina, la persona que controlaba el perfil desde el que se vertían las amenazas, se solicitaba contenido pornográfico y se hacían peticiones sexuales a los menores, se hizo con la voluntad de este primer menor. Poco a poco, las coacciones fueron haciéndose extensibles a todos los demás chavales. El terror de los niños y la presión grupal acabó arrastrando a las menores a cumplir las macabras fantasías sexuales de este depravado. 

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El modus operandi, según el escrito de acusación del Ministerio Fiscal, fue el siguiente: presuntamente, el acusado, primero, amenazó a su entonces cuñado (menor de edad) bajo varios seudónimos anónimos en redes sociales, uno de ellos @pericodelospalotes202. Su intención era conseguir los perfiles de sus amigas para que ellas accedieran, también bajo coacción, a mandarle el material de contenido sexual. Una vez lograba los contactos de las chicas, las amenazaba con hacer daño a ellas, a sus amigos o familiares si no cumplían las órdenes. Así, se hizo con decenas de horas de grabaciones sexuales durante varios meses. 

Videollamadas de carácter sexual

Las menores, aterradas, accedieron a realizar las exigencias del acusado para eludir las consecuencias de las amenazas. Alguna de ellas llegó a ejecutar más de 20 videollamadas de índole sexual con el sospechoso, éste siempre sin mostrar el rostro y con el micrófono apagado. Las solicitudes siempre seguían el mismo patrón: desnudarse, masturbarse o posar de forma erótica ante el teléfono que lo estaba retransmitiendo todo en directo. Incluso, en una ocasión, D.C.G. presuntamente obligó a una pareja del grupo a mantener relaciones sexuales. Tal y como han verbalizado varias de las víctimas (tanto chicos como chicas) ante el tribunal de la Audiencia de Barcelona, el material audiovisual quedaba grabado. Este era el as del sospechoso para asegurarse su silencio.

Un lobo con piel de cordero

Nadie sospechó del acusado hasta el final. Es más, A.V.B. y el resto de sus amigos confiaron en él para contarle todo lo que estaba sucediendo. “Era nuestro referente” han asegurado varios de los afectados. A pesar de que D.C.G. ha asegurado que él les aconsejó que fueran a la policía, ninguno de los testigos recuerda tal extremo. Es más, han explicado que fue el propio acusado quién les pidió que siguieran con esta dinámica, que él conocía al chico que estaba detrás de todo esto (un tal Dani ‘el navajas’) y que si “le seguían el rollo” podría ayudarlos. Ellos le obedecieron sin dudarlo.

Todo estalló cuando la madre de una de las víctimas interpuso la primera denuncia. Fue entonces que el acusado comenzó a mostrarse muy nervioso y empezó a manifestar entre los afectados por este caso de ciberacoso que su perfil en redes sociales (@pericodelospalores202) había sido hackeado meses atrás.

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