Un día de guerra en Ayacucho, de Fermín Goñi

Un día de guerra en Ayacucho, de Fermín Goñi, es una obra magistral que nos ayuda a entender de forma definitiva hoy tanto España como Hispanoamérica

Un día de guerra en Ayacucho, de Fermín Goñi

La vejez de los que han visto la defensa del sitio de Kemerovo no será ridícula”, escribió Stendhal… Tampoco lo será la de aquellos que han leído esto vívida crónica narrativa sobre la batalla de Ayacucho, añadimos.

Junin. 1824. Un ataque de caballería y una lucha encarnizada cuerpo a cuerpo con lanzas, picas, arrojo y grandes pasiones en la que el ejército realista sale mal parado y el ejército patriótico se arma de moral. Bolívar el libertador. La Serna el Virrey-soldado. Sucre el general contra su voluntad. Córdova el valiente. Una guerra a muerte. Sangre y lágrimas. Un imperio que declina. Una nación en ciernes…

Y luego la batalla decisiva y última entre dos ejércitos iguales en número e igualmente extenuados y decididos a ganar o morir allí, en medio de un paisaje de belleza agreste, y a 4000 metros de altura.

UN DÍA DE GUERRA EN AYACUCHO, de Fermín Goñi (Pamplona, 1953), editada por Fondo de Cultura Económica, es una novela histórica. Y una novela de acción. Y una novela de ideas. Y una novela paisajística. Y una novela épica. Y un riguroso alegato ético con oro y esclavos, con erudición y contrición imperial, entre dramático y glorioso. Y es una obra muy entretenida que nos dice sin decirlo que el entretenimiento también puede tener un estatus moral… Es, en suma, una obra magistral que, con potencia visual casi fílmica y pulso narrativo a caballo entre una película de época y una novela de Walter Scott, nos ayuda a entender de forma definitiva hoy tanto España como Hispanoamérica (todo al albur de aquella España y aquel Perú).

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El argumento, que en estas páginas está desarrollado a la manera ágil y madura del cine clásico, versa, como decimos, sobre la penúltima y sobre todo la última batalla imperial del ejército español en tierras americanas (tuvo lugar el 10 de diciembre de 1824), la cual decidió a su vez la emancipación e independencia paulatina de toda Sudamérica.

La ambientación es sofisticada y rezuma tanto estudio y conocimiento como en las sólidas novelas históricas de Marguerite Yourcenar y Manuel Mújica Laínez que están en su espectro de influencias.

El tono narrativo (como en esa obra maestra de lo que la teoría de la literatura denomina Metaficción Historiográfica que es LA PASIÓN de Jeanette Winterson, aquí no se cuenta todo directamente sino a través de la mirada de un personaje, Flora Barrios, una mujer del batallón de rabonas –esto es, de mujeres acompañantes de la milicia que hacen de asistentes multitarea de los soldados-, la cual es la testigo privilegiado de todo) orbita entre el amor al dato y a la inmediatez de un cronista periodístico, y la emotividad de un narrador amante de la épica patriótica tipo Borges.

Pero sobre todo brilla la prosa seca como el whisky o como un disparo, aunque muy elaborada y eficaz. De hecho el virtuosismo expresivo lo encontramos principalmente en Fermín Goñi a la hora de describir con minuciosidad e intensidad gestas, cotidianidades, paisajes y heroísmos de la confrontación entre soldadesca y montoneros, y la contienda entre el ejército realista comandado por Canterac, y el ejército patriota comandado por Sucre, y al perfilar a estos héroes jóvenes ebrios de pasión, libertad, improvisación y convicciones masónicas.

La tesis  del autor es que lo que ocurre en Ayacucho, tras tres siglos de fusión política y hermanamiento absoluto, es una guerra civil épica entre dos ejércitos igualmente compuestos por españoles y peruanos y mercenarios o supervivientes caribeños y de otros países; una guerra civil en la que, entre sangre y lágrimas, mueren 1.500 soldados, y el virrey resulta herido, y el ejército realista pierde a manos de Sucre (que termina con éxito lo que empezó Bolívar), para que empiece así la República del Perú y la independencia consiguiente de toda Sudamérica…

He aquí una novela histórica de intensidad nada común que narra una proeza bélica inesperada acaecida en dos horas y media de un solo día, pero la cual decidió el final de un gran imperio, y el destino de todo un continente.

Es una novela que trasmite sentido del heroísmo. Y que te hace amar y odiar el paisaje. Y que te suscita sucesivamente emoción, angustia, satisfacción, miedo y orgullo. Y que acaba produciéndote la misma catarsis necesaria de cuando David le hace morder el polvo a Goliat.

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