Un abanico para Draghi

Que alguien le corte a Draghi el chorro de la calefacción, el del aire acondicionado, pero, sobre todo, el del sueldo público de cinco cifras que le pagamos todos. Y que se lo cambie todo por un abanico. De lunares. Que le sirva para venir a trabajar 16 horas al día a la feria de Abril por 500 euros. Que le den un abanico y agua del tiempo, que la electricidad está muy cara como para ponerla a enfriar.

Un abanico para Draghi
Opinión de Núria González para eltaquigrafo.com

Lo jodido de que la cosa esté tan sumamente mal es que corremos el riesgo cierto de abandonar todas las luchas. Así pasa ahora a cualquier persona que le funcione media neurona y no tenga el cerebro absorbido por el amarillismo buenista imperante.

Levantamos la cabeza y vemos a un tipo abiertamente filonazi hablarle a nuestro Congreso de los Diputados, donde sus señorías le aplauden hasta con las orejas. Al pobre imbécil, sin embargo, nadie le explicó que este país nuestro es tan cianita que ni en las matanzas nos ponemos de acuerdo, y que su brillante idea de nombrar Gernika no iba a resultar todo lo hollywoodiense que el señor Zelenski y la pandilla de asesores de la OTAN que le rodean había augurado.

Es increíble que gente tan experta en todo, tan bien pagada y tan sumamente “estudiada” haga el ridículo de esta manera. Sin embargo, no les importa un pito porque, aunque el presidente ucraniano hubiera hecho un discurso hablando de la crisis de la isla Perejil, los y las diputadas hubieran aplaudido con el ímpetu y el fervor que Tio Sam y sus gestores en Europa reclaman.

publicidad

Biden, Borrell, Macron, Von der Leyen, y unos cuantos antes que ellos han hecho de este mundo el agujero infecto invivible donde estamos condenados a sobrevivir. Se han cargado el planeta y todo lo que hay en él en el altar de sus lenguas lameculeras al servicio del ultra capitalismo que se alimenta de la vida de millones de personas cada día.  Esos desde los gobiernos oficiales. Luego están los grandes capitales que, desde los metaversos, metagobiernos y metarealidades, mandan de verdad sobre todos los demás.

Cuando he escuchado al bueno para nada de Draghi (un tío que lleva años mandando sin que nadie  le haya votado), intentar practicar torpemente la ironía planteando la disyuntiva de “aire acondicionado o paz”, inmediatamente me ha venido a la mente el discurso ese de que los pobres tienen que dejar de comer carne y empezar a comer gusanos, para que los ricos sigan comiendo lo que les da la gana. Tan idiota es el exvicepresidente del Banco Central Europeo que debe creer que la mayoría de personas tienen aire acondicionado en Europa.

Al señor Draghi, a Borrell, al “manos largas” Biden y toda la cuadrilla habría que explicarles que la gente normal no estamos dispuestos a cambiar absolutamente nada sólo porque él y sus colegas sigan destrozando el mundo cómodamente mientras los siete mil millones restantes de personas viven cada vez peor.

El día que lo vea, a Draghi, a Borrell o a cualquiera de esos que cobran 27.000 euros al mes, más dietas, trabajando a pleno sol en una obra de Sevilla en el mes de agosto doblando el lomo, igual no me dan ganas de escupirle cuando nos exija al resto vivir peor para que ellos sigan viviendo bien.

Que alguien le corte a Draghi el chorro de la calefacción, el del aire acondicionado, pero, sobre todo, el del sueldo público de cinco cifras que le pagamos todos. Y que se lo cambie todo por un abanico. De lunares. Que le sirva para venir a trabajar 16 horas al día a la feria de Abril por 500 euros. Que le den un abanico y agua del tiempo, que la electricidad está muy cara como para ponerla a enfriar y tenemos que contribuir a la victoria del nazismo y la censura que sólo se ha impuesto en las instituciones europeas.

Estos dislates son los que precisamente nos salvarán (o eso espero yo) de bajar los brazos y darlo todo por perdido. Yo estoy segura de que más pronto que tarde la buena gente les pondrá un alto a estos delincuentes de cuello blanco y coche de lujo, que exigen hasta la última gota de nuestra sangre, de nuestro aire y de nuestra poca libertad, para asegurar su culo en los mullidos sillones de Bruselas y Washington, mientras el resto pasamos más frío, más hambre, y hasta el pueblo ucraniano muere cada día porque estos bribones no han sabido hacer su trabajo, ni tienen interés de hacerlo.

Que suene Locomía y que se muevan los abanicos, porque necesitamos aires de cambio para sobrevivir inmediatamente. Que lleguen vientos fuertes que se lleven a esta tropa de la muerte y a sus palmeros desde los medios cuanto más lejos mejor. Y cuando ya no estén, el resto lo celebraremos fresquitos, aunque sea con el aire acondicionado del coche.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here