Ucrania, literatura en tiempos de guerra

“Sin Ucrania, Rusia deja de ser un Imperio, mientras que, con Ucrania, sobornada y posteriormente subordinada, se convierte en una gran potencia mundial”

Ucrania, literatura en tiempos de guerra
Ucrania, literatura en tiempos de guerra

Ucrania es uno de los países más extensos de Europa. La posición estratégica de sus fronteras ha sido la codicia de muchas civilizaciones y mediante el estudio de todas ellas podemos descifrar su desarrollo en el mundo: primero se asentaron los vikingos seguidos de los mongoles, después los otomanos, la mancomunidad polaco-lituana, los cosacos, el imperio ruso, el imperio austrohúngaro y, por último, la unión soviética. Todas ellas le han ido otorgando uno de los legados culturales más diversos del planeta. En el año 1986 Chernóbil desató el caos mundial y la semana pasada el presidente de Rusia, Vladimir Putin (1952), le declaraba la guerra.

Entremedias de ambas catástrofes han pasado 36 años y el país ha batallado en varios frentes, muchos de ellos, exentos de carácter bélico. Para conocer a fondo la extraordinaria y distante belleza que la caracteriza, es necesario recurrir a un libro tan antiguo como las leyendas que abrazan su cultura. Hoy repasamos la historia siendo conscientes de que su trayectoria intelectual no aparece, ni siquiera esbozada, en nuestro mapa literario.

Imagen del libro La Crónica de Néstor

“He aquí los relatos de los años pasados. De donde salió la Tierra Rusa. Quien en Kyiv empezó primero a reinar y de dónde la Tierra Rusa llegó a ser”

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La Crónica de Néstor, escrita en torno al año 1113 por un monje del Monasterio de las Cuevas de Kyiv, relata los hechos acaecidos en la Rus desde el año 852 al 1110 y explica como la palabra Ucrania deriva de la preposición u que significa “al lado de” y kraïna que significa “frontera”. Ucrania: “la que está próxima a la frontera”.

En el año 1654, el líder cosaco Jmelnytsky juró lealtad al zar ruso y los territorios ucranianos quedaron, por primera vez, bajo la protección del gobierno vecino, bautizando la región como la Pequeña Rusia: que este nombre se utilizara hasta el S. XIX dice mucho de cómo los rusos percibían, y siguen percibiendo, a sus vecinos ucranianos.

Monumento a Bohdan en Kyiv

En el libro El ultimo territorio (Acantilado, 2006), el escritor ucraniano Yuri Andrujovich (1960) somete a su pueblo a un escrutinio público y describe una realidad áspera y postsoviética con la que la mayoría de habitantes se sienten identificados. Los escasos conocimientos que el público occidental tienen sobre Ucrania, la emigración hacia el oeste a consecuencia de las múltiples guerras internas o la represión informativa que padece a diario la población se fusiona con el estilo sarcástico que impregna este libro compuesto por varios ensayos. Su escritor se sirve tanto de la intuición poética como de la más tierna empatía para despejar las ecuaciones que nublan los hechos históricos y disfruta recordando la herencia cultural extremadamente rica y compleja que impulsa a Ucrania desde la antigüedad.   

En Ucrania, Moldavia y Rumania se desarrolló una de las ciencias más ancestrales del mundo, la cultura neolítica Cucuteni que incitó a los primeros habitantes a trabajar la tierra entre el 4500 a.C y el 2750 a.C. Pese a que la historia de Ucrania se remonta a 5000 años atrás, es un país relativamente joven que surgió tras el fracaso del comunismo y el colapso de la Unión Soviética.  En el referéndum efectuado el 24 de agosto de 1991 tras la caída del régimen, el 92 % de la población apoyó la separación de la URSS y apuntaló la Independencia de su país sin miramientos ni dobleces. 

Imagen de John Steinbeck (1902 – 1968)

Antes de que este hecho histórico se produjera y justo después de que el Telón de Acero cayera sobre Europa del Este, John Steinbeck (1902 – 1968) se desplazó hasta el escenario de la contienda para visitar los países implicados junto a Robert Capa (1913 – 1954). Esta oportunidad, brindada por el periódico neoyorquino para el que ambos trabajaban, los llevó a visitar Moscú y Stalingrado y, también, los campos de Ucrania y el Cáucaso. La refinada escritura que utiliza Steinbeck engalanada con las brillantes fotografías de Capa hace del relato Diario de Rusia (1947) una crónica excepcional y un documento histórico único que relata el resurgimiento de una población pobre, pero extremadamente digna.

Aunque la mayoría de los ucranianos están orgullosos de su país, las malas praxis de sus gobernantes han alimentado durante años los sentimientos independentistas de las regiones fronterizas más influenciadas por Rusia. Por esta razón, en el año 2014 la península de Crimea declaró su independencia para posteriormente ser anexada por Rusia.

Hace un par de meses y bajo un marco inigualable de arte y música, una fragata del ejército ruso controlaba las actividades lúdicas y festivas que se llevaban a cabo en festival internacional de Tavrida, en la península de Crimea. Que un buque militar estuviera patrullando en las costas del Mar Negro bajo un marco didáctico inigualable nos dio mucha información a los visitantes extranjeros por allí pululábamos: ¿se imaginan ustedes que, en la playa de la Barceloneta, frente al Fórum de las culturas, estuviera faenando un barco de guerra en tareas de vigilancia y control? Para nosotros es algo impensable. Para los ucranianos, algo tangible. Su pueblo no ha dejado de llorar desde que las regiones de Donetsk y Lugansk se revelaran provocando una guerra civil que continua activa desde su inicio.

Mapa de Ucraina

Argemino Barro es el periodista español experto en la URSS que cubrió la guerra del este de Ucrania como enviado especial. De su experiencia nació el libro Una historia de Rus (La huerta grande, 2020): un reportaje que proyecta las voces de los protagonistas en el papel y repasa las rebeliones cosacas, la Segunda Guerra Mundial o la hambruna provocada por Stalin. Esta crónica, narrada con perspectiva y un profundo respeto hacia el pueblo ucraniano, nos trasporta hacia el origen de la unión: cuando Ucrania y Rusia eran el mismo reino medieval.

La guerra no deja de ser un mismo conflicto con diferentes máscaras, analizarla desde la butaca de mi casa no deja de ser asombroso si pienso que, tan solo seis meses atrás, bebía vodka en el Mar Negro mientras sus olas me lamian los pies.

La complejidad de la región está estrechamente unida a su posición, a la maraña de gaseoductos por los que circula el gas ruso, a su producción aeronáutica y militar y, lo más importante, al perímetro fronterizo que separa Rusia de la Unión Europea. Que su gran vecina, la imponente Rusia, no quiera perder el poder que ejerce sobre ella tiene su explicación en las palabras del ex consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzazinski (1928): “Sin Ucrania, Rusia deja de ser un Imperio, mientras que, con Ucrania, sobornada y posteriormente subordinada, se convierte en una gran potencia mundial

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