Tu abuela va a morir sola

La pandemia del coronavirus ha convertido las residencias de ancianos en centros de muerte, miedo y soledad

nuria gonzalez

Uno de los pocos placeres que hasta ahora me ha negado la vida ha sido el de disfrutar de mis abuelos. A una nunca la conocí y los otros tres se murieron demasiado pronto. Sin embargo, conservo perfectamente vívido en la memoria cada uno de sus recuerdos y las cosas que me enseñaron. Y también lo mucho que me cuidaron.

A mi abuela que sí conocí, la recuerdo, por ejemplo, persiguiéndome por toda la casa para que me comiera la merienda, que solía ser pan con fuet. Yo era malísima comiendo de pequeña, y la mujer, con muy mal carácter (mala follágranaína de pura cepa) que luego yo heredaría, no me dejaba que quedara ni un trocito en el plato. Me cuidó.

De mi abuelo, su marido, recuerdo su gran barrigota y todos los juegos de cartas que me enseñó. Y doy fe de que, aunque falleció cuando yo tenía nueve años, los aprendí muy bien. Hoy soy capaz de desplumar al póker a quien se me ponga por delante y eso me lo enseñó él, en muchas tardes de brasero y paciencia. Me cuidó.

De mi otro abuelo, que vivía más lejos pero que era una fiesta ir a verlo porque eso significaba que estábamos de vacaciones, recuerdo sus grandes orejas y su amor por la tierra. A mi me parecía un gigante andando entre los olivos. Me enseñó todas las cosas que se me ocurrió preguntarle sobre árboles, el campo, el agua, etc. Me cuidó.

Y es que en muy pocas familias las abuelas y los abuelos no han tenido que cuidar de todas y de todos. Primero de sus hijos, luego de sus nietos y nietas. Y sobre todo las abuelas, que han cuidado además a sus maridos hasta que han muerto. Muchas de esas abuelas, ya solas, han terminado en las residencias de ancianos por varias razones, unas mejores y otras peores. Y por muchas circunstancias, a menudo injustas, pero contundentes e inevitables.

Mi abuela no está en una de esas residencias, pero a lo mejor la tuya sí. Y esos sitios, que debían de ser espacios de cuidado y tranquilidad, la pandemia del coronavirus los ha convertido en centros de muerte, miedo y soledad. El Covid-19 se está ensañando con nuestras abuelas que, sin remedio, vemos cómo nadie las protege dentro de sus residencias y más parece que las autoridades están esperando a que la enfermedad haga lo suyo.

Una vecina mía, con la que he coincido estos días en la calle (puesto que las dos tenemos salvoconducto perruno), trabaja en una de esas residencias de ancianos. Me explicó, hace como mucho dos días, que trabajan sin ningún tipo de protección: ni guantes, ni mascarillas, ni antiséptico, ni nada y que la dirección del centro les había comunicado que no les entregaría ningún tipo de material sanitario hasta que alguno de los residentes estuviera enfermo. Política de hechos consumados.

Mientras tanto, mi vecina puede entrar y salir del centro y salir a la calle igual que yo y, por ende, contagiarse igual que yo. La diferencia es que yo no tengo que tratar con decenas de personas de grupo de riesgo, riesgo mortal, por lo que nos dicen los números. Hasta el 19 de marzo, de 767 muertos en Españapor el Covid-19, sólo tres tenían menos de 65 años.

Eso sí, la dirección también les comunicó que una vez se detectara algún contagio todo el personal de la residencia quedaría confinado dentro, con los enfermos. Igual para ahorrarse los guantes y las mascarillas, porque total, el mal ya estará hecho.

Torrejón, Madrid, Igualada, Olesa de Montserrat son nombres que se asocian ya a decenas de muertes de ancianos y ancianas, en soledad y supongo que con mucho miedo. Hasta la Fiscalía va a investigar a una de estas residencias en Ciudad Real por la muerte de al menos 16 personas,en Tomelloso.

Yo quisiera que, puestos a investigar, lo haganen todas las residencias concertadas, esas que reciben generosas cuantías de dinero público por, se supone, cuidar a vuestras abuelas. Quisiera saber también quién es el responsable de tomar decisiones tan nefastas como la de no proteger a vuestras abuelas, para evitarles una muerte en soledad, decidiendo no dotar de medios al personal que allí trabaja.

Y por último, quisiera que investigaran en qué momento se decidió no poner ni un euro extra encima de la mesa para la especial protección de los y las más vulnerables en esta pandemia, quienes nos han cuidado a todos, a quienes incluso el Presidente de Gobierno mencionó en uno de sus discursos que no resuelven nada, pero dan ‘Likes’, como el pilar que nos permitió casi superar la crisis de 2010: nuestras abuelas y abuelos.

Viendo las imágenes de Bérgamo,con el ejército sacando y transportando centenares de cadáveres que no distan tanto de las vistas en algunas residencias españolas, yo digo que además de la enfermedad nos asola la injusticia de una situación en la que quien nos cuidó no puede ser acompañado por razones de salud, pero que tampoco está siendo protegido por obvias razones de ineptitud política y de previsión.

Oí a un médico en algún lugar decir que la crisis del coronavirus estuvo bien gestionada hasta que dejaron de dirigirla los médicos y se pudieron a dirigirla los políticos el pasado viernes. Estoy de acuerdo. Porque mientras vamos de rueda en rueda de prensa prefabricada y vacía, de mucho postureo y poco contenido, los números revelan una siniestra y muy factible realidad:tu abuela va a morir sola.

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