Trump acorralado incendia EEUU

La violencia de sus palabras, que anoche sirvieron de gasolina para las protestas, ha dejado patente la fragilidad de la democracia de un país que se ha erigido como su abanderado a nivel planetario y la intención del elefante malherido de morir matando

Trump acorralado incendia EEUU

Una turba enardecida ha irrumpido en la que se considera la institución fundamental de la democracia de los Estados Unidos y ha paralizado el recuento de los votos para la ratificación de la victoria del demócrata Joe Biden. Paramilitares armados hasta los dientes, (paradógicamente) guerreros sioux cubiertos de pieles y personajes salidos de la América profunda. El “privilegio blanco” avanzaba por los pasillos del Capitolio ondeando la bandera confederada, legado de la esclavitud y símbolo de la supremacía blanca, abriendo los despachos de los congresistas al grito de “Where the fuck are you?” (¿dónde coño estáis?).

La situación de violencia y de tensión que interrumpió lo que tendría que haber sido un mero trámite constitucional terminó por convertirse en un espectáculo digno de una república bananera. Más de 500 legisladores tuvieron que ser evacuados por los servicios secretos hasta el búnker del edificio mientras volaban los tiros en el interior del Capitolio y los insurrectos se fotografiaban en sus estancias más nobles. El saldo de este enfrentamiento entre “trumpistas” y policía es de cuatro muertos y cincuenta y dos detenidos.

El gravísimo asalto a la cámara del Congreso de los Estados Unidos no solo supone una violación de la legalidad, como no se tenía constancia desde la guerra anglo-estadounidense de 1814, si no que, además, es el vivo legado de los cuatro años marcados por el discurso de odio del presidente Trump. Esta burda intentona de golpe de Estado es el fruto de las falacias, de la degradación de la democracia y de las acusaciones basadas en la mentira y en el desprecio, más propias de un hooligan, que de un presidente electo. Si en algo ha sido eficaz el republicano durante su legislatura es en sembrar la duda sobre las propias instituciones estadounidenses, garantes de la democracia, y en dividir a la ciudadanía hasta colocarla al filo del enfrentamiento.

La violencia de sus palabras, que anoche sirvieron de gasolina para las protestas, ha dejado patente la fragilidad de la democracia de un país que se ha erigido como su abanderado a nivel planetario y la intención del elefante malherido de morir matando. Su reafirmación en considerar el resultado de unas elecciones libres y democráticas un fraude, ha terminado finalmente estallando a las puertas del Capitolio ante la mirada estupefacta del resto del mundo.

Si algo ha evidenciado el asalto de ayer es la ineptitud de un peligrosísimo presidente que se ha colocado a sí mismo en la picota por haber alentado una revolución contra las mismas garantías constitucionales que lo elevaron a su cargo. Algunos de sus compañeros republicanos ya le han dado la espalda y han cambiado su voto en el último momento, quizás en un intento de salvar su pellejo y su honor. Todavía es pronto para saber si el Partido Republicano, en un alarde de respeto hacia las instituciones y al propio Estado, defenestra a Trump para tomar distancia de tan bochornoso espectáculo o si el magnate será sometido a impeachment.

En tan solo una legislatura, ha sido capaz de terminar con la convivencia pacífica y la tolerancia que tantas décadas ha costado construir. Trump deja tras de sí un país hecho cenizas que tardará generaciones en ser reconstruido.

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