Trapero, un policía inocente

Carlos Quílez Lazaro

El día 28 de septiembre de 2017 el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, fue «clar i català»: “Los Mossos no les vamos a seguir en su carrera independentista, los Mossos estamos con la constitución y actuaremos siempre bajo las órdenes de jueces y fiscales”.

Ante Puigdemont, Junqueras y Forn, Trapero, arropado por toda la cúpula de la policía autonómica, soltó este alegato como si se tratase de su propia herencia, sin importarle los miles de camisetas que el independentismo había vendido con su imagen. Quedaban 2 días para la celebración del referéndum ilegal.

Josep Lluís Trapero, a preguntas del presidente de la sala penal del Tribunal Supremo, Manuel Marchena, ha dejado caer con absoluta templanza pero con la firmeza de quien no sabe mentir, esta bomba de deflagración bajo los culos de Puigdemont, Junqueras y Forn; pero también bajo el trasero del Ministerio Fiscal y de la ultraderechista acusación popular, que van a sentar al policía, por rebelión, en el banquillo de la Audiencia Nacional.

Queda clara la vocación de Puigdemont y los suyos en manipular a la policía autonómica en su deriva secesionista. Pero queda claro también, que ni lo intentaron. Y no lo hicieron porque frente a ellos se encontraba un muro infranqueable, adosado a la legalidad, llamado Josep Lluís Trapero. “No se lo hubiéramos permitido”, declaró el mayor ante el tribunal de Marchena.

Actuar con poca o mucha proporcionalidad, prudencia y oportunidad puede ser merecedor de todo tipo de reproches y objeto de todo tipo de críticas. Pero lo hecho por Trapero, durante todo el “procés”, jamás puede incardinarse en el tipo penal de la rebelión o la sedición.

Un rebelde o un sedicioso no le dice al jefe de su jefe lo que Trapero les dijo mirándolos a la cara. Un rebelde o un sedicioso no le dice al presidente del Tribunal Superior: “ante la situación creada, reiterarle que estamos a su entera disposición incluso para proceder a la detención del presidente Puigdemont, si por ley fuera preciso”.

Desde luego, Puigdemont, Junqueras y Forn lo tienen ahora peor que antes de la declaración de Trapero. Pero tampoco lo tiene nada bien el Ministerio Fiscal, que quiere encarcelar al mayor por rebelde en la Audiencia Nacional.

¿En qué criterios objetivos va a sustentar ahora la Fiscalía o la ultraderecha de Vox el papel activo del mayor Trapero en el supuesto golpe de estado? ¿En qué fue tibio? ¿En qué fue sincero? ¿En qué agotó todas las posibilidades legales para no aporrear a su pueblo? ¿En qué fue irreverente con aquellos que le quisieron acuclillar?

Trapero sobreactuó tras los atentados del 17A. Trapero es un pecho plateado. Trapero es un conmigo o contra mí. Trapero no sabe esconder sus defectos en el cuerpo a cuerpo. Pero todo ello no justifica que esté pagando un altísimo precio por el uso que de él han querido hacer lo jefes políticos del “procés” y aquellos que, en la otra línea de fuego, no le perdonan haber puesto a la policía autonómica en el grupo de las policías respetables.

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