Trapero: oportuno, proporcionado y congruente

Trapero: oportuno, proporcionado y congruente
Josep Lluís Trapero en un momento de su declaración en el juicio del procés | EFE

Los que nos dedicamos a hurgar en las tripas de esturión de la actualidad para extraer caviar estábamos de enhorabuena: ¡ya venía por fin el exjefe de los Mossos Trapero, trajeado y afeitado, y por tanto con un aire más funcionarial que épico, a declarar y a animar el cotarro de la cosa del Juicio del Procés!

Sin embargo estamos un poco decepcionados: los fanáticos de la Ilíada y la Odisea, o de las peleas de barro, creíamos que esto sería como un debate parlamentario entre Ortega Smith con el torso embadurnado de aceite y Carmen Calvo con dos anisetes…

Sí, creíamos que, cuando Ortega Smith interrogara a Trapero, el cielo se cubriría de gris como una plancha de hormigón, y habría rayos y truenos, y Trapero se pondría a hiperventilar, y Ortega Smith a su vez se arrancaría la toga, la camisa y la corbata sin dejar de bramar…

Pero nada de eso: ambos se han comportado en la sala como esa gente tan fina que llama berlina al donut.

Y así ha sido también en todos los interrogatorios de la mañana y la tarde: Trapero ha resultado ser un testigo de tono ponderado y educado, con considerable fluidez y equilibrio narrativo, y buen sorteador de trampas verbales de abogado.

De la estricta declaración de Trapero (en la cual ha afirmado sin reparos tener discrepancias ese día con sus mandos políticos independentistas–“hubo un punto de irresponsabilidad en Forn” llegó a decir-, pero demuestra haberles informado de todo y descarga así en ellos la responsabilidad política), ha quedado claro que la humildad no es lo suyo; que detestaba que le pusieran por encima a un coordinador de la Guardia Civil, y más concretamente tener que dar cuenta como supervisor a López de los Cobos…

Pero lo decisivo ese día no fue si Trapero tuvo o no humildad, sino si tuvo acatamiento y ecuanimidad a la hora de llevar a cabo las instrucciones y el plan en pro de la ley, y en pro del orden público.

En cualquier caso, sí, ha quedado claro que la Guardia Civil y los Mosos de Escuadra son como dos siameses unidos por la espalda leyendo el mismo libro de la ley: que los Mossos no actuaron el 1O con más contundencia por estar atendiendo a criterios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad para que no hubiera ningún muerto, que la guardia civil actuó con más contundencia que los Mosos atendiendo a criterios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad para que se cumpliera e hiciera cumplir la ley sin que hubiera ningún muerto, y el resultado fue que la movida fue gorda, sí, y las posiciones encontradas y dispares, sí, pero, por lo menos, no hubo ningún muerto.

Su declaración, del aplomado Trapero, ha dado cuenta, en las formas, de un hombre en apariencia ponderado, educado y entrenado en el matiz y la concreción, y en el fondo ha dado muestras de que él le puso a la vez una vela a dios y otra al diablo, sí, pero que lo hizo por el bien de todos, y debido a la inconsciencia de sus superiores políticos.

No ha dado muestras fehacientes de ser Satanás ni de ser un ángel.

Pero ninguno de los interrogatorios sucesivos, en conjunto más aburridos de lo que cabía esperar, nos ha logrado quitar de la cabeza que, con todo, si hoy no hay muertos encima de la mesa de este juicio es gracias, también, a Trapero…

¡Ojo al parche que no es de trapo, sino de cristal graduado!

Seguimos.

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