Todo incluído: avión, estancia, putas y omertá

Núria González
Núria González

Viajemos, que al fin y al cabo estamos en verano.

Imaginemos que formamos parte de un grupo de 4 o 5 amigotes, que a lo mejor un año fueron a los San Fermines pero que este año prefieren playa, y se deciden por el Caribe colombiano, concretamente a Cartagena de Indias. No es casual, pues ese maravilloso lugar, es uno de los favoritos de los más de 40.000 españoles que, ya en el 2010 según un estudio de Save the Children, quieren pasar las vacaciones practicando el turismo sexual fuera de nuestras fronteras.

Es decir, que su ideal de pasárselo bien es irse con unos colegas a 10.000 km de aquí y pagar por violar a mujeres y hombres, muchas veces y cada vez más veces, menores, aprovechando la vulnerabilidad máxima de esas personas, pero a la vez sintiéndose bien machotes por soltar cuatro billetes y sentir el poder de la dominación en sus manos y en sus penes inseguros.

Hay 40.000 españoles que practican turismo sexual al año, entre ellos nuestros chicos de esta historia, pero como también hay otros tantos de todos los países ricos del mundo, y Cartagena de Indias sigue siendo destino preferente para violadores puteros previo pago, la oferta de todo incluido se ha ido puliendo y “mejorando” hasta el punto de que el año pasado se creó en esa ciudad Sex Island. Esa oferta recreativa consiste en un crucero para 30 hombres (por identificarlos de alguna manera).

Cada uno de los 30 individuos paga 5.000 dólares en los que se incluyen comida de laureados chefs, barra libre de bebidas, una curiosa política drugs friendly, y 60 mujeres a bordo del barco de las cuales pueden disponer a su antojo los 30 pasajeros durante los 4 días que dura el paseo.

Entonces, imaginemos (si nos les causa una asco insoportable) a nuestro grupo de amigos “disfrutando” de tan variopinto viaje. Cuántas anécdotas y aventurillas tendrán para recordar entre ellos en los meses venideros! Y lo mejor, cuánto van a poder fardar con los colegas del gimnasio o del trabajo de su experiencia machuna de disponer de 60 mujeres a la carta.

Hablando de mujeres, no les contarán ni una palabra a sus señoras esposas, novias, hermanas y madres, las cuales ninguna se ha extrañado de que hubieran ido precisamente a eses destino de turismo sexual mundial. Habrán pensado: “todos los demás van de putas pero el mío seguro que sólo va de pesca submarina”.

Y por los amigos podrán estar tranquilos porque ninguno de ellos, ya sea participante o oyente, romperá esa omertà que les permite a los puteros seguir siéndolo feliz y libremente. Recordemos en este punto que los condenados de La Manada de Pamplona son 5, pero que en el chat que dio nombre a sus integrantes había 22 personas, espectadores silenciosos y muy entretenidos con las correrías de los afortunados integrantes que se habían pegado el viaje de su vida.

Cuantas conversaciones en manada deben producirse cada día en miles de sitios, donde unos cuentas hazañas fálicas y otros ríen y compadrean debatiéndose entre la envidia y la excitación? Se puede ser culpable de todo tanto por acción como por omisión.

Pero no perdamos a nuestros chicos. Los días después de esas vacaciones irán pasando y cada vez serán menos eficaces los recuerdos para volver a sentir el poder de la dominación que da la violación, aunque tengas que pagar 20 o 30 euros, y no sea lo mismo un piso o un burdel que un yate en el Caribe. Pero es lo que hay. Y como es lo que hay, y por suerte para ellos en España lo hay en abundancia, acudirán a los burdeles, pisos y rotondas a buscar el producto que el mercado les pone al alance de su mano, gracias al pingüe negocio de la trata de personas. Porque todos los días no se puede permitir uno viajar a la otra punta del mundo, pero uno sigue teniendo sus necesidades todos los días el año.

Esos “grupos de amigos” son los que han convertido a España, y particularmente Barcelona, para el resto de Europa, en lo que son Colombia, Cuba, República Dominica, etc. para los turistas sexuales. España es el primer destino preferente de Europa de turismo sexual. Nuestros chicos y el 40 por ciento de los “chicos” españoles que son los que reconocen consumir prostitución nos han convertido en un macroputiclub.

A este paso, quién sabe cuánto tardaremos en ver ofertas como el crucero Sex Island. O más bien, quién sabe si no es que ya las hay, solo que no nos enteramos porque están protegidas por esa omertà tan tradicional y tan varonil que todo lo camufla.

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