Todas somos Estefanía

No nos queda más que solidarizarnos con esta mujer, porque todos hemos sido alguna vez ella, y no para hacer daño a nadie, sino para hacernos bien a nosotros mismos.

nuria gonzalez

Lo siento mucho. Me van ustedes a perdonar, pero no lo puedo resistir. Yo también he caído en la tentación y no puedo abstenerme de hablar del último pelotazo televisivo, que está dando para mucho más que para innumerables memes, un sinfín de programas basura, y cantidad de noticias, curiosamente recogidas con mucho afán por los diarios deportivos Marca y Sport.

La Isla de las Tentaciones. Ese formato, que de tan predecible no era ni apetecible en un principio, pero que ha vuelto destapar la esencia de nuestra sociedad, que muere por un buen cotilleo, y donde la envidia y el critiqueo son, sin duda, la afición nacional más extendida y compartida.

«una villa llena de solteras, llamadas “tentadoras”, con mucha disposición y mucha silicona»

Debo advertir al lector que a partir de aquí este artículo contiene spoilers, y que si aún no se han enterado de que a quien se han repartido los papeles del calzonazos de España, la adultera malvada y luego arrepentida, el aprovechado de turno y la nueva Frozen, con el corazón más frío que un témpano, aquí le vamos a dar toda la información.

La cosa ha ido de la siguiente manera. Cinco parejas van a pegarse unas vacaciones de pulserita “all included” al Caribe. Una vez aterrizados, a los chicos los llevan a una villa llena de solteras, llamadas “tentadoras”, con mucha disposición y mucha silicona.

«los chicos todos muy musculosos y con una tendencia extraña a vestirse de morcilla de Burgos»

Lo de la silicona no es una apreciación mía, es que uno de los patrocinadores era una clínica con “magníficas ofertas” para operarse el pecho (reproduzco slogan) y había que lucir el producto, parece.

A las chicas, por su parte, las llevaban a la otra punta de la isla, a otra villa maravillosa llena de solteros, también llamados “tentadores”, todos muy musculosos y con una tendencia extraña a vestirse de morcilla de Burgos, esto es, bien apretaditos y con los pantalones a la altura perfecta para ir a regar pepinos en un momento dado. Y todo esto presentado por Mónica Naranjo, con cara de Cruela, y unos pelos que pedían mascarilla a gritos tales que se oían desde aquí.

Una vez hecha la composición de lugar, en el programa se daban varios objetivos. Las parejas decían que iban a poner a prueba su amor, y el programa a conseguir unos ratings millonarios de audiencia, directamente proporcionales a número de infidelidades que se consumaran ante las cámaras en ambas villas.

Esto es muy importante porque cualquier indiscreción de unos u otras iba a ser vista por la otra parte con todo detalle. Lo único que podían elegir era si ponerse en evidencia en solitario o en compañía- Es curioso que los chicos vieran las imágenes por separado, o no quisieron ver algunas, a su rollo. Sin embargo, el grupo de las chicas, compartió todos y cada unos de los videos de sus respectivos, arrimando cebolleta a todo lo se movía. Esto tiene un claro propósito: no perder el tiempo. Para qué ver cosas por separado si luego nos las vamos a contar. Refuerzo de grupo.

Y ese refuerzo funcionó, ya que mientras las chicas se han pasado unas vacaciones bien disfrutadas (algunas más que otras), la casa de los tipos (que eran una especie de aquellos sufridores del programa 1,2,3) era un valle de lágrimas, en la que cuatro de los cinco chicos se pasaban el día moqueando y el que no, se la pasó ejerciendo de pañuelo ajeno a tiempo completo. Que curioso porque es a éste al único que al final del programa la novia dejaría más plantado que un geranio, sin ni siquiera haberlo visto venir. El show es fantástico.

«esa desesperación corriendo por la playa al grito, ya mítico de:“Estefaniaaaaaaaa” ha pasado a la historia reciente de la televisión»

Y en medio de toda esta historia aparece nuestra protagonista sin parangón del espectáculo. Fani, una mujer de 34 años, mamá de un niño, y con un novio seis años menor que ella, y con una relación de siete trabajados años.

La chica, simpática, divertida y fiestera, ya se veía que no pegaba con el novio ni con cola. Christofer, cuyo nombre de sufridor no le podía venir más al pelo, se pasó las vacaciones viendo videos de su Fani montándoselo con uno de los “tentadores”, hasta el punto de perder los papeles y regalarnos uno de los momentos que ha pasado ya a la historia reciente de la televisión: esa desesperación corriendo por la playa al grito, ya mítico de:“Estefaniaaaaaaaa”.

A todos se nos rompió el corazón de ver a aquel pobre chaval destrozado por la mala cabeza de su novia. Y sin embargo, él estaba dispuesto a perdonarla. Pero ella no estaba dispuesta a renunciar al cachas así que mandó a Chris para casa y ella se quedó disfrutando de las vacaciones en los musculosos brazos de su nuevo “partner in crime” del adulterio. Nada hacía presagiar el futuro nefasto de dolor y sufrimiento que se cernía sobre la casquivana feliz, a la que no le importaba nada más en ese momento que su propio disfrute. Toda una lección de humanismo, si se piensa.

«Primero fue plantada en directo por su rollete, después ha sido tratada como un zorrón en todas las redes sociales»

Pero como aunque pueda parecer lo contrario este programa, que se ha disfrazado de transgresor, en realidad es un canto de lo más cursi al amor romántico de toda la vida, y una sucesión de todos y cada uno de los tópicos que forman aquella gran mentira de “el amor todo lo puede”, pues acabó triunfando el Amor, obviamente.

Pero el amor tiene un precio y nuestra Estefanía lo ha pagado con creces. Primero fue plantada en directo por su rollete, lo que la audiencia celebró como si la mismísima justicia divina hubiera caído sobre su pecaminosa cabeza. Después ha sido tratada como un zorrón en todas las redes sociales, foros, bares, plazas y programas de tele colganderos del show principal.

Y, por último, en el penúltimo programa, la pobre chica llevaba un nivel de autoflagelo y humillación tal, que ni levantar la cabeza podía. Aquel plató, donde esta mujer tuvo que pedir perdón por sus acciones (como si de una asesina comeniños se tratara), otras mil veces, más que la televisión del s.XXI, bien podía pasar por tribunal de la inquisición del s.XVII.

Pero ahí se mantuvo nuestra heroína pecadora, sin levantar la mirada del vaso de agua y aguantando los reproches de los otros maromos concursantes, todos abandonados por sus respectivas novias, y que llevaban un mes tirando la caña a sus propias “tentadoras”, con más pena que gloria. Incluso el propio sujeto de la infidelidad se permitió criticarla, a lo que el público respondió con aplausos, porque por muchos perdones que pidiera, el respetable tenía claro que Estefanía no había sufrido aún lo suficiente.

Y en este momento es cuando alcanzamos el clímax, ya que aparece Christofer, haciendo honor a su nombre y le otorga el perdón a su pobre novia, en plan “perdónala padre, que no sabe lo que hace”, cuando ya ella había sido rebajada públicamente a menos de la altura del betún. La perdona, le dice que la quiere, y entonces Estefanía la malvada vuelve a ser Fani, ahora redimida y perdonada, y convertida de nuevo en una mujer de bien admitida por la sociedad de hombres y mujeres juzgadores.

Sorpresa general, ovación cerrada y fin de la historia con ella subiendo a un avión rumbo a participar en Supervivientes.

No nos queda más que solidarizarnos con esta mujer, porque todos hemos sido alguna vez ella. Sólo que no lo han visto por la tele. Todo el mundo se ha vuelto loco alguna vez (algunos lo tienen por costumbre diaria), y no para hacer daño a nadie, sino para hacernos bien a nosotros mismos. Y eso que en un hombre es habitual, en una mujer es pecado mortal.

Y aunque Mónica Naranjo hiciera unas declaraciones diciendo que “la Isla de las Tentaciones es un programa feminista” (supongo que en su ignorancia absoluta cree que la infidelidad es algo transgresor, cuando lo cierto es que el tema cornamenta es más viejo que el andar para delante), lo cierto es que ha quedado claro exactamente lo contrario. Mujer infiel, a la hoguera multitudinaria de la moralina. Y Que sufra. Para que aprenda.

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