Testigos del crimen de Montcada: el acusado visitó la zona días antes del suceso

Según el relato de una de las camareras del bar “L’Alzina” de Montcada i Reixac, donde sucedió el brutal apuñalamiento en junio de 2019, el acusado estuvo en el local pocos días antes de cometer el crimen.

Testigos crimen Montcada: no era el primer día que el acusado visitaba la zona
El bar Alzina en Montcada es el lugar donde el asesino esperó más de dos horas la llegada de su víctima / Google Maps

Este miércoles se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Barcelona la segunda sesión del juicio contra Víctor A.I., el joven español de 29 años acusado de matar brutalmente al novio de su expareja. Tras una primera declaración a puerta cerrada, turno de Selene G., la que fue compañera sentimental del acusado en el pasado y de la víctima en el momento de los hechos, ha sido el turno de los testigos. Todos ellos presenciaron los hechos que se registraron la mañana del 1 de junio de 2019 frente al bar “L’Alzina” en el barrio de Santa María de Montcada. 

Muchos de ellos, aun sabiendo que el acusado estaría tras un biombo, han accedido a la sala con el rostro cubierto. Tienen miedo a posibles represalias. Montcada Santa María es una zona tranquila, todos se conocen entre todos. De hecho, uno de los testigos ha reconocido que la presencia de Víctor A.I le llamó la atención, precisamente, “porque no era de la zona”. En el barrio de casitas bajas y grandes chalés hay poca actividad comercial, pero los vecinos ‘de toda la vida’ tienen reunión semanal cada sábado por la mañana en el bar, popularmente conocido como el “Petit”. Ellos han sido los protagonistas hoy y lo serán mañana.

Ya había estado en el bar días antes

El testimonio de una de las camareras del local ha sido clave para conocer que el acusado, cuya defensa se escuda en su enfermedad mental crónica, ya estuvo en el local el martes de esa semana, escasos días antes de comer el crimen, que sucedió en sábado. La testigo ha explicado que ese martes ella estaba trabajando cuando Víctor A.I. entró muy apresurado al local pidiendo dónde podía encontrar un bazar. La camarera lo atendió, le indicó y el ahora acusado le requirió si podía dejar una caja “como para animales” en el bar, mientras se dirigía al bazar.

publicidad

Ella accedió y siguió su jornada como si nada. Fue entonces cuando una pareja que hasta entonces había pasado desapercibida se levantó de la esquina donde estaban “tomando una coca-cola” y se dirigieron algo temerosos a la trabajadora del bar. Fue entonces que la clienta le explicó que el individuo que acababa de entrar era su expareja y que llevaba días amenazándola de muerte. Por ello, decidieron seguir con su refresco en una zona más apartada de la terraza y desaparecer del campo de visión de los transeúntes que pasaban por la calle anexa.

Cuando el acusado regresó del “badulaque” parecía muy nervioso. La camarera ahora lo asocia a que perdió de vista a la pareja, que se había movido de mesa. Cogió la caja y se marchó refunfuñando.

La misma camarera avisó a la pareja

Fue ella misma quien el sábado por la mañana, cuando fue al bar a desayunar y vio de nuevo al joven en un extremo de la barra, alertó a la pareja de la presencia del acusado. “Ya es tarde, estamos pasando por aquí” le respondió la víctima. Selene G. y su compañero pasaron por delante del bar, todo de cristaleras, y Víctor A.I., al verlos, salió corriendo tras ellos. Llevaba una mochila de la que rápidamente sacó un machete de unos 30 -40 centímetros.

La camarera había alertado a otros de los presentes sobre la presencia del acusado, informándoles sobre las amenazas que le había proferido a su expareja. Es por eso, por lo que, cuando los comensales le vieron salir corriendo pusieron el foco sobre él. Intuían que algo malo estaba a punto de suceder. Sospechas que se confirmaron cuando el agresor sacó de su bolsa un arma de grandes dimensiones. Rápidamente los ahí presentes trataron de poner a salvo a la mujer, mientras el acusado discutía con la víctima. Este se defendió con un spray, pero a la que se dispuso a salir corriendo, tropezó y el acusado se le lanzó encima. Los vecinos no pudieron hacer nada. Antes de la caída intentaron mediar con el agresor, pero cuando vieron la salvajada que estaba dispuesto a cometer se retiraron mientras avisaban a la policía.

Le cortó los genitales y lo celebró

Una vez encima de la víctima empezó la escabechina. Le apuñaló hasta que no le quedaron fuerzas. Todos los testigos han coincidido en afirmar que el agresor paró en dos ocasiones, en ambas los vecinos trataron de acercarse, pero pronto recuperaba el cuchillo y les amenazaba con ser los siguientes. Cuando le seccionó los genitales, alzó los brazos y lo celebró. Todo ello mientras iba gritando a los cuatro vientos “se lo merece”, “acosador”.

No fue hasta que finalmente lanzó el cuchillo y los genitales por el aire que los ahí presentes pudieron reducirlo para que no escapara. La trabajadora de los fines de semana ha explicado que decidió bajar las persianas del bar y cerrar la puerta para que la mujer no pudiese presenciar todo lo que estaba sucediendo y, en especial, para que luego el acusado no fuese a por ella. Muchos de los ahí presentes necesitaron atención sanitaria y psicológica. La peor parada ha sido la camarera que atendió a Víctor A.I. el martes de esa misma semana: “lo he perdido todo por culpa de esto”.

En distintos grados, todos los testigos quedaron muy afectados por la dureza de la escena y así lo han trasladado en sede judicial. “No paraba. Nunca en mi vida me hubiese imaginado ver algo tan brutal. No hay palabras para describir lo que fue eso… fue terrible”.

El ensañamiento coge forma

Tras escuchar a los primeros testigos, el agravante por ensañamiento que mantiene por ahora la Fiscalía y que niega la defensa, al entender que la víctima no sufrió porque murió en las primeras puñaladas, va cogiendo forma. Según sus versiones de los hechos, la víctima estuvo un rato tratando de defenderse mientras el acusado le apuñalaba como si no hubiese un mañana. “Movía los brazos, trataba de repeler la agresión, le cogía de la cara, pero nada… no pudo hacer nada”. De esta manera, si se acredita que la víctima no falleció en las primeras puñaladas, como narró el acusado (que asegura recordar como vio que se le apagaba la mirada) quedará demostrado que sí que hubo un sufrimiento gratuito y que, por lo tanto, hubo ensañamiento.

En este sentido, cabe recordar que el acusado asestó cerca de 200 puñaladas a la víctima por rostro, cuello y abdomen, de las cuales 118 causaron heridas en el cuerpo del joven.

El escudo de su enfermedad mental

Con todo, a pesar de que el Ministerio Fiscal reconoce que el acusado tenía ligeramente mermadas sus facultades volitivas e intelectivas la mañana de los hechos, considera que es igualmente autor de un delito de asesinato con alevosía y ensañamiento. Su defensa, sin embargo, considera que su cliente es autor de un homicidio del que no se le puede responsabilizar debido a su esquizofrenia paranoide crónica y al hecho de que hacía semanas que no tomaba la medicación.

En sede judicial el acusado declaró este martes ante el Jurado Popular, que dirimirá sobre su grado de culpabilidad, que unas voces se apoderaron de él. Si bien es cierto que el procesado tiene diagnosticada dicha enfermedad, por la cual tiene antecedentes penales al agredir a su padre años atrás, el eje de todo este procedimiento se centrará en averiguar en qué medida tenía sus capacidades alteradas para diferenciar el bien del mal la mañana del 1 de junio de 2019.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here