Terrazas de debut y despedida

Da la sensación de que, la marcha de Pau Donés es la prueba final de que la fiesta ha terminado. Mi adolescente interior me lo advierte muy clarito

nuria gonzalez

Además de a muchas otras personas, esta malvada primavera de 2020 hemos dicho adiós a Pau Donés. Lo cierto es que no es un mal momento para irse de este plano existencial, viendo el panorama siniestro que nos rodea, dominado por esa “nueva/vigilada normalidad”.

La Flaca” apareció en el verano de 1997. Yo tenía dieciséis añitos recién cumplidos, y el ritmo del temazo fue, sin duda, la banda sonora de mi “Primer Verano”. Al cual le seguirían muchos otros “Veranos” más (soy una mujer afortunada, saludos a todos), y todos, en un momento u otro, al ritmo de esa música, porque “La Flaca” ya nunca se fue.

Pero no sólo estaba esa negra que pesaba cuarenta kilos de salsa. Todos los temas de ese grupo saben y recuerdan siempre a lo mismo, al menos, para gran parte de mi generación ochentera. Al roce, a la piel, al bailoteo sinuoso, al mar, al verano, al sudor y a la pasión. Momentánea pero sincera. Desgarrada pero sabrosa. Efímera como el calor, pero muy rica. Juventud en todo su esplendor.

Sin embargo, todo eso ya no existe. No va a haber adolescentes experimentado en los conciertos en las playas este verano, porque ya no hay conciertos. Ni playas. Tampoco va a haber bailoteo, ni sinuoso de ningún tipo, porque tampoco se puede bailar ya ni en las discotecas. Y tampoco va a haber pasión, porque la condena a la soledad de los dos metros de distancia humana a nuestro alrededor impide cualquier tipo de interacción. No existe el tacto, ergo, no existen el resto de humanos.
Sin comerlo ni beberlo, y como decretaba con acierto y pena Celia Blanco en su columna de El País hace unos días, estamos, oficialmente, ante el primer verano sin amores de verano. Así que sí, no es un mal momento para irse.

Han sido más de veinte veranos de muy buen soundtrack, al que el reguetón jamás nunca podrá hacer ni sombra. Ya se que la música no se pierde, pero no es lo mismo escuchar la música de un vivo que la de un muerto. Y menos esta música que es pura vida, alegría y desdramatización y diversión, incluso cuando que se trataba de una canción triste. Todo lo contrario a lo que estamos viviendo ahora. La sensación de que, la marcha de Pau es la prueba final de que la fiesta ha terminado, es muy contundente. Mi adolescente interior me lo advierte muy clarito.

Además, hubo canciones a cosas que no ha hecho nadie más. Por ejemplo, de mis preferidas es la dedicada a un “Cantamañanas”. Un concepto typical spanish, porque es imposible explicarle a alguien de fuera qué es un “Singer-morning”. Y eso que nunca falta el cantamañanas de turno. Como, por ejemplo, el que las redes sociales esta semana hacía alarde de no lamentar la muerte del cantante puesto que nunca había cantado en catalán. Este tipo encarna perfectamente la definición de cantamañanas, que es aquel que pudiendo ahorrarse decir una estupidez, la derrocha y decide compartirla con el universo. Un cantamañanas.

O el otro cantamañanas de la semana, que ese es además cantante de profesión. El que, incluso habiendo fallecido su propia madre por el maldito virus, explica, a quien le quiera prestar atención, que esto del Covid-19 es todo un invento y aprovecha, de paso, para soltarnos el rollo antivacunas. Otro cantamañanas. Sólo que este además está pleiteando en estos días con su exmarido por ver quien se queda con la custodia de cuatro menores adquiridos mediante contratos de vientres de alquiler. Obviamente, si a este sujeto le hubieran hecho los test de idoneidad para adoptar, seguramente no hubiera podido adoptar ni un cactus. Pero así es esto del dinero y los caprichos.

Pero hoy no es el día de dedicarle más letras a más cantamañanas, porque hoy estoy de despedida. De triste despedida.

No sólo de la persona, ni de su obra, sino también de la manera de disfrutarla. Los enterramos juntos con los veranos buenos, para empezar ahora un no-verano. Y como no podía ser de otra manera, en esta nueva era en la que todo pasa en las terrazas y los balcones, lo hacemos desde una terraza. Esa desde la que se despidió hace escasos días.

Aunque yo, que me llevo muy mal con la muerte, prefiero la terraza del debut a la de la despedida. La primera terraza, la terraza de “La Flaca”, aquella desde donde nos saludó la primera vez, y donde los posts adolescentes cuarentones de hoy, inauguramos entonces, El Primer Verano.

“Ya llevamos unas semanas,
de primavera, tardes soleadas.
En el bosque de las manzanas,
vive Palo Cantamañanas.”

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