Taxistas de Madrid, el Tribunal Constitucional y el bocio

Todo ello nos lleva a lo negociado por ERC con la muchachada del actual Desgobierno de España respecto a la ley de educación

Ricardo Gómez de Olarte

Sí, lo sé. El título de este artículo parece no guardar relación entre sí, pero tengan fe, que aunque sean cogidos por los pelos, hay argumentos que aúnan esas tres cosas, los taxistas de Madrid, el Tribunal Constitucional y el bocio. O cuando menos, creo que existe uno. Vayamos por partes.

Hace ahora cuatro años tuve que pasar una temporada en Madrid y cada fin de semana retornaba a Barcelona. Como sea que entre semana, además, debía moverme diariamente entre Madrid, Torrejón y San Fernando de Henares, uno, que es de natural expansivo, acabé hablando con la gente de la calle. Especialmente con los taxistas. Guardo de ellos recuerdos y anécdotas muy divertidas.

En una de estas, mi taxista y yo vimos como otro “desencochaba” a Gabriel Rufián en Atocha. Mi chófer, sin esperar a comentario alguno por mi parte que le diera pie, empezó a desgranar una letanía de improperios contra el diputado de ERC. Ni siquiera me preguntó si yo era catalán o simpatizante de Esquerra. Lo cierto es que tras un mes en Madrid, mi escaso acento catalán había desaparecido y eso me permitía pasar más inadvertido. Mi taxista, con esa gracia para el insulto que solo he visto en Sevilla y en Madrid, le endilgaba menciones a la madre y a la familia (la muerta y la viva).

Al mismo tiempo de preguntarle que cuál era el motivo de no mentar al padre, intuí parte de la respuesta: “Para eso hay que conocer al padreo. Si fuera el caso, dejaría subir al padre, pero a ese mamarracho (palabras del taxista, no mías), nunca ¿No sabe Vd. que en Madrid tiene problemas para encontrar un taxi? Ni yo ni uno de mis compañeros lo admitimos como pasajero”. Intrigado, requerí más información y según me contó, parece que Rufi se llegó a quejar a la autoridad competente por ese vacío de los taxistas de Madrid. La respuesta fue una evasiva monumental que evidenció, una vez más, la ingenuidad de Rufián.

Ello nos lleva a lo negociado por ERC con la muchachada del actual Desgobierno de España respecto a la ley de educación.

Pedro Sánchez, ignorando al resto de partidos independentistas, se ha limitado a pactar con ERC, con una doble esperanza: de un lado facilitar la medalla a ERC de cara a un aumento de votos de la formación republicana en las próximas elecciones catalanas y, de otro, asegurarse el voto a favor en la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. ERC, una vez más, ha vuelto a pecar de ingenua. Hace tiempo que el castellano/español ha desaparecido de Cataluña como idioma vehicular.

Quien quiera que ese idioma sea el de la enseñanza de sus hijos debe acudir a escuelas y colegios absolutamente privados. Para que no se note demasiado el plumero, las alegres comadres de Windsor han hecho extensiva esa ley a todo el territorio nacional, sabedores de que sólo en las comunidades autónomas con aspiraciones independentistas se hará uso de esa prerrogativa: esto es, Euzkadi y Cataluña. Quizás Baleares y Valencia dependiendo de quien gobierne en cada momento.

Además, hace años que en Cataluña el español/catalán dejó de ser el idioma vehicular en la escuela. Ello va a ocasionar un desmadre importante. El español es la lengua materna de 472 millones de personas y la lengua vehicular de 21 países en el mundo. Lo habla el 6% de la población mundial. También es el segundo idioma del mundo en número de hablantes nativos de todo el planeta, solamente superada por el chino mandarín. Pero también es el segundo idioma en el cómputo global.

De acuerdo con la futura ley Celaá el español/castellano puede desaparecer como idioma vehicular en todo el territorio nacional. ¿Se imaginan qué ocurriría en Francia si el francés se suprimiera como idioma principal en favor del occitano (que no “catalán del Norte”) o del vasco en parte de la Aquitania? Se monta la mundial!

Nos queda el consuelo de que con el catalán, el vasco o el gallego nos van a entender perfectamente en cualquier lugar del mundo. Imagínense la situación en un taxi en Nueva York o Londres o París, con la amabilidad que caracteriza a tan simpáticos conductores: “Escolta, nen, porta’m a la cinquena avinguda amb el carrer quaranta-dos, si us plau. ¡I no donis voltes que us conec!” (Oye, chico, llévame a la quinta avenida con la calle cuarenta dos, por favor. ¡Y no des vueltas que te conozco!)

La jugada de Sánchez ha sido mejor que la de Zapatero con el nuevo Estatut de Cataluña. Se ha asegurado el voto de ERC para sacar adelante sus Presupuestos Generales del Estado y facilita que ERC pueda desbancar a los grupúsculos herederos de CiU. Pero Sánchez, mentiroso pero en absoluto tonto, es conocedor de que el PP recurrirá dicha ley ante el Tribunal Constitucional. Sánchez sabe que este tribunal, con toda probabilidad, anulará tanto las partes que atentan contra la libertad de elección de colegio como, sobre todo, la que afecta al idioma español como lengua vehicular. Eso sí, para cuando se deroguen, ERC ya habrá votado a favor de los presupuestos de Sánchez. Una vez más, ERC y Rufián como su primer representante en Madrid, han vuelto a pecar de ingenuos.

Vayamos ahora con el bocio. Es una enfermedad que afecta a la glándula tiroides. Básicamente el bocio multinodular es esa enfermedad por la que se forman varios bultos sólidos o llenos de líquido llamados nódulos en ambos lados de la tiroides, lo cual ocasiona un agrandamiento general de la glándula. Se nota por el buche de palomo que aparece en la garganta y que si está desarrollado puede acabar afectando a la tráquea o al esófago.

En Cataluña, el ejemplo más conocido de bocio es, curiosamente, el de la Sra. Alba Vergés, flamante Consejera de Sanidad, economista perteneciente a ERC. Si afecta a al esófago puede ocasionar que se deje de comer. Y si afecta a la tráquea puede significar que se deje de respirar. En el primer caso, el del esófago, justo es reconocer que cierto régimen le vendría divino a la Sra. Vergés. El segundo, el de la tráquea, quizás le conviniera más a los catalanes que sufrimos sus hiperventilaciones, que evidentemente a la Sra. Vergés.

Recordemos las palabras de la, bien amada pero nunca entendida, consejera en el primer confinamiento:

10 de febrero de 2020 «nosotros ponemos todas las medidas y tenemos toda la capacidad para poder detectar y para poder tratar cualquier caso que pueda salir y que en ningún caso debe haber una alarma y ningún problema de salud pública».

26 de febrero de 2020 «En Cataluña tenemos un caso importante y, por tanto, significa que no hay transmisión local. No hay transmisión comunitaria en nuestro país»

10 de marzo de 2020, cuatro días antes de que se decretase el estado de alarma en toda España, Alba Vergés aseguró que “No hay una razón objetiva» para suspender el Salón de la Enseñanza y que actos con 100, 200 y 300 personas «Todavía no se darán indicaciones. No hay ninguna recomendación»

Ahora que Sánchez, harto de recriminaciones de las diferentes autonomías ha decidido, cobardemente, esconderse en la delegación de facultades y ceder la responsabilidad a aquellos que tanto clamaban por un país propio, resulta que éstos, la Vergés a la cabeza, se vuelven a encontrar desbordados. Dan la sensación de “Bueno, bueno, no hay tanta prisa en eso de tener que afrontar ahora las responsabilidades de un país independiente. Ciertamente ladramos mucho en nuestra parte de jardín, pero ahora no nos obligues a morder como perro guardián porque resulta que no tenemos ni dientes ni estamos preparados para afrontar la defensa de nuestra propia casa. Pero ladrar, sigo ladrando mucho, eso sí”.

El nuevo decreto de alarma fue valorado positivamente por ERC ya que así la Generalidad de Cataluña puede gestionar la lucha contra el COVID-19. Incluso creyó que dicha medida se quedaba corta. Pero finalmente, como si se tratara de la escena del sofá, la monja ursulina Dª Gabriela Rufián ha vuelto a claudicar ante la lisonja de D. Juan Pedro Sánchez Tenorio (estamos en noviembre y es el mes del Tenorio) y ha entregado la poca virtud que le quedaba por unas míseras y volátiles promesas de que será Pedro Sánchez quien comparecerá cada dos meses en el Congreso para dar explicaciones sobre la marcha de la pandemia.

No hace falta ser futurólogo para anticiparse a lo que dirá Sánchez: “Señoría, Sr. Rufián, quienes ostentan la responsabilidad de la lucha contra la plaga son Vds. en su autonomía. De hecho el presidente en funciones es de su propio partido ERC. ¡Anda! Y su consejera de sanidad también lo es. Sr. Rufián, no me pregunte a mí. Pregunte Vd. a su presidente Aragonés y a su consejera de sanidad Sra. Vergés” Y así cada dos meses.

Sánchez gobernando es una nulidad. Pero el Sánchez político es muy bueno o al menos quien le susurra al oído. ¿Iván Redondo quizás? ¿Se acuerdan de aquella serie inglesa “Sí ministro”? Les miente a todos y todos lo acaban creyendo y votando una y otra vez. Claro que con esta tropa de oposición, tampoco no lo veo yo muy complicado. Eso sí, Rufián ya puede ir pensando en nuevos numeritos circenses para el Congreso que como no consiga distraer la atención con un nuevo show, lo mismo hasta alguno de sus electores se da cuenta, no solo de la escasa capacidad cognitiva que tiene el chico, sino de que es innecesariamente ingenuo para andar en política. Como un tonto de baba pero armado por “el mandato de las urnas” y buscando acumular años para conseguir la paga vitalicia de diputado jubilado.

Supongo que a estas alturas, todos habrán podido ver que sí existe un hilo conductor entre los términos del título: la estulticia disfrazada de ingenuidad.

“Dios me libre de los tontos que de los listos ya me libro yo solo”
Joan Bilbao Bergés

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