Suena la música de Sant Jordi

Suena la música de Sant Jordi

Oigo música de fondo y, en este caso, es el mejor sonido que podría escuchar cualquier lector. El runrún que provoca la gente cuando pasea el día de Sant Jordi hace que percibamos el entusiasmo y la alegría del momento cuando observamos a las personas sostener cálidamente un libro de segunda mano, comprar la última novedad que ha salido al mercado o emocionarse en la cola de firmas mientras espera conversar diez segundos con el escritor elegido.

En otras circunstancias, pasaríamos por alto los detalles que provocan las reacciones de la mayoría de la gente pero, justo hoy, somos unos feroces observadores de todo lo que nos rodea. Escuchamos con atención las recomendaciones de una persona que no conocemos de nada solo por el simple hecho de que se emociona hablando del ejemplar que acuna con cariño, sonreímos con la mirada cuando percibimos que no somos los únicos que vamos saturados de libros y bromeamos con el librero cuando pasamos la tarjeta de crédito dos veces.

El canario y el cangrejo

Ahora, hace justo un año, recuerdo el momento preciso en el que, sentada en la mesa exterior de un bar cualquiera y rodeada de la frescura de los árboles en primavera, espero a un hombre que achina los ojos cuando reconoce a alguien en la distancia.

Igual que el personaje de su novela, esa mañana pide un vaso de agua del tiempo y disuelve un comprimido efervescente de Actron en el. Mi cara de sorprendida le sorprende y acierta al dar un explicación que lo explica todo. “El ron, mi niña, el ron”. La resaca no le incapacita para empalmar un cigarrillo con otro y, en ese momento, pienso que no he conocido a nadie que fume y hable tanto como Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971).

Es imposible interceder cuando Alexis empieza una conversación. Así que yo bebo (un maravilloso zumo de melocotón, no malpenséis) y me empapo del entusiasmo y conocimiento que muestra el escritor cuando intenta explicar que, el proyecto que lleva entre manos, es algo más que una nueva publicación.

Está exultante, dándome la sensación de que se intenta convencer a sí mismo de que no hay nada que pueda salir mal (excepto una resaca de ron malo).

Ese 23 de Abril de 2018, el relato que ahora me lleva a escribir sobre él, no tenía la forma concreta que el escritor ansiaba darle, necesitaría una infinidad de horas para sacar lo mejor de sí mismo y crear algo que fuera comercial, exitoso. Alexis, desde aquí te doy mi más sincera enhorabuena, lo has conseguido. Has creado un libro donde el lector necesita saber más del protagonista principal, que no es otro que el adorado César Manrique.

El desarrollo sostenible no es una opción

Ángel Fuentes se desplaza desde El Líbano para darle el último adiós a su pareja, Olga Herrera. La joven ha muerto, en unas circunstancias un tanto trágicas, al caer por un precipicio mientras intentaba sacar una fotografía de un lugar en concreto. Olga estaba ultimando el libro sobre el pintor canario César Manrique cuando decidió completar el documento con unas instantáneas que acabaron con su vida.

Lo que contienen esas fotografías, ligadas a las últimas reuniones de la víctima, hacen que Ángel comience a investigar por cuenta propia la muerte de su pareja. Visitar el lugar de los hechos, hablar con los lugareños y cerciorarse de las causas de la muerte serán las tareas a las que se deberá enfrentar el muchacho nada más pisar la isla.

Con la fuerza y sensibilidad que destila la prosa de Alexis Ravelo, el lector correrá por la isla de Lanzarote como si fuera el protagonista y reunirá los datos suficientes para comprender que no es ciego como los cangrejos, pero ¿ante qué y cómo han cerrado los ojos los personajes de esta historia para no querer ver lo que tienen delante?

Un nuevo homenaje a las islas

Alexis Ravelo parapeta sus historias en un contexto donde los protagonistas no tienen escapatoria. Las islas son el lugar y el escenario elegido por el escritor para homenajear sus orígenes; a ellas recurre cuando la historia se lo permite y en ellas escurre la mayoría de sus inquietudes literarias.

Lo mismo nos cuenta el secuestro de una millonaria como lo hizo en «Las flores no sangran«, que crea un detective pobre y desastrado con el que la mayoría de los lectores no se sienten identificados (que conste en acta que a mi Eladio Monroy me encanta).

Hablar de los sinsabores de la Guerra Civil española en un contexto dirigido por un trío amoroso es arriesgado, sí, pero Siruela acaba de lanzar la quinta edición de «Los Milagros Prohibidos», así que el lector saque sus propias conclusiones.

En ‘La ceguera del cangrejo‘, el escritor vuelve a hacerlo y se lanza al mar sin chaleco salvavidas. Utiliza al pintor César Manrique para captar nuestra atención y, una vez dentro de su casa, denuncia la especulación inmobiliaria y el deterioro medioambiental que sufrieron las islas en los años 80. La trama criminal con la que envuelve el resto de la historia será la guinda que coronará una novela donde la sombra del artista estará presente en cada página y en cada instante.

Viajar con Alexis Ravelo a través de sus historias es aceptar que esa condición de autodidactas que tanto nos condiciona a los principiantes es magnífica para crear sin complejos, miramientos ni frustraciones. Leer al escritor canario es disfrutar con su lenguaje y aceptar el regalo del calor isleño mientras nosotros, cobijados en un lugar pasajero, estamos rodeados de temporales.

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