Siempre hay esperanza

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España. Es un problema de Salud Pública, que nos implica a todos. Sin embargo, hoy no me voy a aventurar a dar respuestas que no tengo, pero les hablaré de lo que sentí en Es Colomer y lo que me trajo a escribir estas línea

Siempre hay esperanza
Mirador de Es Colomer en el cabo de Formentor (Puerto de Pollença, Mallorca) / eltaquigrafo.com

En el extremo nordeste de la isla de Mallorca, la tierra esculpe el cabo de Formentor. Una obra maestra de la naturaleza que se erige por encima del Puerto de Pollença. Azotada por el viento y el oleaje del mar Mediterráneo que golpea a sus pies, el cabo de Formentor es, sin duda, uno de los paisajes con más magnetismo de toda la isla. Sus puestas de sol dicen tener una energía sobrenatural y las noches de luna llena una magia especial.

Sin embargo, para muchos otros, el cabo de Formentor y, en especial el mirador de Es Colomer, es un punto de no retorno. Y es que es una realidad, aunque sigue envuelto de muchos tabús, que muchas personas han decidido suicidarse en este lugar. Saltando hacia una muerte segura, en una caída impresionante, pero de consecuencias irreversibles.

Saltar al vacío

Poco antes de mi visita al mirador de Es Colomer, hablé con la psicóloga Sonia Cervantes sobre la muerte por suicidio, que cabe recordar que es la primera causa de muerte externa en España. Cervantes me recordaba que las personas que deciden poner punto y final a su vida en realidad no quieren morir, pero tampoco quieren seguir viviendo la vida que llevan. Por eso, no ven otra salida que la de saltar al vacío. La muerte por suicidio es un problema de Salud Pública, al alza tras la pandemia, con el desarraigo o la incertidumbre acechando, y en muchos casos subyace la depresión u otro tipo de problemas de salud mental

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Se mire por donde se mire, poner fin a la propia existencia es una realidad compleja, todavía silenciada y estigmatizada que debe ser abordada de forma multidisciplinar para poder prevenir el aumento de casos e instaurar una nueva imagen de esta realidad, basada en la posibilidad de pedir ayuda de profesionales y salir del bucle que nos conduce al punto de no retorno.

Siempre hay esperanza  

Hoy no me voy a aventurar a dar respuestas, soluciones o propuestas que no tengo, pero les hablaré de lo que sentí en Es Colomer y lo que me trajo a escribir estas líneas. Este mirador son muchas cosas, y una de ellas es la soledad intrínseca. Un lugar de paz, alejado del bullicio de la isla bonita. No es un lugar de paso, sea cual sea la intención, Es Colomer es un destino. Hay que conducir por una estrecha y acantilada carretera de curvas, con el precipicio a nuestros pies.

El trayecto dura unos 20 minutos, un poco más si el bus turístico circula delante nuestro. El parking suele estar lleno, pero la inmensidad del espacio te hace sentir pequeño, solo y desamparado. En mi caso, me sentí acompañada de la puesta de sol que nos alumbraba desde el oeste.

Los acantilados se intercalan unos con otros y hay espacio para perderse, incluso desaparecer. Sin embargo, la soledad impacta de bruces con el color del sol reflejado en el mar, las sombras que dibuja la montaña y la melodía del mar en calma, rozando las rocas. De pronto, la soledad no importa, porque la esperanza se dibuja en el paisaje. Y, si al principio pude llegar a entender porque ese lugar acogía tantas muertes por suicidio, me marché repleta de una magia sanadora. Y me acordé de las palabras de Sonia, “siempre hay solución, siempre hay una salida”. Como en Es Colomer.

Trabajo en equipo

Y para que en los casos reales la soledad no se imponga a la esperanza, la sociedad se debe volcar en romper prejuicios y reordenar las negativas ideas acerca de la muerte por suicidio. Dejar de señalar, para empezar a acompañar.

2 Comentarios

  1. Es impresionante la capacidad que tiene el socialfascismo para arruinar a las personas y para degenerar los países, por lo cual no es de extrañar que cada día se suicidan miles y en un año en el mundo, lo hagan un millón.

  2. ¿Que dirá infancia libre?

    La menor que denunció a un indigente por abuso sexual en Valladolid confiesa que se lo inventó porque llegaba “una hora tarde a casa”

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