Sicarios

Ricardo Gómez de Olarte
Ricardo Gómez de Olarte

En inglés se denominan “hired killer”, es decir, asesinos de alquiler. Es más gráfico. El origen del término en español proviene de la daga denominada “sica” que era el arma que estos asesinos escondían entre los pliegues de la túnica. En la Roma clásica ya eran objeto de temor por su violencia y crueldad. Curiosamente, el origen no era romano, sino judío y no lo eran por dinero sino por motivos políticos.

Si en algún momento fuera posible comprender la mentalidad de cualquier sicario, ese intento de entendimiento debería pasar por saber que el concepto del respeto a la vida humana no es el mismo para ellos que para el común de los mortales. Dejando de lado componentes psiquiátricos, en sociedades intelectualmente avanzadas apenas se encuentran sicarios autóctonos.

De hecho, en España apenas hay nacionales que se dediquen a dar matarile a un prójimo a cambio de un estipendio. Y las connotaciones de los profesionales patrios dedicados a estos menesteres no dan para vivir de ello en exclusiva. Es decir, el matarife tiene otro trabajo (cuando no carece de él íntegramente) y redondea sus ingresos con esa actividad. Matones y profesionales del susto y la coacción, tenemos muchos. Pero asesinos a sueldo, pocos.

Para evitarme líos vamos a recordar aquel país imaginario que ya ha aparecido en alguno de mis escritos aquí publicados. Imaginen que recién depuesto el dictatorial régimen anterior de Nardilandia (por aquello de que todo el mundo hace lo que le sale del nardo) y con una democracia frágil pero ya casi asentada, un político de ambas épocas de ese país inventado debe efectuar una visita a la segunda y más díscola ciudad de ese estado imaginario, llamada Rabalona.

La policía ordena limpieza de elementos subversivos (léase detenciones masivas) pero hay una persona en concreto que es excesivamente molesta ya que temen algún acto violento. Las fuerzas del orden llaman a capítulo a un señor muy comprometido con el régimen anterior y le sugieren que el sujeto potencialmente peligroso desaparezca de forma permanente. A tal efecto se le facilita direcciones habituales y datos personales.

El señor entiende perfectamente el mensaje y justo la víspera de la visita del político, visita al sujeto. Cuando éste abre la puerta, le descerraja un tiro a bocajarro y se larga. La policía investiga el crimen pero jamás se haya al culpable. ¿El asesino puede ser considerado como sicario? En puridad sí, ya que no cobró un céntimo y lo hizo por motivos políticos. Además, el crimen jamás fue esclarecido.

en España apenas hay nacionales que se dediquen a dar matarile a un prójimo a cambio de un estipendio

Continuando en Rabalona, podría hablarles de un narcotraficante que se suicidó después de violar y matar de una paliza a su amante (que además era su abogada) justo antes de ser detenido e interrogado por una de las fuerzas de seguridad de ese estado.

El narcotraficante tenía en nómina a buena parte de otra fuerza de seguridad dedicada –paradójicamente- a la persecución del tráfico de drogas en Rabalona. Todos los compañeros de trabajo del narco conocían la devoción y fidelidad mutua que se profesaba la pareja. Y también era conocido en ese ambiente hasta dónde llegaba la corrupción de esa fuerza policial. ¿Asesinato y posterior suicidio o asesinato por encargo? El crimen jamás fue esclarecido.

Podría comentarles el viaje de dos abogados de Rabalona a un país tropical. Su objeto era obtener pruebas de que unos terroristas muy buscados en Nardilandia vivían libres, tranquilos y sin trabajar en ese país tropical. Obtuvieron fotos y antes de poder entregarlas en el consulado de Nardilandia, unas personas con autoridad del país tropical les requisaron cámaras y carretes fotográficos (aún no existía la fotografía digital). Llegados al consulado, los diplomáticos de Nardilandia les comentaron que eran imaginaciones de esos abogados. Posteriormente se supo que era Nardilandia quien pagaba a ciertos militares de ese país de acogida por tener, mantener y retener a los terroristas en ese paraíso. Los crímenes de los terroristas en Nardilandia jamás se esclarecieron.

En Italia, al poco del asesinato de Aldo Moro a manos de las Brigate Rosse aparecieron cadáveres de terroristas a un lado de la carretera y en la otra cuneta sus cabezas. Poco a poco, las Brigate Rosse fueron desapareciendo y los crímenes de la cuneta jamás se esclarecieron.

el Estado, para bien o para mal, siempre quedará impune y posee unos recursos ilimitados

En Barcelona, todos podemos recordar el asesinato de Félix Martínez Touriño, director del Centro de Convenciones Internacional de Barcelona (CCIB) a manos de un sicario colombiano y por encargo de un subordinado del asesinado. El autor material cobró 9.000 € y el intermediario que puso en contacto al autor material (el ejecutor) con el autor intelectual (el inductor del crimen), cobró 12.000 €. La condena fue de 24 años al ejecutor, 18 años al inductor y 13 al intermediario. La indemnización fue de 600.000 € que no se ha pagado jamás.

La vida de Martínez Touriño costó 12.000 € y todos esos años de cárcel para los autores. En Cali, un apartamento de tres habitaciones, dos baños, salón comedor, cocina, zona de aguas, aparcamiento y en un recinto cerrado cuesta actualmente unos 450 €. Pueden imaginar que comparativamente, cualquier prisión española supone un apartamento de lujo respecto a la mayoría de cárceles colombianas.

Las conclusiones son evidentes. No es lo mismo la iniciativa pública que la privada. No se puede competir contra el aparato de un estado, porque el Estado, para bien o para mal, siempre quedará impune y posee unos recursos ilimitados. Por otra parte, la idea de respeto a la vida humana que tenemos en sociedades –que no países- con mayor cultura y formación intelectual es muy diferente a la de otras donde es muy difícil sobrevivir y salir del arroyo común.

Como dicen los economistas “Todo se reduce a un problema de coste” Personalmente, añadiría “Desgraciadamente, también hasta la vida humana”.

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