Sí, los juguetes sexuales se pueden hackear

La revolución de los juguetes sexuales ha abierto un nuevo nicho de mercado a los ciberdelincuentes, que se aprovechan de las vulnerabilidades en los sistemas de seguridad de estos dispositivos, en especial los conectados a Internet, para obtener información sensible y muy íntima de sus víctimas.

Sí, los juguetes sexuales se pueden hackear
Los dispositivos más vulnerables son los que están conectados a Internet o funcionan por control remoto / Lovense

Como todo aparato conectado a la red, los juguetes sexuales enchufados a Internet, Bluetooth o a cualquier otra frecuencia o red de transmisión, son sensibles de ser hackeados. Los ciberdelincuentes han encontrado en estos aparatitos muchas vulnerabilidades a nivel de seguridad: pequeñas fisuras virtuales por donde acceder a información muy valiosa de sus víctimas. “Hábitos, lugares, horarios, imágenes, incluso, conversaciones”, alerta la ciber investigadora Selva Orejón, directora Ejecutiva de onBRANDING.

Desde la agencia de que dirige Orejón, y que vela por la protección de la imagen y la reputación digital, ponen de relieve las carencias en cuanto a seguridad informática de estos juguetes. “Se suele dar prioridad a su funcionalidad, aspecto y coste, pero pecan en desatender la seguridad informática del dispositivo”, matizaba Selva, en este sentido. De hecho, para más inri, el grupo de ciber expertos de onBRANDING asegura que, para empezar, muchos de los dispositivos en cuestión “están fabricados en países en los que no se atienden las mismas normas de seguridad y de privacidad que imperan en Europa”. Lo que da pie a que puedan ir almacenando información muy sensible y también muy expuesta a cualquier ciberataque.

Información sensible de venderse en el mercado negro

Los dispositivos más vulnerables, explican, son los que están conectados a Internet. Es por ello, que Orejón y su equipo insisten en “la importancia de configurar correctamente la conexión” y si es posible, incluso, “de crear una red separada para ese tipo de dispositivos”. Por supuesto, es indispensable, “utilizar unas contraseñas seguras e independientes, deshabilitar los protocolos que permiten que varios dispositivos se encuentren entre sí y eliminar periódicamente los registros y el historial”.

Además, se advierte que la información que se obtiene en este tipo de ataques se puede poner a la venta en el «mercado negro» o ser reutilizada para lanzar otro tipo de ataques de ingeniería social contra los usuarios. En este sentido, como ya alertó el forense informático Bruno Pérez, cuando la fuga de datos de la web de juguetes eróticos ‘Platanomelón’, estos datos pueden ser utilizados por los ciberdelincuentes para extorsionar o amenazar directamente a los clientes, algo bastante usual cuando se produce un robo de este estilo, o para subastar los datos al mejor postor de la dark web.

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No caer en la extorsión y denunciar los hechos

En caso de que algún cliente sea extorsionado o amenazado con revelar sus compras de juguetes sexuales o hábitos, los expertos sugieren «no hacer caso de las amenazas, nunca pagar e ir a denunciarlo», ya que «si hacemos ese pago vamos a entrar en una espiral de pagos recurrentes» con diferentes extorsiones. Los investigadores en la materia insisten en la peligrosidad de este tipo de hackeos: “estos ataques podrían suponer un peligro real para aquellos usuarios que provengan de países en los que ciertas prácticas íntimas son perseguidas y castigadas”. Aunque no es el caso de España, pueden darse compradores extranjeros que sí que vivan con ciertas limitaciones en este sentido.

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