«Serotonina» de Michel Houellebecq

De él han dicho que tiene la capacidad para fracturar al lector provocando la mejor de las respuestas o el peor de los aborrecimientos y, lo cierto es que a mí, el libro de ‘Serotonina’, publicado por la editorial Anagrama, me ha desatado muchos sentimientos encontrados.

Con él, el escritor vuelve a abrir otro de los grandes debates de nuestro tiempo y nos posiciona frente al avance del viejo modelo de masculinidad (el creado por nuestros abuelos) más impositivo que dominante y más dominador que intercambiador. Junto a él, el crecimiento del feminismo político y los conceptuales estudios de género se me posicionan como un trío recién formado que camina alegremente de la mano.

Michel Houellebecq (1958) es un novelista duro, cínico y escéptico. Muy dotado (artísticamente hablando), erudito, radicalmente descreído de la felicidad burguesa buenista y bienquedista, y por eso, brutalmente provocador. (Con todas estas cualidades si no se dedicara a escribir podría chapar el chiringuito y trabajar de otra cosa).

Es también un novelista poseedor de una deslumbrante inteligencia, al que, cuando lo lees y analizas seriamente, sabes que te removerá por dentro, que no te dejará indiferente, que siempre te levantará una costra del alma.

Ejemplo de ello es su novela ‘El mapa y el territorio’ una inquietante historia sobre el ciudadano aburguesado y culto de hoy en día y su relación con la productividad que envuelve al lector en una narración compleja, rica, estimulante y totalizadora. O, como su libro ‘Sumisión’, una estremecedora narración política y distópica contra el multiculturalismo y el interculturalismo, la cual dibuja una Francia invadida democráticamente por el Islam.

Y ahora, con toda esta información, os voy a intentar explicar que me ha parecido su última novela, ‘Serotonina’…

SEROTONINA

Mientras Florent-Claude Labrouste reposta en una gasolinera, dos jóvenes veinteañeras le reclaman su ayuda para verificar la presión de uno de sus neumáticos. El calor almeriense, la melena al viento, los pantaloncitos bien cortos y el tono tostado de la piel de una de las chicas harán que, en los días posteriores, su recuerdo empape las noches más calurosas del protagonista de esta historia.

La juventud femenina, contrastada con el síndrome de Peter Pan y el ansia de perdedor sexual, emocional y vital que caracteriza al señor Labrouste, serán el tema principal del último libro del escritor francés, que pone de manifiesto (y en duda) la forma en que ha avanzado estrepitosamente el modelo de masculinidad.

Florent-Claude Labrouste es una persona frustrada (quizá no lo sepa) y de ahí le vienen la mayoría de sus problemas. No es suficiente con tenerlo todo, la clave está es saber disfrutar con poco. Su novia japonesa (veinte años más joven que él) le ha obsequiado con unos videos pornográficos de lo mas suculentos, la mayoría grabados en su propia casa y con ella como protagonista (Aquí tengo que hacer un alto para apuntillar que sí, que el autor lo consiguió y la descripción detallada de estos documentos gráficos rebosantes de visceralidad y explicitud me provocó nauseas. Literales).

Ante tal hallazgo, el señor Labrouste decide abandonar el lugar donde convive con Yuzu (que no es lo mismo que el hogar donde vive con Yuzu) y su identidad empieza a tambalearse. Recuerda, volante en mano, los periplos amorosos que ha tenido a lo largo de su vida, marcados “todos” de alguna manera, por sucesos negativos, y se abandona al pensamiento de que cualquier tiempo pasado fue mejor al recordar a Camille, la mujer que él “cree” fue el gran amor de su vida (Pero solo lo cree, no está seguro).

Si el lector sabe leer entre líneas, descubrirá que la única relación amorosa a la que aspira el protagonista es aquella que aún no ha tenido, sentido ni encontrado porque se trata de un ser imposibilitado para la entrega.

TESTOSTERONA

Caída de ojos, suspiro y cierre de la última página. Tengo la sensación de que este autor se ha adentrado (y me ha hecho entrar mediante esta novela) en un debate intelectual importante: el de la masculinidad actual y las relaciones de pareja como correlato de la voluntad de poder. Pero, sin ninguna duda, lo ha hecho como entraría un elefante en una cacharrería.

La novela ‘Serotonina’ invita al engaño, ya que el trasfondo es mucho más profundo de lo que leemos a primera vista. Aunque el escritor se centre en hablar del único tema que parece interesarles a los hombres (el pito), en realidad la denuncia es mucho más clara y evidente… Hoy, como ya anunció Freud, la sexualidad desgobernada sigue siendo un síntoma.

Mientras el modelo de feminidad, como sabemos, avanza a ritmos vertiginosos, casi imposibles de seguir y menos aun de asimilar, su avance no ha hecho avanzar el modelo de masculinidad, y con este texto lo deja claro de una forma brutal. Seguimos rodeadas del eterno ‘machirulo’ de pelo en pecho anclado en la edad de piedra (emocional, sexual y relacional) que tiene entre ceja y ceja la postura del ‘misionero’, que sufre por la defunción del aparto reproductor y que siente el sexo como droga dura, enfermedad mortal y síntoma de inseguridad inconfesable.

Por tales motivos, este señor bien perfilado narrativamente (lo llamo señor pero no es tan mayor), se excita recordando a las jóvenes veinteañeras, voluptuosas y desinhibidas, pero desdeña a la preciosa japonesa con la que ha compartido dos años de su vida. Y, aunque el lenguaje a tal efecto empleado por el autor es soez, burdo y vulgar (muchas tetas, mucho culo, mucho sexo y muchas mujeres) Houellebecq se quita el velo de la vergüenza y nos muestra este tedioso modelo de macho alfa vigente y hegemónico.

DOPAMINA

Si esperabais una opinión sincera de esta obra, sin duda sois unos afortunados. Aunque ambiciosa, brillante y estimulante, el autor se pasa de la raya en muchos otros momentos y, si no me atrevo a decir que esta es una novela fallida, desde luego no es su mejor novela.

Su expresión explícita del sexo me resulta infantil, sus ideas neo-conservadoras me parecen deplorables y, aunque muy bien expresada, molesta al lector con sus opiniones, a veces sinceras y otras intransigentes.

En segundo lugar (un poco de saña nunca viene mal) están los términos empleados para especular sobre hechos futuros: “Sobre esto os hablaré más tarde” “Todavía no es el momento de contaros tal cosa”, “No nos adelantemos a los acontecimientos” o “Ya os explicaré esto más adelante” deberían ser suprimidas de cualquier narración si con ella se quiere agradar al lector. Si no es el momento de contarlo, no lo cuentes. (Y mi padre añadiría, melón).

EXPECTATIVA

Es una tragedia, terrible e insufrible, que el lector se cree una expectativa sobre un libro y que este objeto, en apariencia inofensivo, no cumpla con ella. Estos sentimientos se acentúan cuando vuelcas todas tus ganas en la lectura y lo leído no se corresponde con lo imaginado.

(Dios… ¿por qué me haces esto?)

Michel Houellebecq (1958)
Michel Houellebecq (1958)

Llevaba rato pensado como podía orientar esta reseña para que no pareciera un ataque directo contra el escritor (cosa que no es, principalmente por el respeto que le tengo a toda su trayectoria), así que simplemente he intentado contaros lo que yo he percibido a medida que avanzaba en el relato. Una sensación de ingravidez ha deformado el momento de conexión con el texto. No me gustó y no me enamoré. Otra vez será.

Pero (cuando entro en bucle no paro) ¿por qué me ha gustado la obra del tito Bukowski (igual de necia, sucia y vulgar) y, por el contrario, he acabado desdeñando la de Houellebecq? Después de analizarlo durante bastante tiempo, y sin ser una catedrática en el tema pero poniendo mucho criterio en la materia, finalmente he llegado a la conclusión.

A la novela “Serotonina” le falta humor y le sobra drama.

Pero ése es el santo y seña de este autor genial que, en esta novela, no demuestra estar en su mejor momento creativo. Tampoco es tan grave…

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