Se disfrazaban de policías para secuestrar, torturar y robar

La Guardia Civil ha desarticulado a una peligrosa banda de criminales, investigados por la comisión de delitos graves, como homicidio en grado de tentativa, secuestro, tortura, lesiones graves y robos con violencia.

Se disfrazaban de policías para secuestrar, torturar y robar
Desarticulado un peligroso grupo criminal especializado en delitos graves contra el patrimonio mediante secuestros y torturas / GC

Vestidos de Guardia Civil o Policía Nacional, este peligroso grupo de criminales se dedicaba a organizar robos de gran envergadura mediante el empleo de una violencia extrema sobre sus víctimas. Con apariencia de agentes de la autoridad detenían, previamente, de forma ilegal a sus objetivos con el fin de torturarlos si no conseguían la información necesaria para lograr sus propósitos: básicamente, robar dinero y joyas.

Tras cerca de un año persiguiendo a este grupo de delincuentes, hace dos semanas la Guardia Civil, en la denominada operación “Río Lobos”, consiguió desarticular íntegramente a este peligroso clan, acusados de delitos graves como tentativa de homicidio, secuestro, torturas y robos con violencia. El dispositivo se saldó con la detención de seis ciudadanos españoles, uno de ellos de origen rumano en varios registros acaecidos en Móstoles así, como en varios municipios de Madrid y Toledo. En el registro de Móstoles uno de los arrestados efectuó un disparo que rozó el cuello de un agente.

Secuestraron y torturaron a un matrimonio en Segovia

La investigación se inició por por la Sección de Delincuencia Organizada Contra el Patrimonio de la Unidad Central Operativa (UCO) y la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Segovia, a raíz de la denuncia presentada por un matrimonio de ciudadanos españoles en la que relataban cómo fueron interceptados mientras se desplazaban por la provincia de Segovia, al ser asaltados por un grupo de personas que iban vestidas como miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y armados, siendo introducidos por separado en sendos vehículos y trasladados por diversos tipos de carretera por espacio de casi dos horas, encerrándolos finalmente en una especie de habitáculo que, posteriormente, pudieron describir como un contenedor de mercancías, habilitado como salón de torturas.

En ese lugar comenzó la parte más dura de su cautiverio, al ser brutalmente agredidos para que revelaran donde tenían escondidas las joyas y el dinero en su domicilio, así como las claves de los sistemas de alarma y posibles cajas de seguridad, explican desde la Guardia Civil.

Se inicia la investigación

Tras conocerse esta denuncia comenzó la reconstrucción de los hechos y se llevó a cabo un análisis de «multitud de datos de toda índole» recogidos en la reconstrucción de los hechos realizada a lo largo de más de 200 kilómetros de diversas vías de comunicación.

Este análisis, unido a los datos obtenidos en otras labores de investigación complementarias, permitió la obtención de una serie de «indicios de gran interés» para la investigación que, tras más de seis meses, permitieron a los agentes corroborar la existencia de un grupo perfectamente organizado y cohesionado, formado siempre por más de cuatro personas coordinadas para la perpetración de delitos graves.

Las mismas fuentes precisan que cada uno de los miembros tenía unas funciones perfectamente asignadas, como la selección de lugares y víctimas, medios de transporte a emplear, vigilancias sobre posibles objetivos y valoración del posible beneficio económico a obtener.

Preparaban un nuevo asalto multimillonario

Con todos los componentes del grupo delictivo identificados, los investigadores pudieron conocer «con total certeza» que tenían previsto, en un breve espacio de tiempo, llevar a cabo un «robo de gran envergadura» en una empresa del sector de las tecnologías, en el que calculaban hacerse con un botín estimado de más de 14 millones de euros.

Esta actuación, en la tenían perfectamente planificado y organizado el secuestro del vigilante de seguridad de la citada empresa, fue abortada por los propios autores por las restricciones de movilidad derivadas de la alerta sanitaria del COVID 19. Circunstancia que ha condicionado de forma muy importante la investigación», reconocen desde la Guardia Civil, ya que, aunque las personas investigadas pasaban largos periodos de tiempo de inactividad, los agentes han mantenido en todo momento el control operativo sobre todas ellas y han estado «permanentemente preparados» para proceder a las detenciones in fraganti de los posibles responsables en el momento que se hubiera detectado que fueran a actuar.

Finalmente, y ante la evolución de la pandemia y las situaciones generalizadas de confinamiento anteriormente descritas, cuando se cumplía el año desde que se produjeron los graves delitos por los que se inició la presente investigación, se procedió, «en perfecta coordinación con el Juzgado de Instrucción nº 1 de Sepúlveda (Segovia)», a la detención de todos los implicados con actuaciones en los partidos judiciales de la ciudad de Madrid, Móstoles, Illescas y Torrijos (Toledo).

Disponían de uniformes de policía al completo

Se llevaron a cabo seis registros en los que se intervinieron dos armas cortas de fuego y una escopeta con los cañones recortados, así como abundante munición para dichas armas. Varias armas simuladas, pistolas táser, armas blancas, grilletes, gran cantidad de prendas de vestimenta policial como uniformes, gorras, chalecos identificativos, chalecos antibalas, placas policiales identificativas, rotativos de vehículos policiales, así como matrículas falsificadas, dinero en efectivo, joyas y gran cantidad de pruebas que vinculan a los detenidos con los hechos investigados.

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