Santiago Abascal, retrato a carboncillo

Luis Artigue escritor

-Amigo Sancho, ¿ese caballero malencarado y barbado pero con cuerpo vigoroso y bien erguido que ahí viene al galope es el afamado Amadís de Gaula o tal vez Tirant lo Blanc?

-Ni uno ni otro, mi señor don Quijote: ¡es Santiago Abascal! ¡Y lleva puestas las largas!…

En verdad Pedro Sánchez y Albert Rivera presentan cuerpos pulidos a golpe de gimnasio, Pablo Casado se nota que se lo esculpe a base de ascetismo, a Pablo Iglesias la mala hostia comunista lo mantiene a dieta, pero Santiago Abascal, a estos efectos, no tiene mucho de político televisivo de la era de la caja tonta sino que parece sacado de una novela de caballerías de la España rural…

Santiago Abascal parece haberse labrado su fenotipo de gladiador a fuerza de hacer los recados en bici.

¿Será por eso que ha conseguido que en Andalucía los obreros voten a Vox?

¿Radicará ahí, y no en la supuesta blandura de Rajoy para con lo acontecido en Cataluña, el secreto de por qué Vox está calando más de lo que se esperaba en el electorado?

Santiago Abascal no es elocuente, qué va, pero se le da de cine recoger la indignación del populacho contra los políticos que, cuando las cosas se ponen feas, tienen tacticismo, pachorra y marketing en vez de un par de huevos

Sí, Santiago Abascal, el motor de la derecha trimotor, el hijo bastardo, invertido, de Mariano Rajoy, el representante vivo de los concejales muertos en el País Vasco a causa de ETA, comanda un partido compuesto por el ala dura de Alianza Popular (definitivamente salida de bajo las faldas y faldones del PP), al que se han sumado los franquistas de casino de pueblo, y los skinheads de mediana edad, y los obispazos que en España salen a bendecir las gestas, y los rebotados de otros partidos, y los mostrencos de uno y otro sexo (de ambos sexos también habrá alguno)…

Pero, ¿qué hay detrás de este tipo agreste que sale a los mítines a gritar patriotadasdadá como vestido con ropa militar de camuflaje?

Él, vascuence fornido, seco, ligeramente atildado, de barba luciferina, pelo negro marcial, rostro áspero y carmesí y los ojos cargados, tiene cara de conquistador del Nuevo Mundo follaindias, silencio poco ensayado, barba de retratado ecuestre en cuadro de Tiziano, ojos de toro de lidia, y ya ha conseguido la españolísima redundancia de dos cosas que son una: que Sánchez Dragó le escriba un libro, y Morante de la Puebla le dedique un toro.

Sí, Santiago Abascal, el estraperlista ideológico del PP o la quintaesencia de la ideología de derechas decantada del franquismo y acrisolada de tanto llevar escolta y una corona de miedo en el País Vasco, es un tipo valiente y moliente que no finge España, de eso nada, sino que saca cuchillos para dialogar, como Franco, con descastados, masones y herejes…

Sin embargo Santiago Abascal no es elocuente, qué va, pero se le da de cine recoger la indignación del populacho contra los políticos que, cuando las cosas se ponen feas, tienen tacticismo, pachorra y marketing en vez de un par de huevos.

Así las cosas no dejarle hablar por la tele en directo es la mejor manera de fortalecerle, y por eso ha ganado, sin ir, el debate de la televisión privada de Pedro Sánchez y su oficiosa ministra de prensa Rosa María Mateo.

En efecto, como el Cid Campeador ganaba batallas después de muerto, Santiago Abascal acaba de ganar así, sin moverse de la barra del Club La Sorbona –¡Jefe, un brandy Soberano y una Faria y sube la voz a la tele si tal no vaya a ser!-,un debate electoral al que no le han invitado…

Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras.

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