Revolución de andar por casa I

Ricardo Gómez de Olarte

Ante los graves disturbios de Barcelona hemos descubierto las vergonzosas órdenes de los políticos a las policías que han actuado. Al gobierno de Sánchez le bastaba con haber sacado más policías a la calle, sin repartir estopa, pero más número de efectivos. Recordemos que estuvieron acantonados 1.000 números de la Guardia Civil sin que se les permitiera actuar. Y me consta que las órdenes recibidas por el CNP consistían en una mínima intervención salvo en caso de que peligrara su propia persona.

Sánchez, hipotecado por el voto indepe (ERC y la neo CiU) desde la moción de censura/cuestión de confianza a Rajoy y sabedor de que las encuestas le empiezan a ser desfavorables, debe conservar su ascendiente sobre esos dos partidos catalanes. Pero también debe mantener el equilibrio con el votante socialista no nacionalista. Difícil equilibrio político y miserable defensa de la ley.

A su vez, el gobierno catalán está en una posición digna del cine italiano, una mezcla de neorrealismo, tragicomedia y película de Totó. Pero parte de un guión tamizado por el “catalanet” de la “tienda de “fil i vetes” del senyor Esteve” de Santiago Rusiñol. En resumen, el patetismo ridículo del petit burgeois, de esa gauche divine de la que los cursis se enorgullecían como ejemplo de contundente oposición al franquismo mientras se emborrachaban en Bocaccio con whisky de malta y pedían un carril especial para sus deportivos.

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Torra, máxima autoridad del estado español, alienta a los violentos y corta carreteras. Luego suelta a los Mossos contra los peones de brega indepes, para después exigir responsabilidades a los propios Mossos y así contentar a sus votantes. Éstos se convierten en una contradicción paranoide en sí mismos. Lo mejor de todo es que aún le creen. Otra cosa es que sepan verbalizar esa paranoia y se refugien en el “tú no quieres a Cataluña” como excusa.

Torra, mal discípulo de jesuitas, pero buen opusino: falso y fariseo. Es como esos abogados que, desde el púlpito de TV3, llaman a cualquiera de sus clientes detenidos o potenciales defendidos en la guerrilla urbana de Barcelona a que si son culpables no vayan a recibir asistencia médica y si son inocentes sí acudan. Si es Ud. culpable, desángrese en casa; si es inocente, marche aun hospital. Así evitará que los médicos cumplan su deber de ponerlo en conocimiento de la justicia. Ergo, mandemos el principio ético más básico de la abogacía a tomar viento a cambio de congraciarme con el régimen ante las cámaras de TV3.

¿Dónde está la “Comisión de Deontología del Lacustre (por pantanoso) Colegio de Abogados de Barcelona? Desparecida, claro, como siempre. El Común Asens hizo lo mismo y ya es diputado. Mientras tanto, esa mini-revolución se zurra con la policía y rompe cosas de 6 de la tarde a la madrugada y luego a dormir. Como quien ficha en una oficina. Sabedores que en prisión tendrán trato de favor y que, en un pis pas, Torra sacará a sus adolescentes de la trena.

El régimen penitenciario vigente en España es de febrero de 1996. Gestado y aprobado por el gobierno de Felipe González. Los casos de corrupción se le empezaban a amontonar y necesitaba una salida discreta. Su artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario es la puerta de atrás (tamaño bebedero de patos Royal King Size) para que todo aquel condenado –siempre que esté bendecido por quien ejerza la competencia de prisiones-pueda alcanzar la libertad en un periquete.

Por mucho que Marlaska niegue la evidencia, lo cierto es que la competencia en prisiones en Cataluña corresponde a la Generalitat. Y ello gracias al pacto Zapatero y Mas. Para poder retirar dicha competencia solo caben dos vías: una reforma del Estatut respaldada por dos tercios del Parlament, o una reforma de la Constitución. Esa es la parte que Zapatero no tocó y aceptó de Mas.

Así pues, no es que el Tribunal Supremo los condene y Torra los libere. Torra, como Sánchez y Marlaska, sabía de antemano que el propio Torra los podría liberar. Junqueras y los demás también lo sabían. Todos lo sabían. El juicio no ha sido más que el peaje para aparecer como mártires de una causa que sabían perdida y salvar la imagen. Cualquier condenado en defensa de la sinrazón indepe será liberado de inmediato en Cataluña y todo ello gracias a gobiernos socialistas y del PP que abrieron y mantuvieron abierta la puerta de atrás respectivamente.

Entonces, ¿a qué tanta violencia? A dos grandes motivos: frustración ante el incumplimiento de promesas y el hábil encauzamiento de esa ira contra quienes son los únicos responsables de dicha frustración: los que prometieron la independencia y no cumplieron con ello. Torra y sus alegres comadres han conseguido convertir a sus Mossos en culpables de una inexistente represión (me gustaría ver a esos pijitos y a los antisistema en Italia o Francia en similares situaciones) contra una bronca que no ha servido de nada. NADA. Nada ha cambiado, todo continúa como estaba y nada va a cambiar.

¿Cómo solucionar este tipo de situaciones? Redefiniendo el Código penal. Si queremos evitar situaciones de desorden público, impunidad, gastos en prisiones, discusiones sobre si la policía ha sido muy dura, etc… Seamos prácticos y ataquemos donde más duele: el dinero.

Mi propuesta la podrán leer mañana.

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