¡Respira, respira, que el mundo se acaba!

Generalmente, el tratamiento de la ansiedad se lleva a cabo, desde el punto de vista farmacológico, con antidepresivos y, si se considera necesario, también con la administración de ansiolíticos.

Dr. Josep Tomàs i Vilaltell

Aquellas personas que practican deporte de montaña o natación conocen de sobras el valor y la necesidad de utilizar la respiración profunda como elemento fundamental de su bienestar, en determinados momentos, o como forma de resistencia, en otros. Recuerdo que, de joven, nos advertían al subir un monte sobre la necesidad de respirar profundamente, por una parte, y de hacerlo, sobre todo, por la nariz, de otra. Cuando estábamos cansados y, sin lugar a duda, vencidos por la exigencia de la subida, nos hacían estirar y, ya en el suelo, debíamos respirar profundamente, ampliando el pecho, primero, para pasar luego el aire al estómago y, después, expirarlo todo fuertemente hasta sacarlo completamente; a continuación, inspirábamos de nuevo con fuerza para renovar el oxígeno y fortalecer el pulmón.

Esta introducción no es baladí, porque hoy, me gustaría aportar algunos datos sobre el tratamiento que se realiza —en ciertas situaciones— en personas que padecen ocasionalmente un trastorno clínico de ansiedad. La intención no es profundizar ni generalizar, tan solo quiero referirme al cuadro clínico que padecen ciertos pacientes y que conocemos como «ataque de pánico» o «crisis generalizada de ansiedad».

Generalmente, el tratamiento de la ansiedad se lleva a cabo, desde el punto de vista farmacológico, con antidepresivos y, si se considera necesario, también con la administración de ansiolíticos. Cuando el paciente presenta «ataque de pánico» y se le administran estos medicamentos, en unos 21-26 minutos el cuadro clínico cede. Esta crisis suele ser muy intensa y genera un profundo malestar: sensación intensa de ahogo, presión en el pecho, opresión en el estómago con dolor que se desplaza hacia el cuello, sensación de pérdida del control, miedo a sufrir un infarto, terror a enloquecer, etc.

Hace alrededor de seis años, el equipo investigador de la Clínica Mayo, de Boston (EE. UU.) publicó, en una de las más leídas revistas de investigación, un trabajo que intentaba valorar la eficacia de la respiración profunda en las personas que padecían esta crisis. Para tal fin, seleccionaron a 134 personas que la sufrían periódicamente y suprimieron cualquier medicamento que pudiera influir en el malestar o sufrimiento del paciente. Al finalizar el tratamiento del «ataque de pánico», la media de tiempo que necesitaron las 134 personas escogidas fue de 23 minutos.

Tal circunstancia puso de relieve la posibilidad de tratar la alteración de ansiedad y, de hecho, más adelante, en la misma revista, un médico proponía y afirmaba que, si cada uno de nosotros hiciera cinco respiraciones profundas cada hora, podríamos librarnos del malestar de cualquier manifestación de ansiedad. En nuestra consulta, nos llamó muchísimo la atención y nos sorprendió tal descubrimiento y, al revisar nuestras historias clínicas de pacientes con ansiedad, vimos que aquéllos que practicaban yoga, meditación, relajación o Tai Chi, no dudaban en afirmar que tal actividad les mejoraba. Cabe destacar que todas estas prácticas fuerzan a la realización de respiraciones profundas.

Como médico que ejerce en las riberas del Mediterráneo, conozco y he visto muy a menudo lo que cuesta y molesta hacer respiraciones profundas sin objetivo aparente y, además, cada hora. Seguro que los sajones o los norteamericanos, por poner un par de ejemplos, son más cuidadosos y disciplinados, pero proponer la realización de respiraciones profundas, cada hora, en nuestras tierras, puede ser algo frustrante ya que, probablemente, la mayor parte de la gente dejaría de hacerlo al cabo de poco tiempo. Por tal razón, se aconseja que cuando nos encontremos en un tiempo muerto, como la espera de un autobús o ferrocarril, o, quizá, aburriéndonos, realicemos con cierta regularidad unas cuantas aspiraciones profundas ya que, si lo hacemos, con el tiempo, tomaremos conciencia de nuestro mejor estado y evolución.

Así mismo, hoy en día, se progresa, cada vez más, con tratamientos «hiperbáricos», consistentes en sesiones de inspiración de oxigeno, bajo alta presión, en cámara, y cuya finalidad es aumentar la cantidad de oxígeno en la sangre. Pero éste es otro tema que podríamos tratar más adelante.

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