Ratas de biblioteca

Tal vez El nombre de la rosa no sea una obra maestra, pero entrar en esa abadía y resolver sus crímenes sigue siendo un placer intelectual para devotos del cine y de los libros, y, si incita a acercarse a Eco, mejor todavía

Ratas de biblioteca

Umberto Eco se pasó años despotricando contra ella, pero parece ser que, con el tiempo, comprendió que el cine y la literatura no son medios comparables y que la adaptación de El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986) al cine tuvo que prescindir de aspectos políticos o teológicos, mucho mejor desarrollados en la novela.

Esta simplificación conllevó también incorporar algunos tópicos manidos y, prácticamente, reducir capítulos a una línea que terminaba por presentar a monjes pérfidos, por estar en contra de la risa, o caricaturizar discusiones teológicas complejas, diciendo que se trataba de saber si Jesucristo era dueño de su túnica o no. Otras polémicas ya están en la novela original, como la presentación de Bernardo Gui (F. Murray Abraham) como desalmado inquisidor, porque el personaje existió en la realidad y el retrato es, como poco, cuestionable.

el nombre de la rosa ratas de biblioteca

El caso es que la película fue un gran éxito en Europa (no tanto en Estados Unidos) con una mezcla de monjes enfrentados, crímenes truculentos y una siniestra y oscura abadía medieval. Supongo que solo eso no era material suficiente para convencer a los coproductores y, por ello, se aumentó considerablemente el papel y la importancia de la joven seductora, anecdótica en la novela, y su relación con el novicio Adso (Christian Slater, con solo quince años).

publicidad

La pareja protagonista es uno de los primeros homenajes literarios de la película: Holmes y Watson en el siglo XIV y como frailes franciscanos. Y si la película sigue siendo recordada y alabada es, principalmente, por su protagonista. Sean Connery crea un excelente Guillermo de Baskerville (guiño y mezcla de Guillermo de Ockham y el sabueso de Conan Doyle). Connery relanzó su carrera en los 80 gracias a esta película a la que siguieron Los intocables, su único Óscar, La caza del Octubre Rojo o Indiana Jones. Su Guillermo no es, evidentemente, un héroe de acción, pero su presencia y sus miradas transmiten inteligencia, seguridad y confianza. Toda una licencia para mandar en la película y comerse al resto de actores.

el nombre de la rosa ratas de biblioteca

Hay que destacar también al ruso Feodor Chaliapin Jr. como Jorge de Burgos (genial tributo de Eco a Jorge Luis Borges). Chaliapin tenía más de 80 años y no solo fue profesional, sino que Connery, con elegancia, decía que, ciego y sordo, era capaz de robar todas las escenas. En la peligrosa secuencia del incendio final, tanto él como Connery corrieron peligro e incluso una madera hirió a Chaliapin. El director corrió a socorrerle y le dijo: “Tengo 81 años y me voy a morir pronto. ¿El plano ha quedado bien?”.

Y, naturalmente, la gran virtud de la película es la puesta en escena de la abadía y del mundo medieval. Cuando los protagonistas llegan a la abadía (los interiores se rodaron en Alemania, pero el exterior fue un tremendo decorado romano), desde el principio se nos introduce en un mundo feísta, sucio y frío. Los frailes son voluntariamente feos y desagradables para transmitir desasosiego nada más conocerles (¡aparte de Ron Perlman como el jorobado Salvatore, claro!). Esto se completa con la cantidad de escenas que suceden de noche y precisan de iluminación “medieval”. Entran en juego, entonces, los clarooscuros, las sombras y la sensación de desamparo y desorientación, especialmente importante en el decorado de la famosa biblioteca-laberinto.

el nombre de la rosa

Llegamos a la biblioteca y a lo que, creo, constituye el gran atractivo de la película. No sé si el público quedó encandilado con las virtudes de la pobreza franciscana o por la enésima presentación de un inquisidor como alguien terrible. Lo que sin duda admira y emociona entonces y ahora es la entrada de Guillermo en la biblioteca secreta de la abadía y cómo se ilumina su rostro al descubrir centenares de volúmenes ocultos. Ya no es solo el hallar libros nunca vistos (la famosa segunda parte de la Poética de Aristóteles, que es el centro de la trama criminal), sino el saber transmitir ese síndrome de Stendhal de empezar a abrir libros miniados que nos miran con brillo y nos reservaban sus tesoros escondidos por siglos. Todo bibliófilo o rata de biblioteca, como las de la película, tiembla de emoción en esa escena.

el nombre de la rosa

El nombre de la rosa (película, que no la novela) termina con Adso eligiendo entre la mujer (¿el amor?, ¿la lujuria?) o su maestro franciscano (¿el “padre”?, ¿la Iglesia?). Sin embargo, de nuevo, no debemos simplificar. Aunque la disyuntiva parece “romántica”, creo que hay que meter también, en medio, el papel de la cultura. Guillermo de Baskerville personifica durante la película el conocimiento, los clásicos, la integridad y la posibilidad de redención. Por eso, también, merece la pena optar.

Tal vez El nombre de la rosa no sea una obra maestra, pero entrar en esa abadía y resolver sus crímenes sigue siendo un placer intelectual para devotos del cine y de los libros. Y, si incita a acercarse a Eco, mejor todavía.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here