Que no falte el humor, el amor ni la memoria

Cliente muerto no paga es una delirante comedia homenaje a los clásicos del cine negro pero que reúne en su impresionante reparto a estrellas como Humphrey Bogart, Ava Gardner, Burt Lancaster, Alan Ladd, Veronica Lake, Barbara Stanwyck, Ray Milland, Cary Grant, Ingrid Bergman, Kirk Douglas, James Cagney… y alguno más

Que no falte el humor, el amor ni la memoria
Cliente muerto no paga (Dead Men Don’t Wear Plaid, Carl Reiner, 1982)

Atentos al reparto: Humphrey Bogart, Ava Gardner, Burt Lancaster, Alan Ladd, Veronica Lake, Barbara Stanwyck, Ray Milland, Cary Grant, Ingrid Bergman, Kirk Douglas, James Cagney… y alguno más. ¿Cómo? ¿Esto existe? ¿Juntos en la misma película? Pues sí, pero aquí viene el truco: el protagonista es Steve Martin, acompañado de Rachel Ward y Carl Reiner. En efecto, se trata de una delirante comedia homenaje a los clásicos del cine negro pero que, siendo rigurosos, reúne en su impresionante reparto a todas esas estrellas.

Cliente muerto no paga (Dead Men Don’t Wear Plaid, Carl Reiner, 1982) presenta al detective Rigby Reardon (Steve Martin), a quien la joven Juliet Forrest (Rachel Ward) le encarga investigar la supuesta muerte accidental de su padre pues cree que ha sido asesinado. Añadimos blanco y negro, moda retro y voz en off del detective y la presentación de film noir no podría ser más canónica… salvo por el humor absurdo y delirante propio de Steve Martin: “Cobro diez dólares al día, más gastos” “¿Son suficientes doscientos por adelantado, señor Reardon?” “¡Doscientos! Por ese dinero mataría a mi abuela” “No será necesario” “Nunca se sabe. En mi último caso, tuve que tirar a mi hermano de un avión”.

Sin embargo, el gran hallazgo y originalidad de la película está en cómo aparecen todas esas estrellas mencionadas. Fragmentos con diálogos y escenas de películas del pasado se mezclan perfectamente e interactúan con Steve Martin. El alarde técnico parece fácil en los tiempos de internet, de fake news y de no creer ni a tus propios ojos, pero hace cuarenta años el mérito fue fantástico. Por un lado, se tuvieron que crear más de ochenta decorados diferentes para que encajaran con los decorados de las películas clásicas, lógicamente, tratando de igualar la iluminación y vestuario de aquellas. Por otro lado, el guion tenía que imaginar una historia en la que encajar a esos actores y sus líneas de diálogo con la historia principal, aparte de rodar con dobles de espaldas para cuadrar con las estrellas reales.

Es obvio que crear ese marco literario con coherencia era lo más difícil, pero también lo que provocó los disparates y situaciones más ingeniosas de la película. Veronica Lake solo sale diciendo “No puedo” porque Reardon busca a una rubia que sirva de gancho: “Si algo me gustaba de Mónica es que las palabras ‘No puedo’ no estaban en su vocabulario” “Mónica, quiero que hagas algo para mí” “No puedo” “Supongo que las añadió desde la última vez que nos vimos”. Si a Bette Davis hay que estrangularla, nos inventamos un trauma infantil del protagonista que reacciona ante la palabra “doncella”. Davis, claro, dirá “doncella”…

publicidad

Pero no todo es puro disparate, los diálogos con Bogart están muy logrados y su Marlowe, una especie de colega ayudante de Riordan, llega a dar la clave de lo que es “Carlota”, mediante una conversación telefónica en la que guía a Rigby sobre un mapa para que veamos que no se trata de una mujer, sino de una isla.

El homenaje podría parecer parodia cruel con algunos chistes sexuales o al ver a Steve Martin travestirse de rubia o de ¡madre de James Cagney! para visitarle en la cárcel. Sin embargo, la realidad se encargó de dotar a la película de esa aureola de miticidad que tienen las obras únicas.

Miklós Rózsa (Ben-Hur, Recuerda, Quo Vadis, El Cid…) fue contratado para que parodiara y homenajeara su propia música de clásicos del cine negro como sus memorables trabajos de Perdición o Forajidos. Rózsa demostró su gran sentido del humor y profesionalidad, creando una banda sonora que encaja perfectamente con el tono retro de la historia. Aunque moriría en 1995, esta fue la última película en la que trabajó este genial compositor.

Pero el destino reservaba otra ironía para marcar para siempre a esta película. Edith Head, la diseñadora de vestuario más famosa de la historia del cine, fue contratada para que, de nuevo, rindiera homenaje o copiara sus más míticos y legendarios diseños de clásicos del cine como Eva al desnudo, Vacaciones en Roma, Atrapa a un ladrón o, de nuevo, sus mitos noir como Perdición o Días sin huella. Head, por supuesto, hace un trabajo tan maravilloso y elegante como de costumbre pero, por desgracia, falleció durante el rodaje en 1981 y no llegó a ver esta película.

Cliente muerto no paga se cierra entonces con estas palabras: “Este fue el último trabajo de Edith Head. Esta película está dedicada entrañablemente a ella y a todos los brillantes técnicos y artistas que trabajaron en las películas de los años 40 y 50”. Tras las bromas y los chistes más o menos fáciles llega esa dedicatoria y los cinéfilos nos ponemos en pie. En serio o en broma, en blanco y negro o en color, va por ellos. Siempre.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here