Portugal: la Lisboa de Saramago

Lisboa se ha convertido en una de las ciudades europeas de moda. La sencillez que la desnuda cada día hace que la ciudad brille con generosidad y, cuando los rayos de sol se filtran por los tejados despidiendo la tarde, el ocaso se viste de colores y sabor. Lisboa encandila y no lo hace solo por su luz

Portugal: la Lisboa de Saramago

Hay cosas que el viajero no puede evitar cuando cierra la puerta de su casa y sale a disfrutar de otro país: una de ellas es turistear. Para conocer Lisboa, las guías de viaje, los artículos de las revistas y los comentarios de las redes sociales recomiendan levantar la mano, parar el tranvía número 28 y subirse al vagón que recorrerá la ciudad por los raíles de su historia.

Tranvía número 28

Nada más lejos de la realidad. Si se decanta por esta opción comprobará que, o llega el primero a la parada y coge el mejor asiento (levantándole el sitio a los vecinos que verdaderamente necesitan este transporte para desplazarse) o no se enterará de nada de lo que ocurre en exterior debido al apelotonamiento que enmaraña el interior. Siento si les he destrozado un mito.

¿Usted viaja o hace turismo?

Lisboa, como todas las ciudades de su tamaño, hay que recorrerla a pie. Es la única manera de ubicar el Barrio de Alfama, con su preciosa catedral de origen árabe rodeada de tuc-tucs escandalosos; de conocer el Barrio de la Baixa, con sus peculiares ascensores que conectan las cuestas celestiales con la vida terrenal; o disfrutar de la música y el baile nocturnos que nos ofrece el Barrio Alto, tan característico por sus miradores y terrazas a plena luz del día como por sus encantadoras calles en plena noche.

Ese aspecto decadente y antiguo que envuelve a la ciudad puede confundir al viajero en su primera visita. Estamos rozando el sur de país y el paisaje, el clima y las construcciones de sus edificios distan sobremanera de su vecina Oporto, la perla del Duero. No obstante, caminar sin rumbo entre los barrios de Lisboa nos permitirá descubrir la auténtica vida sus vecinos.

Los sonidos, los olores y la amabilidad de la población son los principales vehículos de conexión que unen la ciudad con el viajero y, esta experiencia, única y desbordante, es incompatible si lo hacemos a través de los cristales de un vagón cargado de historias individuales. Otra cosa es hacer turismo en vez de viajar. Eso ya dependerá de ustedes.

A vueltas con la vida

Prueba de la vida lisboeta son las narraciones del internacionalmente conocido Saramago. La Casa dos Bicos (actual casa museo del escritor) se encuentra en la Rua dos Bacalhoeiros, 10 rodeada de cipreses altos y esbeltos que decoran su vivienda como si se tratara de la postal de uno de sus libros.

La Casa dos Bicos

En ella, el lector descubrirá cientos de manuscritos repletos de historias que encalan las paredes como la mejor de las pinturas. Solo el edificio, construido en el año 1578 por el arquitecto Francisco de Arruda, tiene tanta magia que seducirá el objetivo de nuestra cámara fotográfica si es que a estas alturas todavía la utilizamos.

Viaje por Portugal

Vivir dentro del país de Saramago es saborear la gastronomía de cada una de sus regiones, festejar las tradiciones que ornamentan los pueblos, ser el recadero de los dimes y diretes entre vecinos y contertulios y participar directamente en las escrupulosas descripciones que decoran su país.

Viaje por Portugal (1981) es la mejor guía que podemos adquirir si queremos descubrir el país vecino como si fuera nuestro. Su prosa es enriquecedora de la misma manera que lo son sus conocimientos sobre el terreno y la ironía que lo caracteriza es el sustento principal de las narraciones de sus textos. Todo el compendio de características hará que conectemos directamente con el pueblo olvidando que el hilo conductor de tal impertinencia nos observa desde las alturas entre risas y sarcasmo.

En los pies del escritor

En su discurso de recepción del Premio Nobel de la Literatura (1998), José Saramago homenajeó a sus abuelos agradeciéndoles el gusto que le inculcaron por la imaginación, el amor que le enseñaron por la naturaleza y esa curiosidad incansable que le trasmitieron por el folclore portugués.

Su crianza en el pueblo de Azinhaga estuvo ligada a sus ancestros de la misma manera que a la pobreza y su capacidad de adaptación al medio hizo que trabajara de mecánico, traductor y periodista. Su inquietud por las letras nos lleva a conocer a un hombre prolífico, incasable y utópico.

Castillo de Mafra

Actualmente, la ruta Cultural “Memorial do Convento” ofrece la oportunidad de una excursión didáctica por los sitios reales que inspiraron a Saramago para la escribir la novela Memorial del convento (1982). Su visita recala en varios pueblos hasta finalizar en Mafra, a 40km de la capital portuguesa. Si usted es fan del escritor debe regalarse este día para disfrutar, de manera única, con el Maestro de las letras.

Sintra, entre la desesperación y la magia

Y si a estas alturas sus inquietudes culturales, arquitectónicas y literarias todavía no están saciadas, no se preocupe. A 30 minutos en coche por la Autopista 37 se encuentra el pueblo de ensueño de Sintra. Aunque el castillo es una mezcla de cartón piedra y Camelot, la ciudad es bella a rabiar y romántica hasta el dolor. Disfrutar de ella es sencillo: sólo tienen que caminar siguiendo la senda hasta encontrar el portón de la Quinta da Regaleira. Cuando tropiece con ella, el mundo dejará de girar para concentrarse en sus jardines laberinticos. Nunca vi jugar a tantos adultos.

Palacio Do Pena de Sintra

Hace muchos años, tres amigos ingleses decidieron instalarse en Sintra huyendo de la rígida sociedad británica. Su decisión estaba unida a la creación de una nueva vida tranquila, ideal para escribir y recibir a los amigos. Sin embargo, los planes de los jóvenes se vieron truncados por las circunstancias que tambaleaban la Europa de los años 40.

Christopher Isherwwod, Stephen Spender y W.H. Auden escribieron Diario de Sintra (1935) cobijados por la intelectualidad de los soñadores. El libro no solo recoge sus testimonios, sino que recopila la correspondencia con otros poetas, sus visitas a Estoril y las desavenencias que supuso la convivencia entre personas de clases tan diferentes. Un tesoro en forma de libro que nos muestra la Sintra menos turística y más auténtica en una época convulsa y crispada.

De vuelta a la capital

José Saramago se movió de su ciudad sin salir de ella para escribir una de las novelas más perturbadoras de nuestro siglo, Ensayo sobre la ceguera (1995). Cuestionó la sociedad del consumo con su libro La Caverna (2000) y esclareció los orígenes humanos en su obra Caín (2009). Sería imposible seleccionar las obras de cabecera que elegiría para este artículo, sin embargo, el lector que no lo conozca debería de empezar por alguna de estas joyas literarias. Saramago es, simplemente, magnífico.

De barrio en barrio

Pasear por el centro de Lisboa será fantástico si conseguimos encontrar el autobús que nos lleve a la Torre de Belén. Cerca de ella, la famosa tienda de pastelitos será el colmo de los impacientes que tendrán que esperar horas de cola si quieren agenciarse con una cajita de los emblemáticos dulces. La experiencia será algo así como comprar lotería en vísperas navideñas en la administración de doña Manolita pero con una recompensa con sabor a crema y nata.

Torre de Belem

Para conocer Lisboa es importante degustar el bacalao autóctono, fantástico si se complementa con la cerveza artesanal, tomarse un café largo y sin prisa en la Praça do Comercio y alcanzar el Mirador de Santa Catarina donde, pese a que parezca que media ciudad se ha instalado allí, se obtiene uno de los mejores atardeceres del mundo. En definitiva, vivir como viven los portugueses, disfrutar como lo hacen los lisboetas y amar como lo hacen lo hacen los enamorados. De eso ha tratado este artículo.

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