Pornografía en infancia y adolescencia

Casi siete de cada diez adolescentes consumen pornografía y un 53 por ciento de ellos manifiesta haber iniciado dicho consumo entre los seis y los 12 años.

Dr. Josep Tomàs i Vilaltell

Acudieron a nuestro gabinete, en visita médica, un padre y una madre, separados entre ellos, pero preocupados ambos por su hija, debido a la aparición de un comportamiento variable y sorprendente de la niña, de catorce años en aquel entonces, por su conducta escolar, que siempre había sido correcta y con buen resultado, hasta el momento. Para sorpresa de los padres, la situación había cambiado desde el inicio del curso, dando paso a una alteración total de horarios, junto con la pérdida de sus buenos resultados académicos. Todo ello, aparejado a cierto desinterés respecto a sus estudios, mientras había iniciado una relación con un grupo de jóvenes, varios chicos y algunas chicas, que merodeaban fuera del entorno escolar, aunque algunos eran del mismo centro educativo.

Los padres intentaban comprender y aclarar qué había ocurrido y cómo podían ellos dar respuesta a aquel cambio tan incomprensible. Antes de ese curso, la niña no se había relacionado y fue a lo largo de las vacaciones, cuando, con otra chica empezó a salir con alguno de los jóvenes anteriormente citados.

No consiguieron que la niña les explicara demasiado; tan solo alguna ocurrencia sobre alguna gracia de sus compañeros. Ambos progenitores, siempre habían tenido mucha confianza en ella, dado que era muy cumplidora y, habitualmente, no mostraba ningún reparo a la hora de establecer comunicación con sus padres, con amigos de los padres y con otros parientes. En la nueva situación creada, la niña estaba más cerrada, con cierta actitud contestona, se quejaba de problemas de sueño, y todo, acompañado de cierta irascibilidad por impaciencia o cierta actitud de desdén hacia su madre, principalmente, frente a sus preguntas.

Después de haber realizado la recogida de los datos expuestos por los padres, adoptamos y, como médicos prudentes, planteamos qué podía pasar.

Como hipótesis diagnostica, probablemente estuviéramos en un entorno de relación o activación de tipo sexual, o ante un contacto con sustancias estupefacientes.

No fue nada difícil explorar a la niña a través de una entrevista con ella a solas. Su conducta fue discreta, amable, sin alteraciones de pensamiento; no se apreciaba patología alguna de ansiedad o depresión ni ninguna alteración psíquica o comentario sobre sus amigos que nos llevara justificar la alteración global de su conducta.

Mantuvimos unas tres reuniones a solas con ella, mientras, en paralelo, rogábamos a los progenitores que no la agobiaran respecto a su actitud y tan solo organizaran el plan de estudios con la finalidad de salvar el curso.

Las charlas con ella las hicimos, sobre todo, escuchando lo que ella nos contaba sobre lo que hacía y, a su vez, pasábamos imágenes de actividad social que permitieran plantear estímulos de apertura de aspectos posibles desde un punto de vista cívico.

Esta exploración nos permitió acceder a una situación inesperada: uno de sus compañeros del grupo con el que se relacionaba empezó a mandarle, a través del móvil, imágenes de, en primer lugar, mujeres desnudas; después, relaciones sexuales entre mujeres y hombres; y, luego, otros contenidos más escandalosos. Así pues, la situación que teníamos frente a nosotros era la consecuencia del manejo de la información pornográfica que fácilmente se encuentra en los aparatos ‘tan magníficos’ de nuestro progreso. Tal situación, de hecho, desviaba la línea de interés de la paciente y creaba sentimientos y deseos que, sin duda, daban lugar a las alteraciones que se estaban produciendo.

Cabe destacar que casi siete de cada diez adolescentes consumen pornografía y un 53 por ciento de ellos manifiesta haber iniciado dicho consumo entre los seis y los 12 años. Un 87 por ciento de adolescentes varones reconoce haber visto pornografía, al menos, en una ocasión, mientras que, en el caso de las mujeres de la misma edad, la cifra es del 39 por ciento. Según la organización Save the Children, quienes han consumido pornografía accedieron a internet para informarse sobre sexualidad. En este sentido, la búsqueda activa es como un rito de iniciación a la madurez, al deseo sexual y a la socialización masculina, mientras ellas se topan con estos contenidos de forma mucho más accidental, y están más expuestas a recibirlo de personas desconocidas.

Así mismo, también conviene poner de manifiesto que la educación afectivo-sexual no siempre está a la orden del día en el hogar familiar, lo cual facilita que internet se convierta en docente y consultorio sobre sexualidad y, con él, se abra la puerta a la pornografía. Por otra parte, una gran parte de las chicas se adentran en la pornografía como método para conocer qué se espera de ellas.

Entre los adolescentes, y a través de internet, abunda una conceptualización denigrante hacia la mujer, en el ámbito sexual. El deseo sexual se está construyendo sobre bases irreales, violentas y desiguales, propias de la ficción. A las chicas se les ofrece una única opción en la que su placer pasa a un segundo plano y su posición es incondicional y en muchas ocasiones totalmente sumisa.

1 Comentario

  1. A esto habrá que sumarle que parte del independentismo catalán pueden ser declarados acosadores en potencia.
    A ver si RAC1 y el grupo Godo dan debates y detalles.
    Somi.

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