Políticamente eclipsada

Su historia es la de una “divina” queriendo “divinizar” la política en un partido en manos de un tipo de Murcia, cuya principal afición es escupir huesos de aceituna.

Un abanico para Draghi
Opinión de Núria González para eltaquigrafo.com

Ayer estuve en la presentación del libro de Cayetana Álvarez Toledo. Muy pocas personas deben estar ideológicamente más alejadas de mí que ella, pero lo cierto es que a las mujeres en política que se las oye algo más de lo que los férreos controles patriarcales machunos de los partidos políticos toleran, me gusta prestarles atención. Y sin duda ese es el caso de esta señora de convicción elitista y modales exquisitos, que es bastante menos consistente y experimentada de lo que parece.  

La prueba de ello es que fue escandalosamente apartada de su propia presentación.

Es curioso ya que, ella misma vaticinó el horrible resultado del acto literario al que asistí. Cayetana utilizó la comparativa del eclipse entre la luna y el sol para hacer un símil entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. Según sus propias palabras “la luna no puede eclipsar al sol si el sol brilla lo suficiente”, en una clara alusión al poco brillo de Casado y al estruendoso relumbrón de hojalata de Ayuso.

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Sin embargo, mientras decía esto, la paradoja que sucedía fue que era ella la que estaba siendo eclipsada en su propia fiesta por el nefasto presentador del evento que alguien eligió de la manera más desacertada posible. Él era el infumable Albert Boadella.

El tipo, haciendo gala de su inexistente poca gracia habitual, empezó a hablar a las 19.00 h en punto, cuando dio inicio el evento. Lo hizo para referirse a sí mismo y comparar el libro que se presentaba con una obra maravillosa, según él, que por supuesto era suya. Siguió hablando y hablando y hasta se marcó un numerito escénico de imitación a lo Carlos Latre, pero sin gracia también, de Pablo Casado y Teodoro García Egea recreando el momento en el que se supone que encontrarían el libro de Cayetana en su despacho.

A las 19.37h fue la primera vez que el pesadísimo presentador se dirigió a la protagonista del acto, que llevaba 37 minutos poniendo cara de circunstancias y una sonrisa más forzada que natural, ante la sarta de estupideces que no paraban de salir de la bocaza del señor Boadella que, sólo tenían que ver con él y nada con el libro de ella. Llegó el individuo incluso a explicar lo mucho que disfrutaba viendo cuando se “caían de esas torres humanas”, refiriéndose a los castellers, con risita incluida. Ridículo y del mal gusto, hasta el minuto 39 de su actuación no empezó a hacerle preguntas a Álvarez de Toledo.

Casi cuarenta minutos de mal show, rancio y casposo, que sólo les puede gustar a los rancios y casposos rebotados como Boadella. Pero no se acabó ahí la tortura.

Cada pregunta que lanzaba duraba unos 5 minutos de imitación y reflexión previa del inesperado protagonista, a lo cual le seguía una respuesta de la diputada de no más de dos o tres minutos. Un ejercicio de lucimiento de una capacidad de inventiva que no existía, puesto que, si las preguntas estaban minuciosamente preparadas, las respuestas lo estaban aún más.

El evento acabó a las 20.21h. Lo cuál quiere decir que las y los asistentes nos tuvimos que fumar al insoportable Boadella durante más o menos una hora y que a Cayetana, a la que habíamos ido a escuchar, la escuchamos unos escasos veinte minutos.

De su libro titulado “Políticamente Indeseable” a la realidad del evento donde resultó que el indeseable fue el maleducado presentador y ella, que quedó políticamente eclipsada.

Y de ahí que al principio haya dicho que esta mujer es bastante menos experimentada de lo que da la imagen de ser, porque es de error de principianta dejar en manos de un machín con ego inconmensurable y en horas bajas, la conducción de un evento con cierta relevancia mediática que, sólo utilizó para su lucimiento (o deslucimiento) personal, en lugar de para dar a conocer a la autora. Error de principiante y de alma cándida que, aunque muy de derechas, es lo que es la pobre Cayetana.

Una mujer de alta cuna y fantástica vida que decidió, no dudo que desde su punto de vista con noble propósito, dedicarse a la vida pública para, según ella misma, defender la “belleza” en la que ella misma había vivido y llevarla a la política. Tan bonito me parece así escrito que yo misma estaría de acuerdo con dicho plan.

Sin embargo, una pobre ilusa que creyó que lo excelso de su visión iba a pasar por encima del garrulerío que se ha instaurado en el Partido Popular hace ya mucho tiempo.

Su historia es la de una “divina” queriendo “divinizar” la política en un partido en manos de un tipo de Murcia, cuya principal afición es escupir huesos de aceituna. La de una mujer cultísima y refinada queriendo refinar y culturizar la política en un partido en manos de un tipo al que, presuntamente, le regalaron los títulos universitarios.

Tan cándida me resulta la historia que hasta ternura me merece la pobre y elegante Cayetana, que ha ido a estrellar su estilosa melena rubia con la realidad de la derecha política española, a la cual define hoy estupendamente una sola palabra: cañí.

Tengo que decir que cualquier mujer que no cumple con los estereotipos que se esperan de ella cuenta con mi simpatía y beneficio de la duda inicial, hasta las de derecha (no confundir con las voxeras). Así que es una lástima que en lugar de ahondar en la eclipsada Cayetana hubiera tenido que soportar al manido de Boadella y sus simpleces. Quién sabe, quizás tengamos otra ocasión.

1 Comentario

  1. Siga el dinero: verá quién financia a estos guardianes del dato que siempre aparecen escorados hacia el mismo lado, cuelan el mosquito de la derecha (por no encontrar ahora mismo mejor expresión) y cuelan el camello de la información favorable al progresismo más desatado.

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