Piquetes contra el patrimonio cultural de Barcelona

El visitante que se persona en la Casa Batlló sufre la desagradable sorpresa de que los trabajadores no informan, sino que atacan verbalmente, megáfono en mano, a los otros miembros del personal, a los directivos que entran o salen y a los propios turistas.

Piquetes contra el patrimonio cultural de Barcelona
Los turistas ven interrumpida su estancia en la casa Batlló por las protestas.

En época de pandemia, de crisis económica y de cierre de restaurantes, los pocos turistas que llegan a Barcelona se encuentran con los símbolos culturales de la ciudad y del país languidecidos por las restricciones. O eso o, además, se los encuentran rodeados por un par de docenas de individuos que, con pitos estridentes, megáfonos a todo volumen y pancartas reivindicativas sobre cuestiones laborales, bien parecen un grupo de fanáticos exacerbados e hiperventilados como lo estaban los curiosos que rodeaban las guillotinas en la Francia de la revolución. Se les puede ver (y oír) frente a la Sagrada Familia o a la Casa Batlló.

Los turistas no entienden nada. Ven esa actuación como un asedio y los que hemos sido testigos, solo podemos hacer que darles la razón. Se trata de militantes o simpatizantes de un sindicato minoritario (tan minoritario que se diría que se trata es un sindicato creado ad hoc para lucha contra la «opresión laboral» que se ejerce desde las atalayas de la arquitectura de Gaudí). Se trata del SUT (Solidaridad y Unidad de los Trabajadores) que, en opinión de algún trabajador no abducido por ese sindicato, «su único fin es convertir a la Pedrera, la Sagrada Familia y la Casa Batlló en su propio negocio». Un sindicato que, cuando se le interpela por su actividad, exige a los periodistas que formulen las preguntas a través del email y «ya se les responderá».

El SUT se define como un «sindicato de clase que no acepta subvenciones ni ayuda patrimoniales, ni del patrón ni del Estado”. Sin embargo, cuando acampa frente a estos monumentos de pública concurrencia que representan a la ciudad, pide dinero para una supuesta «caja de resistencia».

Fuentes próximas a los empleados en Casa Batlló han explicado a este medio que el SUT se ha inoculado en la empresa subcontratada, especialmente en los jóvenes trabajadores que gestionan Casa Batlló o Sagrada Familia. Les engañan, les dicen que ellos —el sindicato— conseguirán que se conviertan en plantilla de la empresa matriz y los llevan a la huelga. Huelgas duras, con gritos, con ataques, con amenazas incluso a los visitantes; en definitiva, piquetes que sólo pretenden generar ruido, mal ruido.

Los visitantes reciben los ‘megafonazos’ de los que protestan.

Y ruido es lo que escucharon en el Paseo de Gracia de Barcelona una pareja que, la semana pasada, intentó visitar Casa Batlló y que huyó despavorida (ella embarazada). Quince personas y un dirigente del SUT con un megáfono, molestando a los visitantes, gritando en sus oídos, atacando a los propietarios e insultando a los trabajadores que allí permanecen. Este diario ha contactado con la empresa que gestiona la casa museo que diseñó Gaudí (que tiene subcontratados a los trabajadores en huelga) e informan que dos de sus empleados han tenido que ser asistidos en Centros de Atención Primaria por daños causados durante las protestas.

El visitante que se persona en la Casa Batlló sufre la desagradable sorpresa de que los trabajadores no informan, sino que atacan verbalmente, megáfono en mano, a los otros miembros del personal, a los directivos que entran o salen y a los propios turistas que intentan conocer mejor este inmueble declarado Monumento Histórico-Artístico de Carácter Nacional y Monumento Patrimonio de la Humanidad. Algo similar ocurre en la Sagrada Familia, donde se insinúa que, en época de COVID-19, nadie está a salvo. ¿Cómo alguien puede usar una enfermedad para evitar que los visitantes de la Sagrada Familia accedan a su interior? Inaceptable. Bochornoso.

Con todas estas preguntas, llamamos a los dirigentes del SUT y su respuesta fue, todavía, mucho más triste que el espectáculo al que someten a los turistas: Una portavoz, altiva y desconsiderada, informó al periodista que suscribe que «si quiere usted cualquier información, envíenos un email a la dirección que encontrará en…».

Naturalmente, este medio no busca perderse en trámites burocráticos sin sentido, solo para obtener respuesta a las siguientes preguntas: ¿Han utilizado ustedes la COVID-19 para crear un ambiente incierto alrededor, por ejemplo, de ‘nuestra’ Sagrada Familia? ¿Es cierto que han lastimado el tímpano a los empleados que no secundan sus protestas, a golpe de megáfono? ¿Saben o han calculado ustedes el daño que infieren a la imagen de la ciudad?

Nada. Ni una palabra. Ni si quiera para negarlo, como quien asiente con el silencio.

Se niegan a responder (¿por qué?). Dicen solo ser piquetes informativos y no esconden su desprecio hacia el periodista que les escruta para recabar su opinión. «Escriba usted un email», le dicen, como si el tal SUT fuera la quinta esencia del sistema, cuando lo único que queremos es que confirmen o nieguen que su conducta es tan bochornosa (o no) en el fondo, como lo es en las formas. Barcelona no se merece este tipo de espectáculos que, bajo el paraguas de supuestas reivindicaciones laborales, no son lo que parece. Se trata de un circo protagonizado por unos tipos a los que se les importa un bledo la imagen de la ciudad o su patrimonio cultural y que desprecian a la prensa que formula preguntas incomodas, casi como quien amenaza callando.

1 Comentario

  1. En vez de criticar al sindicato, ¿No sería más correcto averiguar que es lo que piden los huelguistas? A mi me atendieron correctamente y me comentaron el porqué del piquete. También me comentaron que no les dejan entrar dentro por lo que me escuece mucho lo que dices de los trabajadores heridos. Si fuese cierto, bien que actuaría la policía que pasa muy a menudo por delante de ellos.

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