Perros con placa de Mario de la Rosa

Con un inspector al frente al que solo le interesa su trabajo y cualquier medio o excusa sirve para su causa. El fin justifica los medios

Perros con placa de Mario de la Rosa

Hay ocasiones en las que uno descubre la existencia de un libro y sin saber por qué, lo ha de leer sí o sí. Corazonadas que uno tiene. Y eso es lo que me sucedió al conocer ‘Perros con placa’ del escritor Mario de la Rosa (Madrid, 1975).

De hecho, hasta que no tuve el libro en mis manos, desconocía que Mario era actor, y además de una serie de éxito como es ‘La casa de papel’. Sí, se habrán dado cuenta que debo ser de los pocos que no la han visto, no me lo tengan en cuenta.

Tal vez fue el nombre del libro, quizás la portada que llamó mi atención o mi pasión por los perros, que quisieron que esta maravilla llegara a mis manos, porque es una auténtica gozada leerla. Es novedosa y supone un estilo nuevo y diferente a lo que estamos acostumbrados a leer. Le auguro un futuro muy prometedor, tanto a la novela como a su autor.

Así empieza, con una rima del grupo musical CPV, con eso lo digo todo… «El malo, el grande, el fiero. Espero que el miedo te deje vivir en paz. Cuidado con el perro, lo llevo en mi frente tatuado, en mi mente, detente…warf»

Grupo 11

El grupo 11 de la UDYCO (Unidad de Droga y Crimen Organizado) del Cuerpo Nacional de Policía, se dedica al tráfico de cocaína y tiene su base en el centro de Madrid. El grupo está comandado directamente por el Inspector Caballero y supervisado por un nuevo Inspector jefe, Salvador Cano. Por encima de ellos, está el comisario Mateo Rochina, mando supremo al cargo de varios grupos de la UDYCO y a la vez, mentor y protector de Caballero.

Caballero y su grupo 11 andan detrás de una importante banda de crimen organizado llamada ‘Los Mastines’, y la trama principal de la novela girará en torno a ellos.

Conoceremos a cada uno de los perros que forman parte de la gran manada de «Los Mastines», así como a los miembros del grupo 11. Un grupo de élite que, si quiere tener éxito en sus investigaciones y pesquisas, deberá traspasar la delgada línea roja entre el bien y el mal, lo legal de lo ilegal. Con un inspector al frente al que solo le interesa su trabajo y cualquier medio o excusa sirve para su causa. El fin justifica los medios, ese es su lema.

Somos perros, perros de presa. Apostamos por nosotros y por nuestra empresa”

Leer al ritmo de la música

La primera obra de Mario de la Rosa, nos trasladará a Madrid capital y sus alrededores, planteándonos todo tipo de escenarios y haciéndonos partícipes de los problemas y sentimientos de cada personaje, ya sea principal, secundario o terciario, del grupo 11 o de «Los Mastines». Nos permite ver y entender la diferente perspectiva de la vida que tiene cada uno de ellos y saber el porqué de sus actos, así como disfrutar de una lectura frenética a ritmo de rap.

Al inicio de la mayoría de sus capítulos, Mario nos regala rimas de canciones de la que nos facilitará su artista, tema y álbum a pie de página. Una novela diferente, una apuesta arriesgada, un as que Mario de la Rosa se ha sacado de la manga y con el que ha ganado la partida.

En ella su autor nos refleja la dura vida de los policías que se dedican a la investigación y persecución de los delitos, sacrificando su vida personal y rayando el límite del bien y el mal para poder dar caza a los delincuentes que gozan y disfrutan de las leyes y derechos que les asisten en nuestro país, siendo un reclamo y el paraíso perfecto para todo aquél que quiera delinquir.

¿Qué tienen que perder? ¿Pena de cárcel? Es un ‘chollo’. Antes de que no entren en prisión deberán delinquir y mucho, o bien realizar delitos con violencia o de sangre. Y si son condenados con penas privativas de libertad, en nuestros centros penitenciarios no les faltará de nada, gozarán de gimnasios, piscinas olímpicas, bis a bis, permisos penitenciarios de salida y hasta un trabajo remunerado y cotizado en la seguridad social, siendo un derecho establecido en nuestra constitución este último.

Cuando uno está presente cuando pasa a disposición un detenido delante de un juez y escucha que el acusado prefiere ser privado de su libertad antes que conmutar la pena de prisión por la expulsión de nuestro país por no ser nacional y delinquir, lo entiende todo.

Bienvenidos a la manada de Mario de la Rosa, bienvenidos a su perrera.

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