Perdiendo más lentamente

Retorno al pasado, es una de esas películas que suele vivir en lo más alto de las listas de clásicos noir, con tipos que hablaban como poemas y chicas que besaban como disparos

Perdiendo más lentamente
Retorno al pasado (Out of the past, Jacques Tourneur, 1947)

Frente a la obvia metáfora de la vida que siempre es la ruleta, ella pregunta: “¿Hay alguna forma de ganar?”, tal vez subrayando ya desde el principio su ambición por el dinero. Él contesta: “Hay una manera de perder más lentamente”, con una naturalidad como si le salieran líneas así todos los días y cada minuto se pudiera resumir la esencia del cine negro en unas palabras. Sí, el cine negro es perder más despacio frente a la inexorable vida, frente a las mujeres peligrosas, frente al pasado que vuelve.

Todo eso y más está también en Retorno al pasado (Out of the past, Jacques Tourneur, 1947), una de esas películas que suele vivir en lo más alto de las listas de clásicos noir. Personalmente creo que no está a la altura de Perdición, Forajidos o Los sobornados (por citar tres ya en esta esta sección de eltaquígrafo), pero eso no quita para que sepa destacar y admirar sus múltiples virtudes.

Perdiendo más lentamente

La película comienza evocando Forajidos pues alguien siniestro llega a un pueblo americano y localiza al gasolinero (como lo era Lancaster) para traerle malas noticias del pasado que se convierte en presente. Robert Mitchum es Jeff Bailey, antiguo detective que ahora ha tratado de reinventarse con su gasolinera, su amor por la pesca, su amigo el joven sordomudo y una novia formal… pero que no podrá evitar esa cita con su pasado. En el viaje en coche hacia aquel que le contrató, Jeff le cuenta a su novia su verdadera historia en un flashback (también como en Forajidos) que dura casi media película y es lo más interesante (imprescindible voz en off, incluida).

publicidad
Retorno al pasado (Out of the past, Jacques Tourneur, 1947)

Jeff era un detective y fue contratado por Whit Sterling (un casi debutante y eléctrico Kirk Douglas y ya absolutamente opuesto al taciturno Mitchum) para encontrar a su peligrosa amante, que le disparó y se largó con cuarenta mil dólares. Jeff localiza a la chica en Acapulco y, como era de esperar, salta todo por los aires. Kathie Moffat (una esbelta Jane Greer con veintipocos y ya esos colmillos) devora la película desde su aparición. Sin duda una de las mujeres fatales mejor construidas de la historia, que empieza siendo una mosquita muerta (y eso que le había metido un tiro en la barriga a Whit) y acaba emponzoñando todo lo que toca  (“No sabía que eras tan bajita” “Soy más alta que Napoleón” “Y más hermosa”. Punto a favor de Kathie).

El amor surge en una escena memorable cuando les pilla una tormenta de camino al chalecito y, una vez allí, Jeff empieza a secarle el pelo con una sensualidad animal que les lleva al beso. La cámara se retira escrupulosa hacia la puerta y vemos volar la toalla que tira una lámpara al suelo con violencia, mientras la tormenta desatada abre la puerta. Hoy la escena duraría mucho más y veríamos los lunares de nacimiento de ambos actores y los espasmos harían temblar el estéreo, pero, en los cuarenta, menos era más y todavía reinaban la sutileza y el ingenio, sin necesidad de subrayados absurdos. La tormenta ha empezado. (Por cierto, recordemos que esto está en la analepsis que Jeff está relatando a su novia… ¿cómo le diría lo de la toalla?).

Perdiendo más lentamente

La tórrida historia acabó mal, claro, pues fueron descubiertos y en la pelea (gran coreografía y mejor juego de luces y sombras) ella dispara al chantajista y se larga, dejando a Jeff con el muerto, nunca mejor dicho.

Por supuesto, ya en presente, descubriremos que Kathie ha vuelto con Whit y que quieren contratar al exdetective para un complejo asunto de un abogado que podría chantajear a Whit. La trampa se ve venir claramente, pero Jeff sabe que no puede eludirla. Esta segunda parte es más oscura y confusa y vuelve a terminar en sangre, con Mitchum volviendo a su pueblo buscando una salvación imposible.

Todo el fatalismo de la historia se subraya con la excelente fotografía de Nicholas Musuraca (quien ya había trabajado con Tourneur en las sinuosas sombras de La mujer pantera, no se la pierdan). Musuraca parece iluminar los exteriores como los interiores y las sombras son constantes incluso en el soleado México o en las montañas americanas. Esa luz juega a favor de personajes esquinados que fuman constantemente (¡Mitchum hasta le quita de la boca el cigarro a un taxista!) y visten con gabardinas como segunda piel. Ella, claro está, brilla diferente. Su vestido blanco y su pamela son para enamorarnos… y vaya si lo consigue.

Retorno al pasado (Out of the past, Jacques Tourneur, 1947)

Y, por supuesto, los diálogos: “Joe no podría encontrar ni una oración en la Biblia”; “No quiero morir” “Yo tampoco, pero si hay que morir, yo moriré el último”; “Tendrías que haberme matado por lo que acabo de hacer” “Hay tiempo”; “Nos merecemos el uno al otro”… y así toda la película. Curiosamente, el cierre será para el joven sordomudo con un emotivo movimiento de cabeza y saludo, que hay que valorar y comprender en toda su extensión y dignidad.

Todos perdemos, sí, pero es mejor perder más despacio volviendo al pasado de las grandes películas con tipos que hablaban como poemas y chicas que besaban como disparos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here