Pedro Sánchez, retrato clandestino de grafitero

Luis Artigue escritor

A por Pedro Sánchez (ese tipo tan duro que si le das la mano antes de empezar a hacerle una entrevista que has de transcribir para el periódico es posible que se te joda la caligrafía; tan duro que si le diera por llorar ni una sola lágrima conseguiría salarle la boca) fueron los neo-comunistas y no le sobrepasaron. Y fueron los de derechas y no le desdibujaron. Y fue el periódico El País, y no le amedrentó. Y hasta fueron también los de su propio partido, y ni siquiera eso logró acojonarle, y mucho menos tumbarle…

Ahora van por él al unísono los independentistas catalanes y los osos cavernarios de Vox, pero él va a los debates televisivos y a la confrontación electoral sin armadura ni suspensorio.

Y es que sólo los héroes, decía el gran vanguardista don Ramón Gómez de la Serna, saben ir a la batalla como persuadidos de que la muerte es una señora de pueblo que tarda horrores en fingir el orgasmo.

Pero eso no quiere decir que sea el mejor, pues hoy en día, en política, no ganan los mejores sino que ganan los que ganan.

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“Los mejores carecen de toda convicción, mientas que los peores están llenos de apasionada intensidad: por eso la revolución tendrá que ser hecha, otra vez, por los peores”, escribe uno de los más celebrados pensadores contemporáneos, el esloveno Slavoj Zizek.

¿Harán los viernes sociales olvidar a los electores lo de la reunión bilateral con Torra, y lo del relator, y lo del diálogo con los que ya han delinquido al declarar la independencia…?

Y hablando de revolución, Pedro Sánchez, ese político tan alto, listo y follable que parece hecho pieza a pieza en un laboratorio de marketing, es políticamente hijo de una revolución guerra civilera de las de fusil de asalto, puñalada trapera y cuchillo entre los dientes: la guerra civil fratricida que acaba de acontecer en el PSOE entre el partido socialista andaluz (que llevaba al frente a una andaluza) y el partido socialista catalán (que llevaba al frente un madrileño, Pedro Sánchez, pues así de retorcido es el PSC).

Ha habido en la contienda sangre, sudor, lágrimas, desertores, purga de adversarios, tal sangría que hasta la pierna ortopédica de Eduardo Madina corría sola y una posterior y exitosa forma de silbar para hacer como que aquí no ha pasado nada…

Esa cruenta guerra civil, como es sabido, la ganó el acreditadamente valiente Pedro Sánchez y el retorcido PSC, y, según parece, la perdieron a la vez los socialistas andaluces y, también, los que aún creen en que España pueda alguna vez superar su tóxico e histórico síndrome de reinos de taifas.

Pero en esa revolución no ganaron los mejores, una vez más, sino que la ganaron quienes tenían más audacia y más agallas. Pero eso ha tenido sus consecuencias…

De hecho ése es el motivo por el cual ahora en España, como bien dice Javier Cercas, la izquierda ha dejado de ser internacionalista.

La presidencia de Sánchez en lo social ha sido ambiciosa, audaz, efectiva y verdaderamente prometedora. En lo económico, también, a pesar de que no le ha dado mucho tiempo a mucho. Pero su punto flaco ha sido, como todo el mundo sabe, el que ha sido, y ha de revisarse y corregirse por el bien de la mayoría.

Y es que en verdad el problema político de la presidencia de Pedro Sánchez, la piedra de toque de estos meses de gobierno, ha sido la gestión de lo de Cataluña: es como si, guiado por el PSC, que le ha puesto y le dirige, el Presidente de todos se hubiera propuesto contentar a los catalanes cabreando al resto de España. Y claro, luego llegan las elecciones generales y, así, no salen las cuentas.

Sin embargo lo mejor de Pedro Sánchez, tras tanto tiempo de recortes y de asfixia de la clase baja y la clase media, ha sido lo que se ha dado en llamar los viernes sociales.

¿Harán los viernes sociales olvidar a los electores lo de la reunión bilateral con Torra, y lo del relator, y lo del diálogo con los que ya han delinquido al declarar la independencia, y lo de la intención de premiar a la autonomía que delinque sobre las que no han delinquido declarando a su vez la independencia?

Eso está por saber.

Sin embargo, visto en conjunto el percal, Pedro Sánchez es nuestra esperanza blanca pues ha demostrado ser, con mucho, lo menos malo del bloque de la izquierda….

Ojalá el dios de la política que nos libró del bipartidismo nos libre pronto del bipartidismo disfrazado de otra cosa, esto es, de los dos bloques.

Que así sea.

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