Papá se ha ido

El látigo de la droga sacude siempre con más fuerza a los más débiles.

jesus soto sanchez

Las detenciones por narcotráfico son un fenómeno que comúnmente se vive en la ciudad fronteriza de Juárez (Chihuahua), al norte de México. Su colindancia con El Paso (Texas, EE.UU.) ha hecho de Juaritos una localidad bastante ambicionada por los cárteles de la droga, quienes de mil maneras se esfuerzan por introducir sustancias prohibidas en el mercado americano, debido al alto valor de las drogas en este país. El narco lo salpica todo. Allí, y en esa coyuntura, ocurren historias como las de Adriana. 

Adriana es una niña de 12 años. Su domicilio se ubica en un sector popular, cerca de la zona centro de Ciudad Juárez. La niña, poseedora de una gran voz y talento, se inclina por la música regional mexicana, y parece que le espera un futuro prometedor en este asunto de lo artístico. Adriana es de un temperamento tranquilo, además de un carácter amistoso y muy tierna en su manera de relacionarse con los demás. En estos últimos días participó como candidata a reina de su escuela secundaria y quedó en segundo lugar por su simpatía. Su padre y su madre decidieron separarse debido a la compleja relación matrimonial que vivieron por un tiempo. El padre de Adriana, quien se dedicó al cruce de drogas en Juárez-El Paso por algunos años, jamás imaginó que algún día sería detenido por sus actividades ilícitas. A ella, la mantuvieron ajena al quehacer ilegal de su padre; incluso no sabía nada de su detención por cuestión de salud emocional.

La última Navidad, la pasó esperando el abrazo de papá; no sabía, ni entendía por qué él no se reunió con la familia materna y por qué no había un regalo para ella. La Nochebuena transcurrió, los días avanzaron hasta hoy y cuando volvió a ver a su padre, fue detrás de las rejas de la prisión federal de El Paso.

—Mi papá estaba llorando, me pidió que perdonara sus errores y me dijo que me amaba, que se había portado mal y que por eso estaba ahí encerrado. Yo no tenía palabras para decirle algo, solo le quería abrazar y decirle que saliera de ahí y que fuera a mi casa para estar juntos: Él me explicó que no se podía salir porque los policías lo cuidaban y que tendría que estar ahí un tiempo más. Pensaba que mi papá había hecho algo muy malo, he oído decir que los que van a la cárcel son personas malas, pero mi papá es bueno. Me siento muy triste porque no está conmigo y ahora él tiene que estar ahí, encerradito, aunque él no quiera. Tendré que esperar para poderlo ver otra vez y que me lleve al cine o ir juntos a cenar.

En Ciudad Juárez habita la mayor cantidad de menores entre los 0 y 14 años, ya que hasta el año pasado se contabilizaban alrededor de 397.242 de ellos. Sin embargo, actualmente no existen leyes y planes de acción para garantizar su seguridad y derechos primordiales, como la vida. De acuerdo al Programa Estatal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes en Chihuahua, los menores son víctimas de violencia y otras vulneraciones a sus derechos por parte de grupos e individuos criminales que ponen en riesgo su vida, integridad, seguridad y libertad.

En la más reciente Consulta Infantil y Juvenil realizada por el Instituto Nacional Electoral, se dio a conocer que el 10% de los menores de edad que habitan en el Estado han sufrido algún tipo de violencia. La encuesta fue publicada recientemente y en ella se agrega también que menores de los seis a los nueve años han sufrido algún tipo de maltrato —como mínimo, golpes— y en su mayoría lo reciben en la escuela y en el hogar.

Adriana fue entrevistada en el Heraldo de Juárez

—Algo que quieras decir a las personas que leerán tu entrevista en todo el mundo.

—Que nos quieran, que nos den amor, por que los niños y las niñas necesitamos cariño más que dinero o juguetes; que es mejor trabajar en cosas buenas, así nunca los llevarán a la cárcel; que cuidemos a los niños más pequeños, muchos no tienen papás y también se mueren de hambre. Si los adultos hacen cosas malas, los policías los meterán en la cárcel, y los niños que tenemos a un papá en la cárcel sufrimos porque ese tiempo ya no se puede recuperar.

El látigo de la droga sacude siempre con más fuerza a los más débiles. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here