Pandillas dominicanas buscan el control de las calles de Barcelona

Preocupación policial por el arraigo de los “Dominican Don't Play” o de los “Trinitarios” en las zonas que históricamente habían sido “el territorio” que los “Ñetas” o los “Latin Kings” habían ocupado para cobijarse y para distribuir droga

Pandillas dominicanas buscan el control de las calles de Barcelona
Miembros de la banda latina Dominican Don't Play

La presión policial en Catalunya (especialmente de las Unidades de Investigación de Bandas de los Mossos d’Esquadra ) y la iniciativa municipal de Barcelona para reconducir a los pandilleros de los Latin kings y Ñetas hacía entidades culturales, desactivaron la vorágine de enfrentamientos (peleas, homicidios, robos, amenazas, chantajes…) que unos y otros estaban protagonizado allá por los primeros años 2000.

Cambio de contendientes

Pero la delincuencia se modula, se esconde, se desplaza pero no desparece. Esa mismas zonas de la Riera Alta en el Hospitalet, en Cornellá, en el Borne, en el Maremágnum o el corazón de Ciutat Vella de Barcelona, que eran reino de “Latins” o “Ñetas”, son ahora territorio de dos bandas si cabe aun más virulentas y con un mayor perfil criminal: los “Dominican Don’t Play” y los “Trinitarios”.

En los dos últimos años, los Mossos han abierto investigación por 8 homicidios en ajustes de cuentas atribuidos a estas bandas.

El más renombrado, el tiroteo a lo Chicago de los años 20 en la puerta de la discoteca “Brisas Latinas” del Paralelo o el tiroteo de tres dominicanos en la Avenida Meridiana de Barcelona.

A tiro limpio

“Dominican” y “Trinitarios” solucionan así sus problemas, y sus problemas no son otros que el control del territorio.

Ese control les permite crear una especie de guetos criminales en donde cobijarse, y donde establecer sistemas de control y protección. Mini “cuarteles-generales” dentro del barrio o de la ciudad.

Allí, además de esconder la droga (o la parte que se dedica a la venta al detalle de forma mas inmediata), de establece el puesto de toma de decisión. Ese “territorio” está custodiado por los centinelas a sueldo de las pandillas y sus moradores sometidos a un régimen de “omertá”.

No pasan inadvertidos

Al crimen organizado (estas pandillas lo son de forma exponencial) les conviene poco ruido para el desarrollo de sus actividades. Sin embargo, las bravuconadas, las demostraciones de fuerza y esos peculiares códigos de honor que ambas pandillas recogen en sus respectivas “biblias”, parecen empujar a sus militantes (se cuentan por centenares según fuentes policiales) a alardear y a hacer más ostensible la contundencia y violencia de sus acciones.

Ese alarde, esa explicitud, no hace otra cosa que aumentar la alarma social. La policía ha tomado buena nota.

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