Pan, trabajo y libertad para las afganas

Aunque los medios de comunicación al servicio del establishment, los que en Europa no han dudado ni un momento en seguir la práctica de la censura impuesta por Bruselas en todo lo referente a Rusia en la guerra, esos han borrado a las afganas de cualquier referencia, las afganas siguen ahí.

Pan, trabajo y libertad para las afganas
Imagen de la concentración organizada por CATAB (Catalunya Abolicionista Plataforma Feminista) en apoyo a las mujeres afganas el pasado 17 de julio de 2021 en Barcelona

Celebramos el primer aniversario del abandono de las mujeres afganas en manos del criminal régimen talibán, por decisión, obra y gracia del senil gobierno de los Estados Unidos de América, preocupados y preocupadas por si el escritor Salman Rushdie sobrevivirá al atentado sufrido hace pocas horas a menos de 100 km de Nueva York, en el que un fundamentalista islámico de veintipocos años, y que seguro sería maravillosamente acogido y condecorado por su acción en Afganistán, le ha apuñalado delante de decenas de personas en un acto público cultural.

Esto pasa sólo pocas semanas después de que el presidente del gobierno senil de los Estados Unidos de América, Joe Biden, se saludara de “puñito”, al estilo puro estilo gringo “give me five!” con Mohamed bin Salmán, príncipe de Arabia Saudí y ordenante del asesinato del periodista Jamal Khashoggi, perpetrado en el consulado saudí de Estambul, donde además de acabar con su vida, fue descuartizado, mientras su pareja esperaba fuera en el coche.

Durante la campaña presidencial en 2020, el presidente de los Estados Unidos de América Joe Biden, que habla solo, saluda al aire y toquetea con gusto repugnante, “prometió” que trataría a Arabia Saudí como un “paria” internacional. Ahora, después de la bochornosa escena a la que le siguió la pertinente reunión, Hatice Cengiz, la prometida del periodista saudí, ha tenido que preguntarle si esa era la rendición de cuentas que tenía prevista.

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El presidente ha dicho que en la reunión habló “franco y contundente” sobre este asunto con el príncipe saudí, y que él le había dicho que qué asesinato ni qué asesinato. Por tanto, ambos convinieron que ya, sobre ese asunto, todo ok.

De la misma manera impúdica e inadmisible cerró Biden el tema de Afganistán. Cuando se fueron del país después de 20 años de hacer ingentes negocios en él, y lo volvieron a entregar a los talibanes, que a su vez lo volvieron a abrir ipso facto de par en par a los grupos terroristas islámicos como Al-Qaeda, lo único que dijo el presidente estadounidense fue “no pensamos que “esto” iría tan rápido”.

Supongo que cuando se refería a “esto”, el señor estaba hablando de la destrucción total de los mínimos derechos humanos que las afganas habían conseguido para ellas, así como un pequeño inicio de independencia laboral de las mujeres y educacional de las niñas.

Esto” debe ser la prohibición total de que las mujeres trabajen o de que las niñas vuelvan a las escuelas, que es lo que pasó en cuanto despegó el último militar americano o de cualquier otro país europeo que les hace de comparsa, como bien estamos viendo en la guerra de Ucrania, aunque ese papelón nos llegue a costar la propia vida.

Esto” debe ser también la obligatoriedad impuesta desde mayo por el régimen talibán de llevar un burka en las pocas ocasiones en las que se les permite salir a la calle. “Esto” será la miseria completa a la que se ha orillado a las mujeres que mantenían a sus familias, desde que se les ha prohibido trabajar. Ahora mendigan o se ven obligadas a prostituirse para los propios talibanes que las condenaron a la miseria.

Y todo “Esto” bajo la impasible mirada de la comunidad internacional que, de nuevo, defraudó a la humanidad entera. Excepto al selecto grupo de hombres gobernantes y dueños de las grandes corporaciones empresariales, que dieron por concluido el periodo de extractivismo en Afganistán. Pronto se les abrió otro nicho de mercado aún más suculento en Ucrania.

Y aunque los medios de comunicación al servicio del establishment, los que en Europa no han dudado ni un momento en seguir la práctica de la censura impuesta por Bruselas en todo lo referente a Rusia en la guerra, esos han borrado a las afganas de cualquier referencia, las afganas siguen ahí.

Las afganas se han manifestado en las calles de Kabul sabiendo que sus protestas serían disueltas a tiros y nadie haría nada al respecto. Las afganas exigen que sus hijas puedan volver a los colegios. Las afganas luchan por poder tener un mínimo de asistencia sanitaria. Las afganas están ahora mismo en las calles al grito de “Pan, Trabajo y Libertad”.

Siempre que desde mi posición casual y temporal de seguridad instalada en la vieja (también senil) Europa veo estas muestras de valentía por parte de las mujeres en el mundo me reafirmo en que, dejando de lado algunas de las estupideces que nos ocupan últimamente, no tenemos nada más que hacer que se acerque a la justicia que apoyar a estas mujeres. Que son las afganas, las kurdas, las indias, las ucranianas, las mexicanas, las traficadas, las prostituidas, las violentadas, la chica que tengo al lado en la playa bañándose con un ofensivo “burkini” mientras el marido está al lado en bañador viendo tetas y el resto pasan olímpicamente de la escena. Somos todas y también en recuerdo de las asesinadas. ¿Cuántas habrán caído en Afganistán bajo las manos de los talibanes?

Sólo las mujeres salvarán a las mujeres y por eso no las olvidamos. El próximo miércoles 17 de agosto a las 20.00h en la plaza de Sant Jaume de Barcelona, nos vamos a juntar para no olvidar a las afganas. Si ellas no decaen, nosotras no tenemos ni el derecho a pensar en abandonar. 

Pan, trabajo y libertad para todas.

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