Palestina, la normalización de lo anormal

Uno de los terrenos en los que la presión ambiental estruja tanto como las fronteras adoquinadas que rodean sus ciudades es Palestina: tierra de paz, escenario de guerras.

La resistencia palestina en Gaza | GETTY IMAGES / ANADOLU / MUSTAFA HASSONA

Los viajes que realizamos a lo largo de nuestra vida son un compendio de sensaciones que se ciñen a las experiencias que vivimos, la gente que conocemos, la comida que descubrimos y los paisajes que retenemos años después en la membrana de nuestra memoria, cuando recreamos el lugar vivido entre anécdotas y recuerdos.

Viajar es caminar en los zapatos de otra persona tantos días como el recorrido nos lo imponga y, muchas veces, darnos de bruces con una realidad para lo que nuestro pellejo sibarita no está preparado.

Uno de los terrenos en los que la presión ambiental estruja tanto como las fronteras adoquinadas que rodean sus ciudades es Palestina: tierra de paz, escenario de guerras.

Nadie diría que entre la antigua Jericó y la albina Nablus existe un rio de naturaleza que copa las carreteras de árboles frutales y, la esperanza, de frescura renovada. El poeta y ensayista Mourid Bargohouti (1944 – 2021) describe su patria como un campo de gracia y dolor donde las intermitentes adversidades causan más indignación que pérdidas.

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La ciudad de Nablus

Su libro Medianoche fue clasificado por la crítica como la plasmación más sincera de los sentimientos del escritor. Bargohouti, que fue testigo de cómo su pueblo se hundía tras los acontecimientos ocurridos en el año 2005, describe esa etapa como un momento donde “la esperanza se volvió inalcanzable y el optimismo se hizo difícil”.

En las palabras del traductor Luis Miguel Cañada, el compendio de poemas que reúne este libro es el autorretrato del hombre sin patria que ha acabado siendo Mourid Bargohouti, la autobiografía de un escritor recopilada en un sentimiento escrito, la biografía un pueblo roto y la analogía entre el devenir individual del poeta y el destino histórico de su país.

El poeta y ensayista Mourid Bargohouti

El trauma y la tristeza recogidos tras trece años de silencio fueron la explicación a una eterna ausencia de la que solo fue capaz de salir refugiándose en las letras. Con la publicación de su último libro, Despiértate a soñar descubrimos una llamada al entendimiento y la reflexión que el lector recibe como una invitación a despertar en mitad de la noche para volver a soñar con un nuevo mundo mejor y mas bello.

He querido rescatar y compartir uno de los poemas más bonitos traducido de su libro A Small Sun y titulado También está bien:

“También está bien morir en nuestra cama
sobre una almohada limpia
y entre amigos.

Está bien morir, una vez,
con las manos cruzadas sobre el pecho
vacíos y pálidos
sin arañazos, sin cadenas, sin banderas,
y sin pedir nada.

Esta bien tener una muerte sin polvo,
sin agujeros en la camisa,
sin marcas en las costillas.

Está bien morir
con una almohada blanca, no en la acera, bajo las mejillas;
las manos descansando en las de los que amamos
rodeados de médicos y enfermeras desesperados,
sin nada pendiente salvo una elegante despedida,
sin prestar atención a la historia,
dejando el mundo tal como es,
esperando que algún día,
algún otro lo cambie”

Otro ejemplo de lucha literaria nacido en Akka, fue Ghassan Kanafani representando la narrativa palestina del exilio. Escritor y periodista, su lucha estuvo marcada por la cualidad estilográfica de su pluma y su obra literaria tiene como tema central el sufrimiento y el exilio del pueblo palestino.

Sus libros, fruto de la eterna disyuntiva política, constituyen un testimonio por su crudo realismo, su justa descripción de situaciones y personajes, y la indiscutible calidad literaria que le ha merecido el reconocimiento de la crítica especializada.

El escritor y periodista Ghassan Kanafani

El libro Hombres en el sol es una evasión de la cruda y amarga realidad, una prolongación de la derrota palestina que se acepta con resignación. Cuando el libro se publicó en el año 1963 fuera de Palestina, era la primera vez que la obra de un autóctono planeaba como una cuestión histórica tratando los temas del éxodo, la muerte y el estupor producidos por la derrota. El argumento es cruel y real. Tres palestinos pertenecientes a tres generaciones distintas coindicen en el devenir de sus vidas: necesitan encontrar una solución individual al problema existencial del hombre y huyen a Kuwait, en busca de las riquezas proyectadas por su imaginación.

Es imposible describir esta zona colmada de lujos orientales sin entrar en el conflicto político por la que se la conoce; hoy no es el caso: sus tierras esconden tesoros literarios tan acordes al paisaje que representan sus ciudades como desconocidos al mundo occidental, que solo mira la eterna juventud de su ombligo.

Parafraseo y concluyo con una frase de Akram, vecino de Nablus, honesto y agnóstico que, mirando directamente a los ojos tras una jornada sin descanso de trabajo, sentenció:

«Vuestra principal lucha no está aquí, porque aquí no necesitamos más soldados. Vuestra lucha comienza cuando regreséis a casa«

… Y en ellos estamos, amigo. Shukran Palestina. Siempre pensé que eras más generosa que desdichada.

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