Otra nueva república

Ricardo Gómez de Olarte
Ricardo Gómez de Olarte

Tenemos tres lenguas diferentes y cooficiales. El barcelonés, el catalán de la Cerdaña, y el castellano. Aunque no de forma unánime, también dominamos con fluidez inglés, francés e italiano. Consecuentemente, hablamos la segunda y tercera lenguas más usadas en el mundo. El resto nos sirve para entender mejor otras culturas, viajar y ser pedantes a voluntad. ¡Ah sí! ¡También podemos decir que somos diferentes y lingüísticamente superiores!. Es decir, en casa hablamos todos esos idiomas.

Nuestro acerbo cultural–poesía, literatura, música, pintura, escultura, etc.- tiene sus raíces en las culturas francesa, española y la catalana. No debemos olvidar lo que, voluntariamente, hemos ahondado en la inglesa (que no británica), en la romana, italiana y en la norteamericana. Traducción: con toda esa base, hemos desarrollado una cultura propia que, en ocasiones, nos permite publicar nuestra propia producción artística. Eso sí, a nuestra costa. Bebemos de muchas fuentes y, de alguna manera y a nuestro modo, las hacemos propias. Como muchos. Y lo que hacemos público para solaz de algún amigo a quien damos la tabarra, no cuesta un duro a nadie.

Nuestros ingresos ayudan a pagar la educación pública del resto de la población, pero el sistema nos niega el derecho a que nuestros hijos accedan a esa misma educación pública. Educación, por otra parte que nada tiene que ver con la verdadera naturaleza y esencia de nuestro pueblo. Lo que dicho de forma más prosaica significa que nuestra hija tiene que ir a un colegio privado por dos motivos: no tenemos derecho a la gratuidad de la pública y la pública (sea cual sea ésta), precisamente no le va a servir para encontrar un buen trabajo en el futuro.

El sistema judicial está pervertido porque, entre otras cosas, niega el tradicional cuerpo legal. Para no aburrir, el ordenamiento jurídico español básicamente consiste en hacer lo que siempre ha hecho cualquier persona de bien: cumplir los acuerdos, acatar la ley, la que sea, y poder exigir que la acaten todos. Cada vez que cualquier persona de nuestro colectivo ha intentado hacer que el resto cumpla la ley vigente ha sido impelido al ostracismo, cuando no a un severo correctivo. Traducción: cuando me ha tocado acusar a poderosos, las he pasado canutas y hasta he salido trasquilado.

Debido al tramo de nuestra aportación fiscal, el entorno impositivo nos esquilma y no nos da nada a cambio. Una de las pocas veces que nuestros dirigentes se vieron obligados a acudir a la sanidad pública, les pasearon en ambulancia y coche por la mitad del territorio de una provincia. Y todo para encontrar un aparato de ecografía y a quien estuviera reconocido oficialmente para su manejo. ¿Motivo? En el nuevo y flamante hospital comarcal estaba clausurado el chisme: ignoro si por inexistencia del mismo, por despido del personal apto para su manipulación o por ambas causas.

En resumen, nuestro pueblo se ve obligado a usar un sistema sanitario de pago obligado. Como en Suiza.Traducción: por un cólico nefrítico me pasearon por media Gerona buscando un aparato de ecografía y quien lo manejara. Cuando llegaban a un hospital, me mandaban a otro y la excusa se convirtió en letanía: los recortes. Recortes que no se aplican para las subvenciones a asociaciones de manteros o embajadas en Nueva York, ciudad y ciudadanos que, como todos sabemos, están siempre pendientes de Barcelona.

Lo endeble del sistema de pensiones y la inveterada costumbre del estado opresor de meter mano a la hucha, ha desarrollado una profunda desconfianza en la certeza de cobrar una pensión digna por lo cotizado, con lo que hace años que nuestro pueblo se paga un plan de jubilación/pensiones para cuando llegue el momento. Igual sucede con el entierro, que ni para morirse puede confiar uno en el estado opresor.Resumiendo: la pensión que recibiremos mi santa y yo no nos llegará para cubrir nuestra vejez y debemos pagar sendos planes de pensiones y de entierro privados.

La impronta de nuestros valores está profundamente arraigada en el alma de nuestro pueblo que es incapaz de digerir la corrupción, desidia, fariseísmo y de pose impostada (tipo colaboradores de Sálvame) que se nos intenta inocular. En lenguaje de la calle eso se traduce en que me llamen bicho raro e intransigente por no aceptar según qué clientes o según qué situaciones. Esperemos que los servicios sociales no me intenten quitar la custodia de mi hija por intentar educarla en esa línea que yo creo recta.

Nuestro entorno ciudadano se está degradando sobremanera. Recientemente, otro de nuestros dirigentes se vio en la necesidad de ahuyentar a tres menores (de origen ajeno a cualquiera de los estados opresores que nos invaden y esquilman desde hace años), cuando pretendían cobrar lo que el pueblo chino les ha venido robando desde hace siglos. Es decir, tres adolescentes magrebíes intentando dar el tirón a tres turistas chinos y dos magrebíes mayores de edad dirigiendo la operación a 50 metros de distancia.

Loor y honra al valiente político de nuestro pueblo –o sea, menda- que tuvo que verse abroncado por las fuerzas del orden del estado opresor por, a saber: a) coaccionar a un pueblo oprimido (ahuyentar a los magrebíes); b) racismo implícito e injurias (“Chorizos de mierda”); c) usurpación de funciones (dirigido a los policías: “Vds. siempre tarde y mal”); d) racismo explícito (“Si lo llego a saber, que les den por retambufa a los chinos”); y e) no usar el idioma cooficial del estado opresor para expresarse ante la autoridad (“Me voy a cagar en todo lo que se menea” en lugar del correcto “Me’nvaig a cagar en tot el que es belluga” y “No corráis, hijos de p.***” en lugar del obligado e institucional“Atureu-vos, no feu escapol de fugir”). Tras arduas negociaciones con presencia de mediador internacional de la Santa Sede, invocaciones y jaculatorias a la Mare de Deu de Montserrat, nuestro político –el que esto escribe- consiguió que los magrebíes y las fuerzas del orden del estado opresor no interpusieran denuncia. Creo que no necesita aclaración.

A estas alturas, pueden imaginar que, tras todas estas graves y continuas afrentas, en nuestro territorio se ha celebrado un referéndum de autodeterminación. El pueblo ha hablado y ha decidido declarar la república independiente del 2º2ª de forma unilateral. Hemos desayunado, hemos cantado, reído y bailado. Nos hemos ceñido las sienes con coronas de flores de plástico del bazar chino de la esquina para celebrarlo y hasta hemos puesto un gato de esos que mueven el brazo como nota exótica y remedo barato de diapasón para marcar algún ritmo asiático-caribeño.

Sin embargo, el primer estado opresor (la Comunidad de Propietarios) de nuestro pueblo (nuestro piso), a través de su presidente me ha montado un pollo basando su discurso en aquello tan socorrido de “Vd quién se ha creído que es?”

El del 3º-1ª, un vago inútil refugiado en el “buen rollito” profesional y ecologista acérrimo con alergia al jabón y a la más elemental norma de convivencia olfativa (huele a sudor, humedad y pies que tira de espaldas, pero… ¡aparenta ser tolerante!), tras consultar con el oráculo de Pep Guardiola, ha llamado a la Guardia Urbana, que son las fuerzas del segundo estado opresor, para impedir la fiesta de la democracia.

El vecino del 1º-3ª, dipsómano descerebrado autoproclamado delegado especial a las órdenes de Puigdemont y la del sobreático, que realquila sin permiso su estudio a los turistas, han llamado a los Mossos, que, en su versión de la realidad, son las únicas fuerzas del orden. Para nuestro sacrificado pueblo (mi mujer, nuestra hija y yo mismo) son el ejército del tercer estado opresor. Ahí es nada, nuestro pueblo y sus tradicionales libertades, educación, cultura y derechos pisoteados por tres estados opresores. ¡Y luego se queja Puchi de España!

En una democracia es natural votar, pero ambas fuerzas invasoras junto con la presencia inquietante del presidente de la Comunidad armado con el acta de la Junta que lo nombró, nos lo han impedido. Entre todos han evitado que trascendiera la declaración de independencia del 2º-2º; o sea, nosotros. Al ulular de las sirenas, el del ático, dando por sentado que seríamos expropiados e invocando al espíritu de Fraga Iribarne, al de Miguel Boyer y al del Ibex 35, ha bajado en seguida para ofrecer dinero en metálico (poco) para comprar nuestro piso y decirnos que el resto lo traería “de fuera”cuando la situación se calmara y su testaferro saliera del talego por una falsa acusación de corrupción.

En tan histórica jornada, desde la librería de abajo, ha surgido una clienta, habitual lectora de gorra, con un asombroso parecido a Ada Colau, diciendo que “Debemos ser tolerantes con todos menos con ese facha. Crearemos un cordón de seguridad para impedir que contamine al resto de la población”, pero no ha aclarado si dicho cordón se refería ami barriga cincuentona (viniendo de ella, tiene guasa) o a otra cosa. Intuyendo berridos y aullidos falsamente airados que se suelen producir en estos casos, una vez más he optado por callarme.

A continuación ha dicho que ella también quiere ser independiente, que una vez lo fue, que nunca lo ha sido ni lo va a ser y que en cualquier caso siempre respetará a sus compañeras y compañeros y lo que sea del LGTBI porque ella es heterohomotransexual. Como nadie le ha hecho caso, acto seguido ha intentado cerrar cualquier lugar de ocio del entorno lejano y cercano en beneficio de un minúsculo y próximo antro carente de permiso y cuyo público increpa a todo el que pase cerca para poder fumar maría y vomitar en la calle a sus anchas (libertad de expresión).

Menos mal del Culto Evangelista de enfrente, que entre oficio y oficio, se ha dedicado a impartir paz entre los hermanos payos y ha evitado –faca en mano- que los okupas se liaran a tortas con el primero que pasara (que suelen ser los fieles a ese Culto). Los chatarreros que han ocupado la oficina de una extinta Caja de Ahorros han asomado el carrito del supermercado a ver que podían recoger, pero sin éxito.

Los borrachos del bar de chinos de enfrente jaleaban todo con palmas desacompasadas, porrazos sobre las dos mesas de la terraza, berridos y potentes regüeldos en do sostenido, que en su fantasía alcohólica les debía sonar a flamenco, cante de las minas o la Santa Espina.

Hemos solicitado a la Confederación Helvética que nuestro piso sea declarado enclave de la ciudad de Ginebra, por aquello del idioma y las conexiones (Lugano está muy mal comunicado y el italiano de Suiza es horroroso), pero no se acaban de definir. Nos da igual el franco suizo que el euro. Nos da igual el idioma. Nos da igual comer una cosa u otra (en Suiza se come bien). Nos da igual la religión. Nos da igual la falta de buen humor. Solo pedimos coherencia, seguridad y orden. Aun a costa de aburrirnos como suizos. Es más, QUEREMOS SER LA SERIA Y ABURRIDA SUIZA EN BARCELONA.

Harry Lime (Orson Welles) dijo en “El tercer hombre”: “En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras matanzas, asesinatos… Pero también Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!». El reloj de cuco es invento alemán, bávaro por más señas. En 25 años en Barcelona ni tenemos quién fabrique relojes, ni un Leonardo, ni un Miguel Ángel, ni un Renacimiento, ni nada que se le parezca remotamente. Tenemos a sólidos pilares de la humanidad, esas grandes figuras del pensamiento y cultura europeas: Karmele Marchante, Pilar Rahola, Jordi Graupera, Jordi Soler, Toni Albà…

En los finales 8 años de estos últimos 25,comprando y torciendo voluntades a través de subvenciones y contratos, Barcelona languidece en un hediondo y soporífero pantano de aburrido buenismo cuyos gobiernos sucesivos ahondan transitando por una política que oscila entre el postureo tweetero y los dimes y diretes del cuarto de estar de “la vieja del visillo”.

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