‘Operación Volhov’: Las cloacas del ‘procés’

El sumario 'Volhov', que dirige el controvertido, Aguirre, quizá no acabe en penas de cárcel para los imputados, pero es innegable que demuestra el alto grado de putrefacción de las cloacas del 'procés'.

'Operación Volhov': Las cloacas del 'procés'
Protesta en Barcelona tras la sentencia del 'procés' | REUTERS / AG

Zambullido entre los miles de folios del sumario de la ‘operación Volhov’, trato de encontrar aquellos datos, revelaciones, documentos o pruebas que constituyan indicios racionales de criminalidad —munición para hacer buenas noticias—, vestigios que el juez y la policía judicial han atisbado desde el principio de las indagaciones, aunque una vez reventada la operación, los imputados, algunos tras pasar varias noches en los calabozos, hayan quedado libres, con cargos, pero sin medida cautelar alguna.

Busco y rebusco, leo y releo, y mi falta de conocimiento jurídico me impide adoptar una posición certera sobre la temperatura criminógena de la conducta de los investigados.

Sin embargo, leyendo y repasando la amalgama de folios sumariales, me ha venido a la mente algo parecido a lo que me ocurrió cuando la SER, hace 19 años, difundió el contenido las famosas ‘cintas de Benegas’.

¿Recuerdan? Unas grabaciones que tenían como protagonista al entonces secretario de organización del PSOE, Txiki Benegas, y por las que fueron desfilando personalidades de la política y de la economía sin maquillaje, sin atrezzo y a calzón quitado. Felipe González, Martín Toval, Carlos Solchaga, Fernando Múgica, Miguel Durán, Silvio Berlusconi y otros tantos quedaban a la altura del betún.

Las cintas, por lo que respecta a la estricta cuestión penal, resultaron irrelevantes. No así, todo lo otro que, de forma explícita e implícita, evidenciaban esos audios cazados por algún delincuente, seguramente precontratado y de identidad desconocida.

El ciudadano observó, por un agujerito indiscreto, cuan soez, mundana, vulgar e hipócrita es la conducta de aquellos que, encorsetados por el decoro político o el estatus socioeconómico, jamás se despeinan ni sudan ni eructan ante el populacho.

Pus bien, lo de las ‘cintas de Benegas’ tuvo un inexistente recorrido penal, pero nos dio una perspectiva francamente interesante (no lo justifico, lo constato, solamente) sobre el grado de putrefacción y de mentira que ostentan algunos «tipos respetables» que pululan alrededor del sector (y el dinero) público.

Algo así, me sucede al escarbar en el sumario ‘Volhov’.

El controvertido juez, Joaquín Aguirre, instructor de esas diligencias, tiene ante sí la papeleta de demostrar que lo que supone o lo que le dicen es lo que ocurrió y que eso, además, es punible. Ahí, como de costumbre, tendrá un problema su señoría, pero ese problema no irá solo. Esta vez, le acompañará el escarnio público ante otra indagación pantagruélica y prospectiva dirigida por un juez lento y que adorna sus causas con más paja que grano.

Pero, haga lo que haga (y sea por el motivo que sea), en todo caso, lo de ‘Volhov’ nos deja una foto literalmente asquerosa de esa gente que, de unos años para acá, trata de dar lecciones de decencia democrática, pulcritud reputacional y honestidad humana, desde paradigmas pretendidamente poéticos (y creados con innegable astucia) como la «revolta dels somriures» (la revolución de las sonrisas) o «independència per a canviar-ho tot» (independencia para cambiarlo todo).

Mentiras. Mentirosos.

No me atrevo (y aunque pudiera, no debería) a compararlo con la bajeza inmunda y con ese componente mafioso que acompaña a las cloacas del Estado y a su policía patriótica, pero, en definitiva, lo que nos muestra ‘Volhov’ es un grupo de hooligans, por lo tanto, mediocres, manchados hasta las trancas de la misma porquería que denuncian del Estado español; usando los mismos métodos barriobajeros, las mismas manipulaciones y la misma ausencia de valores que sus enemigos, los capitalinos de ‘Madrit’.

Leo como se concedieron una millonada de euros en subvenciones sin ningún tipo de control a entidades dirigidas por adláteres del independentismo gobernante, cuyos receptores, como los centuriones delegados por la antigua Roma en los territorios conquistados, se repartían los sestercios con malévolo proceder: «éstos para Roma, éstos para el César y éstos para mí».

En los folios de ‘Volhov’, se ve y se lee como se pastelean los cargos públicos, aprovechándose de las redes publico-privadas-partidistas, cuyos vasos comunicantes se entremezclan adecuadamente y al compás. Como en la España de Franco:

—Oye, que me hijo ha acabado la carrera, que es muy tonto, ya lo sé, pero es mi hijo y algo tendré que hacer, así que coges y miras de metérmelo en algún ayuntamiento o así.

 —Tendrá el carné de la Falange o del Sindicato, al menos, ¿no?

 —¡Pues claro, camarada!

 —Pues que me llame y lo arreglo. Y tú, a todo esto, prepárame 25 autocares, que mañana, el Caudillo, inaugura otro embalse.

—Como es de Ley.

Leemos en ‘Volhov’ cómo se pelean tipos tan honorables como Artur Mas, Xavier Trias, Elsa Artadi, Neus Munté u otros, para colocar a una tipa que resulta escaldada por el asunto de la corrupción en la Diputación. Conversaciones reveladoras que ponen los pelos de punta, que desacreditan y que desmaquillan a la gentuza intervenida telefónicamente por la policía judicial de la Guardia Civil.

—¿Cómo arreglamos lo de la Meritxell?, pregunta uno cualquiera de ésos a cualquiera de los fontaneros el procés.

—Dile que no se ponga nerviosa, que es una ansiosa. Que aún tenemos que ver cómo lo hacemos, que todavía tenemos pendiente lo de la Ortega [por Joana Ortega, exconsejera de Governació, en el paro].

Asco, dan.

Leo en ‘Volhov’ que a un concejal de Esquerra le han trincado 40.000 euros en casa. La Vanguardia informa que ha dimitido. Constato, en no se qué tomo, que Xavier Vendrell es un calco de Toni Soprano (no sólo físicamente). El Periódico de Catalunya, también zambullido en el sumario ‘Volhov’, ha encontrado una conversación entre David Madí (el hombre que hace poner la corbata a sus hijos menores para recibir a las visitas) y la inefable, Pilar Rahola. Hablan descaradamente de repartirse cuotas e intervenciones en TV3 y de manipular sus contenidos. ¡Esa tele que pagamos todos!

Todo este runrún existe y ahora no solo lo escuchamos los que bajamos a la cloaca, sino que lo podemos leer.

Ni la voz cálida y conciliadora del preso, Junqueras, ni la mirada transparente de Jordi Sánchez ni la ilusión colectiva del 50% de Catalunya, ilusión utilizada sin piedad por las cloacas del procés a modo spot, van a lograr ocultar una realidad fétida.

Perdonen la inmodestia, pero los que nos dedicamos a este oficio, en este país y en este ámbito, ya sabemos que las cosas son así. Demos las gracias, pues, a la inclasificable investigación de un juez perfectamente clasificable como Joaquín Aguirre por escampar la luz. El juez de ‘Volhov’ igual no logra ninguna condena, pero sin proponérselo (o sí) ha escampado millones de octavillas por las calles de nuestros pueblos y ciudades con una foto muy comprometedora de esa realidad escondida bajo la estelada y la poesía. Lo más probable es que un 50% del pueblo catalán, narcotizado con crueldad por la mercadotecnia del mensaje quimérico, no las va a leer. Y mucho me temo que la otra mitad, idiota, pensará, satisfecha, que este artículo lo ha escrito uno de Ciudadanos.

3 Comentarios

  1. Ahora las cloacas para millones son la Prensa, que ya hoy no está en manos de empresarios periodísticos, ahora está en manos del Primer poder.
    El cuarto poder es hoy Lacayo del poder financiero.
    HAN PASADO DE PERRO GUARDIÁN DE LA VERDAD, QUE DEFENDÍAN EL INVESTIGABAN LAS CORRUPCIONES DEL PODER A, PERROS DE PRESA DEL PODER.
    ¿QUE HUELE MÁS EL PROCES, O LA PRENSA?

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