Onlyfans: el nuevo “barrio rojo” de la prostitución

La pandemia y la deslocalización de la prostitución han provocado el éxodo de muchas prostitutas, y otras personas ajenas al sector, a plataformas como OnlyFans. Por lucro o necesidad este portal se ha convertido en un macroprostíbulo virtual que ofrece desde imágenes artísticas hasta las peticiones sexuales más explícitas.

Onlyfans: el nuevo “barrio rojo” de la prostitución
La pandemia ha obligado a buscar otras vías para ejercer la prostitución, sin necesidad de mantener contacto físico pero con la posibilidad de ganar dinero rápido / Archivo

La pandemia por coronavirus ha puesto patas arriba la vida tal y como la conocíamos hasta el momento, evidenciando las debilidades del sistema económico, sanitario y, en definitiva, social. No ha habido reducto en este mundo globalizado que no se haya visto sacudido por la COVID-19. Y, como no podría ser de otro modo, también ha puesto en jaque al sistema prostitucional

Si antes la prostitución se ejercía en clubes de alterne, hoteles, pisos, calles y carreteras, ahora las continuas restricciones sanitarias, los toques de queda y el proceso de deslocalización de este negocio (migrando a otras plataformas que hasta ahora estaban sin explorar) han dificultado el habitual desarrollo de este negocio. Esto no quiere decir que la prostitución haya desaparecido. Nada más lejos de la realidad. Incluso en tiempos de emergencia sanitaria se ejerce, y se seguirá ejerciendo, mayoritariamente por la necesidad de ellas y el egoísmo de quienes lo consumen.

Sin embargo, el descenso de los ingresos económicos por razones principalmente sanitarias ha llevado a muchas prostitutas, y a otras personas que nunca antes habían formado parte de este sector, a ingeniárselas para sobrevivir. La pandemia ha obligado a buscar otras vías para ejercer la prostitución, sin necesidad de mantener contacto físico pero con la posibilidad de ganar dinero rápido. ¿Cómo? Muy sencillo: a través de la pantalla. 

Como siempre, ya hay quien se lucra 

Así es como la web británica Onlyfans, nacida en 2016 aunque prácticamente desconocida para el gran público hasta ahora, ha aumentado un 75% la cifra de sus usuarios en los últimos meses, coincidiendo con el inicio del confinamiento. Alcanzando a día de hoy los 85 millones de usuarios, aproximadamente. La app ha sido creada como una especie de pseudo Youtube, pero de pago, donde se puede consumir, a priori, todo tipo de contenido. Es decir, los usuarios deben ingresar una cuota mensual para poder acceder a las publicaciones de los “creadores de contenido”. Pero quien dice “creadores de contenido”, dice personas que venden su cuerpo a cambio de una retribución económica; porque, aunque en la plataforma existen perfiles de gurús del maquillaje o estrellas del fitness, en su mayoría el contenido que se ofrece es sexual. 

La web promete, antes de suscribirse, una jugosa oferta. El “creador de contenido” puede calcular cuáles serán sus ganancias en esta plataforma. Estas oscilan entre los 249$ mensuales con un mínimo de 1.000 subscriptores y con la cuota más baja de 4,99$ por suscriptor a ingresos que ascienden hasta los 2 millones y medio de dólares mensuales con 1 millón de suscriptores a 50 euros la suscripción. 

Lo que no explican de entrada, sino en una interminable lista de “términos y condiciones”, es que la web se queda con el 20% de las ganancias totales de los creadores de contenido. Es decir, si una chica (en su mayoría son mujeres), gana 100 euros por desnudarse, masturbarse o subir un vídeo sexual explícito a la red, tan solo percibirá 80 euros de ganancia. El resto se lo queda Onlyfans, una especie de proxeneta virtual que ni siquiera publicita o promociona los contenidos de estos “creadores de contenidos”. Son los usuarios, que, con contenidos breves y censurados, dado que las imágenes sexuales están capadas en las demás grandes plataformas, como quien muestra un tráiler de una película se anuncian a través de Twitter e Instagram. 

No se identifican como prostitutas y puteros

Pero la plataforma va un paso más allá de lo que, hasta ahora, estábamos acostumbrados. Previo pago, los usuarios pueden comunicarse con los creadores de contenido en exclusiva. Pueden hacerles peticiones, enviarles mensajes, hacer videollamadas e incluso darles propinas. “En mi perfil publico contenido normal, sexi. Enseño los pechos o me fotografío en tanga pero no hago desnudos enteros. Por privado sí que vendo cosas porno: vídeos masturbándome y follando, fotos explícitas, videos personalizados, videollamadas, chat erótico, dick rate, que es evaluación de pollas… hago de todo.” nos explica Anubis, una joven de 29 años que lleva un año vendiendo contenido en Onlyfans y tiene 200 suscriptores. 

En los últimos meses Onlyfans ha crecido como la espuma. Actrices, modelos e influencers se han rendido a las “bondades” de la plataforma que blanquea la prostitución y la convierte en algo cool. Los jóvenes consumidores no se identifican como puteros porque no hay contacto físico, ni muchas de las chicas que ofrecen el contenido tampoco se consideran prostitutas. Todo se produce a través de una pantalla.  Sin embargo, el negocio es el mismo de siempre: unos se venden, los otros lo compran y la plataforma, se aprovecha. 

Algunos por necesidad, otros por lucro 

Además de rostros conocidos dentro del mundo del porno y la prostitución, como Nacho Vidal o Apolonia Lapiedra, Onlyfans se ha plagado de jóvenes, y no tan jóvenes, sin experiencia en el campo de la pornografía y la prostitución que, debido a la crisis económica derivada de la pandemia, atraviesan una situación económica delicada. “Mucha gente está migrando a OnlyFans por desesperación”, asegura Angela Jones, profesora adjunta de Sociología en la Universidad Estatal de Nueva York para el New York Times. “Son personas a las que les preocupa qué van a comer, les preocupa que no les corten la electricidad, les preocupa que no las echen de su casa”.

“Decidí suscribirme a Onlyfans hace un año porque me quedé sin trabajo”, explica Anubis, “ ahora mi trabajo es este y no pretendo buscar el dinero de otra manera. Gano bien, mil y pico euros mensuales. Me da lo suficiente para vivir y me sobra.” 

Sin embargo, las creadoras de contenido más exitosas de esta plataforma suelen ser modelos, estrellas de la pornografía y celebridades que ya tienen muchos seguidores en las redes sociales y que pueden usar sus plataformas para llevar a sus seguidores a su cuenta de OnlyFans. Algunas de las estrellas, conocidas internacionalmente, que han hecho el salto a esta plataforma son: la cantante Cardy B, la celebrity Blac Chyna o la exchica Disney, Bella Thorne, que hace un tiempo ya pasó del cine convencional al cine exclusivo para adultos. 

El objetivo es ofrecer un contenido exclusivo a los que están dispuestos a pagar una cuota mensual o incluso contenido personalizado a cambio de propinas. En España, se han subido al carro de Onlyfans un sector muy concreto de colaboradores de Mediaset. Entre los usuarios de la plataforma están algunos de los rostros más conocidos de los platós y realities de Telecinco: Andrea Gasca, Patricia Steisy, Lola Ortiz, Amor Romeira o Mari Cielo Pajares. Aunque en menor medida, también hay algunos chicos como el extorero Jacobo Ostos o el exconcursante de La Isla de las Tentaciones, Alex Bueno.

50.000 euros por una felación 

Uno de los casos que más ha sonado en los últimos meses ha sido el del hermano de la conocida Sofía Suescun, ganadora de varios realities. Cristian Suescun ha puesto como precio de partida 10.000 euros a quien quiera realizarle una felación. No ha sido el único en airear sus tarifas. Daniela Blume, presentadora y locutora de radio, ha hecho público que solo en un día en la plataforma ganó más de 20.000 euros. 

Aunque la mayoría de los “creadores de contenido” dicen haberse puesto límites, lo cierto es que la necesidad de mantener “enganchados” a sus clientes los presiona a subir contenido cada vez más explícito a la plataforma y a perder el control de sus propias publicaciones, aseguran varios usuarios, que se han visto superados por esta exigencia para poder mantener sus ingresos.

“No tengo límite… mi límite es que no hago lésbicos porque tengo pareja. Hago vídeos eróticos y morreo con tías o nos masturbamos cada una por nuestro lado pero no interactúo con ellas físicamente porque el sexo lo mantengo con mi pareja. Me han pedido hacer un scat (defecar) y lo he aceptado, lluvia dorada y he aceptado… ¿lo más raro? ducharme con ropa de manga larga y refregarme con un queso como si fuese jabón. Mientras me paguen… no es nada como para no poder hacerlo. Es dinero”. Este es el precio que algunos están dispuestos a pagar para superar las dificultades económicas derivadas de la pandemia y otros muchos para poder mantener su elevado tren de vida. 

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