Núria González arrasa en Gijón con sus vientres de alquiler

La escritora y comentarista de eltaquigrafo.com presenta entre multitudes su segunda obra sobre lo que considera la estafa de la gestación subrogada.

Núria González arrasa en Gijón con sus vientres de alquiler
Núria González y Carlos Quílez durante la presentación de Vientres de alquiler: La mala gente | El Taquígrafo

Núria González, abogada especializada en derechos humanos y colaboradora en eltaquigrafo.com ha presentado su última obra, Vientres de alquiler: La mala gente (Luz y Taquígrafo) en la Semana Negra de Gijón. 

La autora, una férrea activista por el abolicionismo de la prostitución y de los vientres de alquiler, ha centrado su discurso en la existencia de agencias que, desde España, donde esta práctica está prohibida por ley, gestionan y facilitan estas transacciones comerciales. 

Según los datos que Núria González, experta en esta materia, ha ido recopilando durante la documentación de su última obra, en España existen aproximadamente 20 empresas que figuran en el registro mercantil bajo la inscripción de otra actividad comercial pero que, en realidad, se dedican única y exclusivamente al lucro de la compraventa de bebés. 

Asimismo, la autora ha denunciado que desde las instituciones públicas se alienta a la comisión de una práctica prohibida por ley. La abogada ha hecho referencia al caso concreto de la Generalitat de Catalunya, que ofrece, a través de su web oficial, asesoramiento sobre la “maternidad subrogada”. Además de que este término no deja de ser un eufemismo que blanquea el concepto de los vientres de alquiler, la autora considera que debería ser constitutivo de un delito el hecho de asesorar a los ciudadanos sobre la comisión de una práctica penada con cárcel. 

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La vulnerabilidad de las madres

Núria González ha estado acompañada en la presentación de su última obra por el periodista, escritor y director de eltaquígrafo.com, Carlos Quílez. Él mismo ha reconocido que fue ella quien le hizo reflexionar sobre un tema que consideraba, incluso, “progre”. Hasta entonces no había caído en la cuenta de la delicada situación económica que atraviesan la mayoría de mujeres que son víctimas de la explotación reproductiva. 

“Cuando Grecia sufrió la crisis económica, se legalizaron los vientres de alquiler”, ha recordado el periodista. Este neoliberalismo exacerbado no tiene nada de novedoso. Las mujeres siempre han pagado las crisis económicas con su propio cuerpo: bien a través de la prostitución o de los vientres de alquiler. El Estado, el mercado y la sociedad ultracapitalista las empuja a la única opción de venderse a sí mismas.

La autora ha puesto el foco en el “mercado” español de los vientres de alquiler. Se tiende a pensar, erróneamente, que España será un país consumidor de este “servicio” frente a países en vías de desarrollo que serán los “productores”. Pero la realidad es que la tasa de desempleo, sobre todo entre las mujeres, la precariedad laboral y la crisis económica, acrecentada por la pandemia, nos aboca a convertirnos en un país productor. El Estado, ha explicado la activista, en ningún caso debe regular este vil negocio, sino apoyar a las mujeres para que no se sientan obligadas a convertirse en la gestante de terceros bajo una falsa premisa de “libertad”. “Cuando tienes que pagar la universidad de tus hijos, cuando tienes que pagar tratamientos médicos, cuando tienes que pagar una hipoteca, eso no es libertad”, ha argumentado González. La autora ha recalcado que no se puede normalizar una actividad que constituye una flagrante violación de los derechos humanos y que cambia el paradigma social convirtiendo a los niños y sus madres, que son sujetos de derecho, en objetos de un contrato mercantil de prestación de servicios.

“A nadie se le ocurre pensar que una madre pueda regalar o vender a su hijo adolescente, pero sin embargo se permite que una madre pueda entregar a su hijo recién nacido a cambio de dinero”, ha denunciado.

El encarnizamiento terapéutico

Sobre las agencias, Núria González ha asegurado que el negocio alrededor de la explotación reproductiva ha llegado a tal extremo que las empresas ofrecen a los compradores, mayoritariamente parejas heterosexuales, la posibilidad de escoger el color del pelo o de la piel de su bebé. Son niños a la carta. Como con cualquier otra venta, también ofrecen una garantía de dos años de devolución en caso de que el niño no nazca sano.

Pero para conseguir todo esto, las mujeres son sometidas a todo tipo de tratamientos médicos que atentan contra su organismo. No se trata de una técnica de reproducción asistida, se trata de sobremedicar a una mujer sana para que cumpla con un contrato en el timing establecido. “Se tienen que embarazar en tal fecha y parir en tal fecha porque les viene bien para ir a por el bebé en vacaciones”, ha explicado Núria González. La mal llamada “gestación subrogada” es en sí un encarnizamiento terapéutico; el cruel sometimiento de mujeres a tratamientos agresivos, que destruyen su organismo para cumplir con los deseos de los compradores. Los médicos que participan de este negocio se amparan tras el consentimiento informado que las pacientes deben firmar pero que, a fin de cuentas, no debería tener validez alguna partiendo de que se asigna sobre la desigualdad económica de ambas partes. 

Además, las mujeres viven sometidas a las estrictas condiciones que los compradores del bebé les imponen. No pueden ser madres de alquiler si fuman, si beben o, incluso, si tienen antecedentes penales. Ahora, tampoco les dejan vacunarse contra el COVID-19 por los posibles efectos adversos, de modo que desde que se embarazan hasta que dan a luz tienen que permanecer aisladas de sus propias familias y de sus hijos. “Se les exige que hayan tenido hijos previamente para, paradójicamente, obligarlas a abandonarlos durante la gestación”, ha subrayado González.

Una vez que han parido, son olvidadas. Ya no se sabe nada más sobre ellas. Lo mismo sucede si durante el parto sufren alguna complicación o incluso si fallecen. Lo importante, en cualquier caso, es el objeto del contrato: el bebé. 

Frente a las estrictas condiciones a las que viven sometidas estas mujeres, los compradores no tienen que pasar ningún control más que el de tener una cuantiosa cifra de dinero. El claro ejemplo es Miguel Bosé, que reconoció públicamente haber adquirido cuatro niños mientras tenía un serio problema de drogadicción. En el caso de la adopción, ha explicado Núria González, el Estado realiza un control objetivo y riguroso acerca de la familia que va a acoger a ese niño, en el caso de los vientres de alquileres, esa criba no existe.

El periodismo de las fake news

Carlos Quílez, escritor, periodista y director de eltaquigrafo.com también ha participado en la Semana Negra de Gijón con una mesa redonda sobre fake news. Lo ha hecho acompañado de Manu Marlasca, periodista de sucesos en La Sexta, Luis Rendueles, periodista de investigación en El Periódico y Javier Valenzuela, periodista y escritor. 

De izquierda a derecha, Manuel Marlasca, Carlos Quílez, Javier Valenzuela y Luis Rendueles | Marcos León

Los cuatro expertos en comunicación han reflexionado sobre la profesión en una época de crisis, en la que los bulos se han democratizado. Carlos Quílez, ha admitido que “los periodistas a veces nos equivocamos, pero tenemos que seguir bajando a la cloaca para encontrar las noticias que los poderosos quieren esconder”. 

Esta disertación sobre noticias falsas acabó con el ensalzamiento del periodismo de sucesos como uno de los géneros más nobles de la profesión. La Semana Negra ha puesto el broche de oro con estas envidiables intervenciones a la primera jornada de la XXXIV edición del festival literario y cultural, que se celebra en Gijón cada mes de julio, y que reunirá a más de 150 autores de literatura y crónica negra de todo el mundo.

2 Comentarios

  1. Furbo, Sálvame, gran hermano, novelas, apuestas deportivas, paro, etc, etc,es la vida de la gente de los barrios pobres, donde no existe ese mundo de los vientres de alquiler. Donde la vida es un combate diario para estos marginados mayoritariamente infelices.

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