“No hay luz bajo la nieve” de Jordi Llobregat

Es una novela en la que la audaz propuesta excede al acabado, pero se deja leer

“No hay luz bajo la nieve” de Jordi Llobregat

«La verosimilitud es mera coincidencia«, dejó escrito la gran Nélida Piñón…

En este sentido los que entendemos la novela negra pura como la más de moda hoy entre las poéticas del realismo (y creemos que sus ingredientes son, ideológicamente la crítica social de la llamada normalidad y el llamado bien, psicológicamente la crítica del postulado de neurosis psicopatológica incognoscible e inexplicable, lingüísticamente la contención metafórica y adjetival –dejando así el ingenio para los diálogos y los contextos situacionales tanto como para las tramas- y formalmente la contención de páginas y de capítulos primando la intención de dar divertimento a la de dar verdad y sentido) consideramos que es una fórmula que se sabe agotada, y por eso cada vez con paso menos indisimulado hacia la hibridez.

Hay pues cada vez más novelas negras que hibridan el noir con el humor, o que lo hibridan con la fantasía, y con los espacios rurales o hasta con la filosofía.

La última novela de Jordi Llobregat (Valencia, 1971) No hay luz bajo la nieve (Ed. Destino), aunque parece a primera vista una muy tópica novela con dueto de inspectores policiales investigando crímenes de asesino culto (que cita una obra literaria universal y eso) en paraje exótico-mágico (cómo no agradecer todo lo que en la novelística negra actual han sembrado y hecho brotar Lorenzo Silva y Dolores Redondo) es una formalmente poco contenida pero audaz propuesta de novela negra-enigma hibridada con la técnica literaria de la intertextualidad: de hecho la clave de la trama principal se desarrolla mediante los diarios que se nos narran en segundo grado de ficción casi queriendo convertir la obra en una novela histórica sobre nazis.

La trama busca dejar sin desmayo al lector pero suena a ya leída. La simbología de contrastar los parajes nevados con la negritud del alma de los moradores para constatar la ambivalencia de lo humano tampoco resulta especialmente iluminador. Pero sí esa intertextualidad muy creativa que lleva al noir a hibridarse con el diario íntimo de un modo retorcido e interesante.

Es una novela en la que la audaz propuesta excede al acabado, pero se deja leer.

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