Niños abusados sí, Bebés robados no

A las madres de los bebés robados les falta una cosa y les sobra otra para que alguien se las tome en serio de una vez por todas. Les falta alguna mujer famosa entre las madres agredidas que le de al gobierno algunas portadas que rentabilizar. Y les sobra, sobre todas las cosas, que las únicas víctimas de la desaparición forzada de sus bebés son las madres y, por ende, sólo son mujeres. Exclusivamente mujeres

Hace muchos años que se sabe que en la Iglesia Católica campa a sus anchas la pederastia. Estados Unidos, Irlanda, Alemania, México, España y muchísimos más que no conocemos. No me imagino siquiera lo que puede llegar a hacer un cura abusador en las misiones de África o en la Latinoamérica más profunda, donde ni tan sólo hay vías de comunicación. Así que por supuesto es de celebrar que el gobierno de España haya despertado raudo y veloz a poner este tema en el centro de las cámaras. Lo malo es que no sea en el centro de las cámaras legislativas, sino en las cámaras de la prensa.

Hizo falta sólo un tweet de un personaje famoso y reconocido para que los gurús del presidente le recomendaran poner la maquinaria monclovita en marcha. Respuesta, compromiso, reunión, foto y, como no, patada para quitarse la responsabilidad de encima. Con la excusa de “preservar la identidad de las víctimas”, en lugar de forzar una comisión parlamentaria, el presidente del gobierno luego de posar con la víctima famosa, le enchufa el asunto al Defensor del Pueblo. Toda una novedad porque, que sepamos, el Defensor del Pueblo vigila el funcionamiento de la administración pública, pero no es un órgano de la misma y mucho menos tiene poder de investigación.

Pero ya está hecha la foto, se ha hecho el espectáculo mediático y a otra cosa.

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Es extraño que hasta que no se publicó el tweet del famoso escritor, el gobierno no había movido un solo dedo al respecto de la investigación sobre abusos a niños y niñas en las escuelas católicas. Y eso que una investigación de El País no hace mucho sacó a la luz documentación en la que se contabilizaban las víctimas por miles. Y eso también que las víctimas, a las que ahora se quiere “proteger”, llevan años denunciando públicamente las violaciones y abusos que sufrieron a manos de curas y religiosos. Pero no ha sido hasta ahora que ha habido una víctima rentable para el gobierno que alguien ha decidido que, ahora sí, era el momento de hacerles caso. Una bendición.

Peor fortuna con el ejecutivo han tenido otras víctimas de los abusos de las mojas y curas de la Iglesia Católica que sufrieron en sus manos otro de los crímenes más horribles. El robo de sus hijos e hijas. Cientos de mujeres en España llevan años denunciando el robo de sus bebés con la colaboración de la Iglesia Católica y aún están esperando una respuesta.

Y no me estoy refiriendo a la época del franquismo, ni mucho menos. Deben saber todos los que me leen que se han documentado casos de bebés robados en España hasta bien entrados los años 80 o incluso un poco más. De hecho, el mayor volumen de robos se registra entre finales de los 60 y principios de los 80. Aquella leyenda urbana que le contaban a nuestras madres que no se tenían que separar nunca de sus hijos cuando les tocara parir, tenía bastante de verdad.

El caso es que estas mujeres han trabajado sin medios, de manera titánica, recabando pruebas, peregrinando por cementerios, registros y hospitales, hasta armar ellas misma expedientes sobradamente documentados que prueban sin duda que hay miles de personas en nuestro país que están viviendo vidas que no son las suyas porque fueron robados y entregados a familias que no son las suyas.

Esas madres acudieron a la justicia y se encontraron con la mayor violencia institucional posible cuando el Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, dio orden a todos los fiscales del país de no investigar y solicitar el archivo de todas y cada una de las denuncias que habían interpuesto las madres de niños robados por la desaparición de sus hijos. Así, de un plumazo, estas mujeres se quedaron sin derecho al acceso a la justicia, un derecho fundamental recogido en el art. 24 de nuestra cacareada Constitución.

Durante más de una década, estas mujeres siguieron luchando desde muchos lugares, como desde la plataforma internacional “Te Estamos Buscando”, que, a través de la voz de María Bueno, una madre a la que le robaron a su hija en un hospital de la Línea de la Concepción en 1981, dio a las madres tres segundos exactos de espacio en 2018, en el goyarizado documental “El silencio de otros”, donde su única frase retumba con toda la fuerza de la injusticia que vienen sufriendo. “Queremos a nuestros hijos, vivos o muertos”.

María Bueno en el documental «El Silencio de Otros»

Hasta ese momento las mujeres habían conseguido algún avance en algún parlamento autonómico, por ejemplo, en Catalunya. Sin embargo, coincidiendo en el tiempo el éxito cinematográfico y el primer gobierno de Pedro Sánchez en solitario, se reunieron con las madres y les prometieron una “Ley de bebés robados” que pudiera dar respuesta a décadas de silencio institucional y judicial.

Ellas le creyeron, a pesar de que también había bajo el mandato de un gobierno progresista cuando el Fiscal General Conde-Pumpido había dado carpetazo a sus denuncias. La fuerza de la promesa duró lo que tardaron en llegar otras elecciones y pasar la campaña electoral.

El destino ha querido que mientras Pedro Sánchez se hace fotos con las víctimas de los abusos sexuales de la Iglesia, bueno, con la víctima famosa concretamente, las madres de los bebés robados, el pasado 21 de enero tuvieran que sacar un comunicado público denunciando el engaño al que habían sido sometidas por parte del gobierno ya que en la propuesta de calendario legislativo del ejecutivo para 2022 no se encuentra la propuesta de “Ley de bebés robados” que les llevan prometiendo desde hace años. A nadie se les escapa que la ley que este gobierno no apruebe este 2022 no lo hará en 2023, año reservado exclusivamente para la campaña electoral.

Así que está claro que a las madres de los bebés robados les falta una cosa y les sobra otra para que alguien se las tome en serio de una vez por todas. Les falta alguna mujer famosa entre las madres agredidas que le de al gobierno algunas portadas que rentabilizar. Y les sobra, sobre todas las cosas, que las únicas víctimas de la desaparición forzada de sus bebés son las madres y, por ende, sólo son mujeres. Exclusivamente mujeres. Y eso de apoyar a las mujeres en este país ya ha pasado de moda. Un grupo de locas es los que son, deben decirle algunos entendidos en comunicación política y marketing al presidente.

Sin embargo, están ahí. Las madres están ahí, los niñas y niños reencontrados décadas después, también están ahí. La Iglesia que facilitó este ingente tráfico de personas y robo de bebés que se recogía literalmente en la antigua ley de adopción española, también está ahí. Y no van a desaparecer porque las llamen locas.

Las ignorarán hasta borrarlas, como intentan hacer con todas las mujeres, pero ellas nunca dejarán de buscar a sus hijos, con ayuda o sin ella, con justicia o sin ella. Vivos o muertos.

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