Nicolás Maduro, un Tirano Banderas mostachudo y en chándal

Hugo Chávez murió y nos dejó en herencia un país económicamente arrasado, y un conductor de autobús sin formación ni información

Nicolás Maduro, un Tirano Banderas mostachudo y en chándal
Nicolás Maduro presidente de Venezuela

-Compadre, ¿qué tienen en común el expresidente Zapatero y Willy Toledo?
-Ni idea.
-Que los dos hablan bien del sátrapa Maduro. ¡La política hace extraños compañeros de cama!
-¿La política? Compadre, no, lo que hace extraños compañeros de cama es el matrimonio…

Tenemos un país chévere –Venezuela– rico en petróleo, alegría, talento, luz y mulatonas de las que se te sale el aceite por todas las bielas con solo mirarlas (¡cómo olvidar nuestra estancia en ese caribeño puerto libre que es Isla Margarita!). Y tenemos al pueblo venezolano desesperado debatiéndose entre el hambre y el exilio.

Y, sí, tenemos a un dictador bananero con pelo cepillo, bigote mostacho y los ojos siempre encendidos de indignación (uno al cual, aunque las cuentas públicas no le cuadren y a los niños allá les adelgace más el raquitismo que la música de salsa, parece que le sobra dinero para pagarse políticos limpiadores de imagen aquí en España). Y tenemos también a Hugo Chávez muerto y mal enterrado como los vampiros y como Lenin

Con estos mimbres parece que ya hay madera para una nueva novela de realismo mágico.

El realismo mágico lo inventó, como es sabido desde que lo dijera por primera vez Octavio Paz, don Ramón del Valle-Inclán con esa pionera catedral de palabras y de mundo propio repleto de verdad y sentido que es Tirano Banderas.

Sin embargo Nicolás Maduro cada vez que habla parece que quiere manchar el nombre supuestamente colonizador de Valle llamándolo imperialista porque, en su novela fundacional y eterna, Santos Banderas no sale vestido con chándal (la culpa de todo en Venezuela la tenemos los imperialistas españoles y los imperialistas yanquis según el sátrapa).

Nicolás Maduro no es Santos Banderas, (ya decimos, aquel personaje inmortal, extrapolable y redondo de Valle-Inclán en su novela magnética Tirano Banderas, toda una alegoría sobre los dictadores monstruosos que cíclicamente hemos de sufrir en este mundo, pues, al parecer, eso pasa de vez en vez cuando mezclas el poder con la condición humana), porque, aunque diga por la tele cosas tales como que ha visto la cara del Comandante Chávez en un desconchón de la pared del metro de Caracas, Maduro es mucho más patético que esperpéntico…

Y porque no da para una novela (sólo, como mucho, para eso que escribe Elvira Sastre).

Hugo Chávez murió en directo durante una retrasmisión de la televisión de Cuba, y, al abrir su testamento y leer allí sus últimas voluntades mientras el cadáver aún estaba caliente y comestible, decía que nos dejaba en herencia un país económicamente arrasado, y un conductor de autobús sin formación ni información, pero el cual compensaba lo de tener la inteligencia justa para pasar el día con mucho coraje y un bigote gracioso…

-Nicolás Maduro es duro de pelar, compadre.
-¿Duro de pelar?¿Hablas de la fimosis?

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